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Las cabañas quedarían disimuladas entre la espesa vegetación de esta zona rural situada en el núcleo de La Quadra, en Güeñes. |
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Una habitación con vistas al mundo
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Diego, Javier, Carla y Miguel ya han encargado las tres primeras cabañas y lo han hecho en Finlandia. La gestión informática ha sido comprada en Nueva Zelanda. Y la cerámica, traída desde Castellón, será líquida para mantener el calor.
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Diego Aguirregomezcorta
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LOS sueños, y más si son verdes, no entienden de fronteras. Ni de las físicas ni de las intelectuales. Buena prueba de ello es el esfuerzo que Diego, Javier, Carla y Miguel han asumido para cumplirlos. Nueva Zelanda, Finlandia y, sin ir tan lejos, Castellón, han sido algunos de sus destinos reales para hacer realidad su proyecto de complejo turístico y ecológico. De las antípodas se han traído un programa informático que registra fielmente la relación entre gasto y consumo en los hogares; en el país de Papá Noel han encargado sus cabañas, íntegramente de madera; y de la costa del azahar llegarán unas cerámicas líquidas que mantienen el calor del hogar.
De este modo, estos bungalows funcionarán de manera autosuficiente con fuentes energéticas renovables: bombas de calor geotérmica, aislantes de corcho natural, cerámica líquida para conseguir refractar hasta un 95% de la radiación solar, paneles solares térmicos para el agua caliente y paneles fotovoltaicos para la energía y "techos verdes, con un capa de drenaje para almacenar el agua de la lluvia y sustrato para la vegetación autóctona y césped, lo cual nos aportará aislantes y eficiencia energética", acierta a explicar Diego Aguirregomezcorta. "Cuanto menos impacto generamos en el ecosistema mejor". Y es que, las cabañas se mimetizarán con el entorno.
Como valores añadidos estos cuatro emprendedores han ido incluyendo con el paso del tiempo un programa informático que registra el consumo energético y así la gente "podrá saber lo que cuesta generarlo y lo rápido que se consume. Que se conciencien del gasto que se produce en una casa por dejarse la luz del baño cinco minutos encendida", indica este joven. "Nos fuimos enganchando con la idea...", resume entre cadenciosas carcajadas.
Lo han pensado todo. O casi todo. Incluso se han puesto en contacto con una familia que se dedica a criar ovejas que vive en las cercanías, "sin agua ni luz", para que se encargue de las labores de vigilancia, limpieza y mantenimiento del complejo La Presilla. "Están encantados con la idea. Les planteamos que el hijo pudiera de hacer de guía por los montes de la zona y perfecto", expresa satisfecho el vasco-argentino. No en vano, esta persona tenía casi decidido abandonar el hogar de sus padres para marchar a trabajar a un horno de ladrillo. Ahora, si las cosas transcurren como está previsto, no será necesario. En cualquier caso, los promotores de esta iniciativa de turismo ecológico consideran prioritario que la gente que pudiera trabajar allí perteneciera al entorno.
Por el momento sólo son planes de futuro, aunque ya han empezado a hacer camino (el real y el ficticio) para materializar sus sueño más verdes, una vereda zigzagueante que subirá hasta la cota más alta del terreno entre la decena de cabañas. "Tenemos hecha una parte del acceso. Hemos abierto en el monte", redondea metafóricamente. |
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