Los jueces de paz recibieron ayer un homenaje por parte del Departamento de Justicia, un acto en el que se mostró especial cariño a aquellas personas que llevan más de veinte años en el cargo, como José Ángel Igarzábal, el decano de los jueces de paz vascos gasteiz. José Ángel Igarzábal lleva 36 años al frente del Juzgado de Paz de Zumarraga, lo que le convierte en el titular más antiguo de los que hoy imparten justicia en los pueblos vascos. Periodista y trabajador siderometalúrgico, a sus 65 años, sigue siendo una persona hiperactiva que ayer recibió con gran satisfacción un homenaje que, para él, debe ser "un primer escalón" en el reconocimiento a los jueces de paz. Son personas que asumen voluntariamente una responsabilidad tan importante como la de impartir justicia y asesoran a los habitantes de las localidades más pequeñas.
¿Cómo se decide una persona de apenas 30 años, como era usted en 1972, a ser el juez de paz de Zumarraga?
Yo era corresponsal, porque he trabajado para varios medios de comunicación guipuzcoanos, y en aquel tiempo me propusieron ser el juez de paz. Tenían que buscar uno y se acordaron de mí. En aquel momento no me lo pensé, y ahora han pasado tantos años que parece que soy una institución y no me lo termino de creer. Antes se nombraba a dedo, pero luego cambió la legislación y ya eran los ayuntamientos los que proponían su candidato al Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. A mí me han seguido eligiendo, incluso por unanimidad de todos los partidos.
¿Qué tarea específica desarrolla un juez de paz?
Llevamos el Registro Civil, los nacimientos, matrimonios, defunciones, etcétera, la historia personal de cada individuo. También tramitamos los exhortos de los juzgados superiores: cumplimentas unas diligencias, citas a la persona y haces lo que te ha ordenado el otro juez. En el Registro Civil lo más bonito es la celebración de bodas. Yo creo que el matrimonio civil debe ser un acto solemne y no una especie de tapadera; si cumples la legislación no es más que leer tres artículos y se acabó. Eso es algo muy frío, así que yo cumplo esa legislación, hago unas consideraciones sobre ella, y entonces les ofrezco un cóctel para que el amor perdure, con la tolerancia o la comprensión como ingredientes. También suelo emplear cuentos con moraleja sobre el matrimonio.
¿Y alguna anécdota?
Hace poco, en una celebración, la pareja tenía su mascota, un perro, y querían que también participara en la ceremonia. Tenía los anillos colgados en el cuello y en el momento en que les dije que se los colocaran les acercaron el perro y se los pusieron. Les felicité, pero les advertí de que el perrito también tenía derecho a disfrutar de un banquete especial ese día.
¿Qué más labores desempeña como juez de paz?
También tenemos como competencia el acto de conciliación. Viene la gente a que les resuelva los problemas, siempre pequeñas cosas, pero me siento muy gratificado cuando puedo arreglarlo y puedo evitar que vayan por la vía judicial. Se nos presentan todo tipo de problemas, como que los propietarios de un piso no paguen la cuota de participación o pequeñas deudas. Por ejemplo, si alguien no quiere pagar al pintor, yo les emplazo a que lleguen a un acuerdo, a que el deudor pague a plazo o lo que sea. En el caso de los problemas matrimoniales se va más por la vía legal. A veces vienes y puedes dar un consejo, pero ya no te puedes meter, porque es un tema muy delicado. Les puedes dar buenos consejos, pero igual has hecho un arreglito y a los cinco días ocurre una desgracia, te dicen que ya han estado con el juez y parece que no se ha hecho nada. Al principio, allá por los años setenta, sí que mediaba más entre matrimonios, pero ahora ya lo he dejado, es una cuestión en la que hay que andar con pies de plomo.
¿En qué ha cambiado la vida del juez de paz desde aquel lejano 1972?
Ha cambiado mucho y además positivamente. Hoy día, gracias al Departamento de Justicia estamos informatizados, y eso es muy importante para el Registro Civil. A veces va un familiar en lugar de la persona interesada, le preguntas la fecha de nacimiento y no la sabe. Entonces tocas una tecla y punto.
Los jueces de paz deben compaginar su propio oficio con el cargo que desempeñan, ¿qué tal lo ha llevado usted?
Bien, ahora ya llevo cinco años dedicado sólo a esto, pero lo he compaginado con la industria siderometalúrgica y luego aparte con las labores de información que antes he comentado. He hecho mucha radio, y ahora estoy en Radio Segura, aunque trabajo un poquito menos, porque también quiero poder salir el fin de semana, pero he pasado muchos sábados metido en la radio haciendo un magacín.
¿Qué valoración hace del homenaje que les tributa hoy (por ayer) el Departamento de Justicia en la Lehendakaritza?
No cabe duda de que es gratificante el que una institución de la categoría del Gobierno vasco reconozca la labor que hace la justicia de paz. Sin embargo, espero que esto sea un escalón para que a partir de ahora esa justicia de paz sea mejor atendida. Se han hecho muchas cosas, como la informatización de los archivos, pero siempre se puede hacer más, siempre se puede ir un poco más adelante. La justicia de paz es muy importante y muchas veces no se acaba de entender, y eso que precisamente es la que más cerca está del pueblo. Hay que tener en cuenta que se aplica desde la Revolución Francesa.
¿Quizá en los tiempos que corren la ciudadanía se ha descolgado un poco de este tipo de instituciones?
Efectivamente. Solamente la conoce el que tiene un pequeño problemilla y, antes de ir al abogado, que le va a cobrar, viene a que le asesores. Yo le puedo decir por qué camino puede tirar y, claro, que vaya a un abogado, no podemos suplirlos. Pero es muy gratificante, porque suele venir la gente más humilde, quien tiene una posición social ya tiene sus abogados y no viene a consultar al juez de paz. La verdad es que todos estos años han sido muy bonitos, y pienso seguir en la brecha si Dios me da salud.
"Ceguera" de ETA por atacar los juzgados
Epaile Artean es la asociación que representa a los jueces de paz vascos, objeto de homenaje en el acto celebrado ayer en Gasteiz. Juan José Ibarretxe recibió a los integrantes de este colectivo en su despacho, antes de que arrancara un acto que los jueces que llevan más de veinte años en el cargo disfrutaron desde el estrado de la sala principal de la Presidencia vasca. Tanto el propio lehendakari, como el consejero de Justicia del Gobierno vasco pronunciaron sendos discursos en los que alabaron el trabajo, muchas veces silencioso y siempre desinteresado, de los miembros de la judicatura no profesionales. El lehendakari agradeció la labor que desarrollan los responsables de estas instituciones y criticó "la ceguera y cerrazón" de los atentados perpetrados en los últimos meses por ETA contra estas sedes judiciales. En su opinión, los atentados contra los juzgados de paz "también tratan de destruir una parte de nuestra memoria". "Merecemos la paz, y más que nadie, quienes trabajan en los juzgados de paz", que "son proyectos de vida en este país", añadió. >t. díez