bilbao. Una veintena de obispos, el cardenal Carlos Amigo y el nuncio apostólico de su Santidad, Monteiro de Castro, acudirán hoy a la ordenación episcopal de Mario Iceta en la Catedral de Bilbao. Además, cientos de feligreses vizcainos y un centenar largo de cordobeses asistirán a este acto de consagración. Pero ni la nutrida representación de la curia ni el ministerio que ahora emprende consiguen amilanar a Iceta, que demuestra un carácter mesurado y hace un ejercicio de templanza, afrontando el día de hoy con casi total naturalidad.
Ya en capilla. ¿Resulta difícil contener los nervios?
El día está siendo tremendamente agitado. Ya he empezado a recibir a algunas personas que llegan como invitados a la ordenación. Pero lo afronto con mucha paz y tranquilidad porque los ejercicios espirituales que he hecho esta semana me han puesto en presencia de Dios.
No me diga que no tiene ni una mariposa en el estómago.
Con tantos preparativos y con la mudanza, no he tenido tiempo de darle muchas vueltas. Estoy durmiendo perfectamente.
¿Cuál va a ser el mensaje que quiere transmitir en su ordenación?
El mensaje es que vengo con total disponibilidad a servir a esta Iglesia de Bizkaia y a ponerme al servicio de Ricardo Blázquez. Por eso el lema es servidor de todos. Un lema elegido para ejercer como nuevo sucesor de los apóstoles en la tierra donde nací. Porque no soy más que un pastor que viene como servidor de todos, sin ninguna exclusión.
Hoy será un día lleno de apoyos... El de su pueblo, Gernika, para empezar y el de los numerosos cordobeses, su anterior diócesis, que vienen a expresarle su cariño.
Sí, claro. Gracias a Dios, he recibido apoyos de muchísima gente. Desde que en febrero se hizo público mi nombramiento, he recibido muchísimas llamadas de teléfono y todavía hoy sigo recibiendo entre ocho y diez correos electrónicos diarios de felicitación por mi designación. Y he de decir que he recibido apoyos de todos los estamentos, laicos, sacerdotes... Todos me han expresado su apoyo y su oración en este nuevo ministerio que empiezo.
Pero quizá también sea un día para que se reaviven las críticas que su nombramiento ha suscitado. ¿Tiene la impresión de que se le ha tratado con poco guante blanco? ¿Que ni siquiera le han concedido los cien días preceptivos para que aterrice en la diócesis?
Sobre las protestas, sólo tengo información de segunda mano. Personalmente nadie me ha trasladado ninguna queja. Lo que conozco lo sé a través de terceros, de gente que me ha ido diciendo: "Mira lo que ha aparecido publicado en la prensa o mira lo que dicen sobre ti en tal foro de internet". Pero yo tengo la sensación de que con la buena voluntad de todos, sabremos buscar el bien de la Iglesia porque el espíritu de comunión y de caridad se va a imponer a las críticas puntuales.
¿Atribuye el revuelo a que la comunidad cristiana vizcaina es demasiado temperamental?
Desde luego es muy dinámica, tiene muchas inquietudes y es absolutamente pluriforme. Pero las críticas no son un tema que me genere una preocupación excesiva porque el espíritu de comunión se va a terminar imponiendo.
Dice usted a menudo que cuando le conozcan en las parroquias se van a terminar los recelos. ¿Tanta fe tiene en sí mismo?
Es que, a veces, a la gente se la define con estereotipos, se le ponen etiquetas sin conocerla directamente y nos dejamos influir por algunas cosas que se dicen. Siempre he pensado que es un error hablar de las personas fijándonos etiquetas previas. La Iglesia se mueve en el terreno pastoral y no funciona con parámetros manidos. Por eso yo no opino si no conozco de primera mano la realidad. Porque, a menudo, el tiempo nos demuestra que los clichés preconcebidos y los estereotipos prestan un flaco favor a la verdad.
Cuando pase este fin de semana y el lunes empiece su misión pastoral, ¿qué retos se ha fijado?
El primer y principal reto es conocer la Diócesis de Bilbao, escuchar a todos los feligreses y hacerse cargo de las cosas buenas, de las mejorables, conocer nuestras virtudes y nuestras necesidades. Pero, sobre todo, el reto fundamental es descubrir de qué modo puedo ayudar y servir mejor a esta Iglesia.
¿Sigue pensando que su nombramiento ha sido un don del todo inmerecido?
Por supuesto, siempre he expresado mi agradecimiento a Dios por confiarme este ministerio a pesar de mis debilidades, aunque siempre he ejercido con la mayor dignidad todo aquello que me han encomendado.
sobre las críticas
"A veces a la gente se le ponen etiquetas o clichés que no responden a la realidad"
"Nadie me ha trasladado una queja por mi nombramiento, todo lo sé por terceros"
"El espíritu de la comunión se va a imponer a las críticas puntuales"
ordenación episcopal en la diócesis de bilbao
V UELVE con asiduidad a su pueblo y nunca ha perdido la conexión. Gracias a su labor como médico suplente de verano en Elantxobe e Ibarrangelu, oficiando misas en las iglesias de su localidad o prestando ayuda como voluntario de la Cruz Roja, Mario Iceta ha estado siempre atento a ayudar a sus convecinos. Sencillo, voluntarioso, aplicado…, pero sobre todo "amigo de sus amigos", los adjetivos calificativos que exhortan sus conocidos tienen todos cariz positivo. De alabanza hacia una persona de 43 años que se ha granjeado el cariño de muchas personas a las que ha podido devolver su gratitud esta misma semana. Porque pese al trajín previo a su ordenación, Iceta no ha descuidado pasar unos días con su madre y su tía en la calle Don Tello. Y tampoco algunas horas de asueto ante las teclas del órgano de la Iglesia de Andra Mari.
Desde que era joven y pese a los años que ha estado alejado, Mario Iceta siempre ha vuelto a su casa. Y muchos le conocen y aprecian. En ese grupo se encuentra Carlos Muniategi, quién durante 15 años ejerció de presidente en la Cruz Roja. "Estaba estudiando Medicina en la Universidad de Navarra, pero cuando llegaba los viernes se incorporaba a las guardias de fin de semana", rememora, "ganándose la consideración" de los compañeros "por su capacidad de sacrificio". Los desplazamientos a las plazas de toros de Enkarterri o a las sokamuturras de Busturialdea en la primera ambulancia medicalizada de Bizkaia en los primeros años de los 80 eran constantes. Y en turnos eternos. "Cuantos borrachos habremos atendido en Madalenas…", sonríe Muniategi. Era "un organizador nato, que se preocupaba desde lograr la financiación para la Cruz Roja a reponer el botiquín. Sacrificado, pero además, un médico que se le apuntaba grandes maneras". Igual apreciación comparte la bermeotarra Jone Agirre, responsable de Salvamento Marítimo en el municipio costero durante muchos años. "Si hablas con él, mándale recuerdos de mi parte. Y un fuerte abrazo", espeta, a una persona que califica de "excelente", cuajado de "grandes cualidades. Y siempre atento". Hace quince años que no lo ha visto, pero aún le recuerda. Su huella es imborrable.
Mario Iceta es una persona "de gustos sencillos, muy noble". Muniategi lo conoce bien, y remarca que "nunca se ha distinguido políticamente, porque echaba una mano a quién lo necesitara sin pedir nada a cambio". El obispo auxiliar es "de los que se gana a las personas". Así lo hizo durante varios veranos ejerciendo como médico en las cercanas Ibarrangelu y Elantxobe. En este caso, la afirmación es de José Gardoki, galeno que antaño compartió horas con Iceta en la Cruz Roja, pero hoy en día comparte mesa y mantel cuando la ocasión lo requiere. "Accesible, ético y honrado, formado de manera exquisita, sabe escuchar a todo el mundo y no impone", resume. "Además, tiene don para la comunicación. Nadie te podrá decir nada malo sobre él", espeta al autor de estas líneas.
Escarbando en su pasado, Carlos Muniategi apunta que "desde joven se veía que iba a ser obispo". Relata los sacrificios a los que debió hacer frente su familia para ofrecerle unos estudios, tanto su madre, Carmina Gavicagogueasco, como su tía Merche. Su hermano vive ahora alejado del mundanal ruido en Trebiño. Pero esos esfuerzos a los que hicieron frente sus seres queridos no han sido baldíos. Su formación, iniciada en el Colegio de la Merced, es "exquisita, domina cinco idiomas, ha cuidado mucho su preparación académica y hace quince años ya manejaba un ordenador. ¡Y nosotros ni sabíamos ni como funcionaba!", recuerda con sorna. "En mis 58 años de vida no he conocido a nadie con su capacidad de trabajo", resume el gernikarra, que muestra su carta de invitación para asistir al acto de hoy. Puede ser que su voluntad de sacrificio haya sido determinante para que "esté donde está". Pero el futuro trae ahora a Bilbao a Iceta, brindándole la oportunidad de seguir dándose sus chapuzones veraniegos en la playa de Laida, de la que es un asiduo bañista. Como muchos gernikarras.
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De Gernika al cielo
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Accesible, ético, honrado... son algunas de las alabanzas con las que le distinguen sus convecinos
Su capacidad de sacrificio y su bonhomía son otros de los rasgos que definen al nuevo obispo auxiliar
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