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Rafa Díez Usabiaga posa para el fotógrafo en la sede del sindicato LAB en Donostia. Foto: iker azurmendi |
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relevo en la dirección de lab > rafa díez usabiaga secretario general de lab
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"El sindicalismo abertzale debería ser capaz de converger para impulsar un nuevo ciclo político"
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Díez Usabiaga dirá adiós a la dirección de LAB el próximo mes. Al repasar sus 16 años como secretario general, destaca la contribución de la central a elevar el tono reivindicativo en las relaciones laborales y su activo papel en la política. Se despide dejando a LAB como el tercer sindicato vasco
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Ibai Cereijo
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donostia.El 22 y 23 de mayo, el VII Congreso de LAB nombrará, salvo sorpresa, a Ainhoa Etxaide como relevo de Rafa Díez. En esta entrevista, el veterano líder le confía a su sustituta una tarea: recuperar la unidad de acción con ELA para impulsar "un nuevo ciclo político".
Se despide de la dirección de LAB tras el próximo congreso. ¿Por qué ha tomado esta decisión?
Los estatutos definen un máximo de tres periodos en la secretaría general. Además de esa razón objetiva, se había cubierto una etapa y estamos en condiciones de abordar un cambio generacional de importante calado.
Ha dicho que seguirá vinculado al sindicato. ¿Con qué intensidad?
Mi voluntad es no estorbar. Las nuevas generaciones van a tener un total protagonismo en el desarrollo de la dirección, pero queremos estar cerca de ellos para aportar nuestra experiencia.
Su más que posible sustituta será Ainhoa Etxaide. ¿Qué virtudes de liderazgo tiene?
Ainhoa lleva un recorrido importante. Desde muy joven asumió la responsabilidad de LAB-Gazteak y es una persona con experiencia y con condiciones muy adecuadas para asumir la dirección. Ha crecido dentro del sindicato y tiene personalidad propia para liderarlo en un nuevo ciclo.
¿Prevé que se presenten más candidaturas que la liderada por Etxaide?
Todo es posible en términos reglamentarios, pero el sindicato goza de una cohesión importante. Acudimos al congreso con una salud interna muy positiva, con avances en afiliación y representación. Somos un sindicato plural y la candidatura del comité nacional va a ser reflejo de la realidad interna del sindicato.
Su marcha y la de Txutxi Ariznabarreta coinciden con la reciente de Kortabarria recientemente y la de Elorrieta dentro de unos meses. ¿Se abre una nueva etapa en el sindicalismo vasco?
Es excesivo hablar de nueva etapa. Sí es cierto que ha habido un periodo largo en el sindicalismo vasco que viene a remolque de lo que se ha llamado Transición política. Vamos a dejar paso a una nueva generación que posiblemente tiene que ubicar a este país en un nuevo ciclo político.
¿Qué logros destacaría de sus 16 años al frente de LAB a nivel el mercado laboral?
Hemos ubicado al sindicalismo como un agente con un alto grado de intervención no sólo en las empresas, sino en los ámbitos social, económico y político. En los años 80, algunos pretendían colocar al sindicalismo como un mero agente de servicios. En los últimos 15 años, el sindicalismo abertzale se ha convertido en un agente que reivindica en las empresas, pero también incide en la liberación nacional, sin meternos en el papel de las fuerzas políticas.
¿Cree que el sindicalismo agresivo de LAB ha obligado a otras siglas a reubicarse?
Nuestro papel ha sido decisivo para trasformar el sindicalismo en un movimiento más reivindicativo y alejarlo del modelo de gestión y acompañamiento que ha sido muy común, tanto en Europa como con CC.OO. y UGT en el Estado. Nuestra impronta también ha incidido en otras siglas, que no voy a mencionar.
¿Se refiere a ELA?
Creo que se entiende lo que quiero decir.
¿Y que logros resaltaría a nivel interno?
Yo he conocido al sindicato cuando era un recién nacido, en 1976. Hoy día somos una organización con 42.000 afiliados, 4.300 delegados y unas estructuras consolidadas y profesionales. Lo hemos desarrollado todo con el viento siempre en contra. Otros sindicatos han tenido otro tipo de ayudas económicas y políticas. Hemos llegado hasta aquí siendo una organización respetada e influyente. Eso es lo que más me enorgullece
LAB despegó en representación en torno al año 1992. ¿Tuvo relación su decisión de abandonar la confrontación sistemática para optar por estrategias más posibilistas?
No me gusta esa dialéctica de confrontación y posibilismo. Se dio un hecho objetivo: a medida de que fuimos ganando representación, adquirimos más responsabilidad en la negociación colectiva sectorial. Las coordenadas de la acción sindical son diferentes con un 5% y con un 15%.
¿Qué conquistas sindicales le habría gustado conseguir, que se ha dejado en el tintero?
Hay muchos problemas sociolaborales que siguen pendientes. La patronal y las Administraciones públicas mantienen una ofensiva con la contratación laboral, la precariedad, los salarios y la jornada de trabajo. Y el sindicalismo no ha presentado una batalla en condiciones para frenar a la patronal.
Usted entró en el comité ejecutivo hace 27 años, pocos años después de finalizar la dictadura de Franco. ¿Era más difícil hacer sindicalismo entonces o ahora?
En los años 80, el sindicalismo era mucho más directo, tenía un funcionamiento asambleario muy rico. Ahora es más organizado. Nosotros siempre intentamos compaginar la acción de las estructuras con la del colectivo trabajador. Pero sí es verdad que la parcelación sindical incide en la capacidad de lucha de esos colectivos porque a veces surgen intereses corporativos y coyunturales que son un cáncer.
La incidencia de las huelgas se encuentra en mínimos de la última década en la CAV. ¿Les está costando que su mensaje de movilización y lucha cale en los trabajadores?
Hay más razones que nunca para abordar un sindicalismo ofensivo, pero la patronal tiene muchísimos mecanismos para condicionar la lucha. Si en una empresa hay un 30% de precariedad, estamos hablando de un 30% de trabajadores que tienen una guillotina en el cuello que condiciona. La patronal practican el amedrentamiento y ha creado un discurso falso, según el cual, cuanta menos conflictividad laboral, más democracia y paz social.
¿Considera a ELA su adversario natural en la captación de afiliados y en la presencia en los centros de trabajo?
Nunca vamos a hablar de adversarios sindicales, como si nuestro único objetivo fuese la supervivencia. Somos un instrumento por el cambio social y político, no un fin en sí mismo. A partir de ahí, es evidente que tenemos unas señas de identidad ideológicas ligadas a la reivindicación nacional de Euskal Herria y, por tanto, tenemos como competidor a las posiciones que se definen como abertzales y progresistas.
El año pasado, LAB y ELA cruzaron mensajes con un tono de cortejo que hizo pensar que había mimbres para recuperar la unidad sindical. ¿Es posible?
Es necesario y debería ser posible que el sindicalismo abertzale sea capaz de converger. ELA y LAB hemos sido un agente importante en el agotamiento del marco autonómico. De cara al futuro, deberíamos tener como prioridad generar elementos de convergencia con un contenido estratégico para aportar cosas ante un nuevo ciclo político.
Mucha gente no llega a entender por qué se rompió la unidad hace unos años.
Hubo razones de diversa naturaleza, y muchas se esgrimieron luego de forma instrumental. Entre dos organizaciones distintas y que venían de posiciones diferentes, es normal que hubiera vaivenes. En los años 92, 93 y 94 supimos situar cuál debía ser el papel de ELA y LAB, y adquirimos protagonismo en todas las dimensiones, en la política, con la huelga del 99 sobre las 35 horas y el salario social...
¿Y qué ocurrió?
Ese modelo entró en crisis y no nos pusimos de acuerdo sobre nuestro papel en el nuevo ciclo político. Cuando no se ponen esas bases, la coyuntura política, la negociación colectiva, las elecciones sindicales favorecen los niveles de diferencialidad de cada proyecto.
Tal y como están las cosas ahora mismo, ¿ve lejana esa posibilidad?
Enraizar unas bases sólidas en un plano de carácter estratégico y de medio-largo plazo lleva su tiempo. En este momento hay dinámicas conjuntas, pero muy parciales, en la negociación colectiva, en Hobetuz, en Osakidetza... Si conseguimos extenderlas, estaríamos en un nuevo ciclo en el papel del sindicalismo abertzale. LAB está apostando por ello.
El cambio de caras en ambas direcciones, ¿puede facilitar esa convergencia por una cuestión de química personal?
Las químicas personales pueden ser positivas cuando hay una confianza común, pero también se arrastran las heridas abiertas en las crisis de los últimos años. Los cambios pueden ser positivos, pero no serán un punto de inflexión.
En una reciente encuesta realizada por el Gobierno vasco, un 80% de los trabajadores abogaba por una unidad entre todos los sindicatos. ¿Qué opina?
La unidad sindical tiene planos diferentes. En Osakidetza, por poner un caso, hemos estado prácticamente todos juntos hasta el último momento. A la hora de plantear una plataforma reivindicativa, es fácil que todos estemos de acuerdo. El problema llega luego a la hora de establecer el tet-a-tet con la patronal. Pero en la unidad sindical hay otra dimensión más estable, y ahí es evidente que la unidad está muy condicionada por los perfiles ideológicos.
LAB ha mostrado una notable sintonía, si no en lo político, sí en materia de negociación colectiva con CC.OO. y UGT. ¿Le gusta más su estrategia sindical que la de ELA?
Eso es una creencia falsa que se ha instalado interesadamente como un hecho objetivo. ELA firma más convenios sectoriales con CC.OO. y UGT que LAB. El debate de quién firma con quién es un recurso escapista sobre la situación de la negociación colectiva. Es un error hacer pivotar la negociación sólo en el ámbito de la empresa, porque eso está creando una distorsión sobre el papel de los sindicatos ante la patronal.
Durante la tregua, tuvo reuniones oficiales con las direcciones de UGT y CC.OO. ¿Han roto tras la vuelta de ETA a las armas?
Abrimos esa vía para avanzar hacia un escenario de paz y soluciones entre todos los sindicatos, sin etiquetas previas. Esa fórmula sufrió un atasco, pero no por la ruptura del proceso negociador, sino porque los cuatro sindicatos fuimos incapaces de hacer una propuesta conjunta mientras seguía vigente el alto el fuego. Ese capítulo siempre será una asignatura pendiente para LAB.
LAB ha crecido en los últimos años, en representación y afiliados. El hecho de que su ideario político esté tan íntimamente ligado a una opción política, la izquierda abertzale, ¿no limita sus opciones de crecimiento?
Nuestras señas de identidad nos proporcionan un margen de crecimiento muy amplio. Y eso incluso con grados de pluralidad en el seno de la organización. Hay un componente humano muy mayoritario que conecta con las prioridades políticas de la izquierda abertzale, pero mucho otros entran en nuestro proyecto porque defendemos sus intereses de forma coherente.
En la ponencia que llevan al congreso hacen una autocrítica muy extensa sobre los puntos que no funcionan en su estructura interna. ¿Qué quieren cambiar?
Se trata de bajar el sindicato a los ámbitos de intervención para estar muy pegados a la empresa, al pueblo. Queremos buscar un mayor grado de participación y permeabilidad de las estructuras para que ganen eficacia y presencia social.
¿Cómo valora la sentencia que se ha conocido esta semana contra dos delegados de ELA por su participación en piquetes?
Es un referente peligroso. La sentencia pretende restringir el papel de los sindicatos a la hora de informar y coaccionar positivamente. Si los empresarios ya tienen muchos instrumentos de coacción cotidiana, una jurisprudencia de este tipo aumenta su poder.
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el protagonista
carné de identidad
· Edad. 52 años.
· Lugar de nacimiento. Lasarte, 1956.
· Familia. Casado. Tiene 2 hijos.
· Carrera profesional. Trabajador de la empresa Michelin, se incorporó a LAB antes de que se constituyera como sindicato en 1977. Estrechamente vinculado a la izquierda abertzale, se incorporó a la dirección en 1981 y desde 1992 es su secretario general.
sus frases
"Los intereses corporativos y coyunturales son el cáncer del sindicalismo"
"Ainhoa Etxaide tiene personalidad propia para liderar al sindicato en su nuevo ciclo"
"LAB es una central respetada e influyente, y hemos llegado hasta aquí sin ayuda política"
"Hemos transformado el sindicalismo vasco en un movimiento más reivindicativo" |
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