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Elías Amezaga, durante la presentación de su último libro en la Biblioteca de Bidebarrieta. Foto: deia |
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"El mayor homenaje para Elías Amezaga sería una fundación que siguiera su labor"
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El dramaturgo y ensayista dedicó gran parte de su vida al estudio de otros escritores vascos.
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Maite Redondo
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bilbao. "El mejor homenaje es que las instituciones vascas creen una fundación que siga su labor". Abraham de Amézaga, nieto de Elías Amezaga, cogía ayer un avión desde París, ciudad donde vive desde hace unos años, para poder asistir al funeral de su abuelo, con el que ha compartido muchas horas de trabajo. El escritor, autor de más de 60 libros, entre ellos un diccionario de 10 tomos de autores vascos, fallecía el domingo a los 86 años de edad, en su casa torre de Getxo, en la que ha vivido volcado en su trabajo durante más 30 años.
Abraham se sentía ayer profundamente emocionado. Recordaba aquellos momentos junto con su abuelo, en la casa-torre de Getxo o recorriendo archivos, bibliotecas o hemerotecas de Madrid (San Lorenzo de El Escorial, Real Academia de la Historia...), París, Amsterdam, Baugancy, Coimbra, Salamanca, Simancas... buscando datos para los estudios del escritor del pueblo vasco, como lo denominó el poeta Mario Ángel Marrodán. Abraham prefiere recordar la imagen de aquel hombre "decidido, con una energía que nos agotaba todos y que dedicó las últimas décadas de su vida estudiando a otros escritores, en detrimento de su propia obra. Si él se hubiera dedicado exclusivamente a escribir sus obras y se hubiera ido a trabajar a Madrid, París o Barcelona, hoy sería conocido como un gran dramaturgo o escritor. Era un escritor de 24 horas".
Al nieto de Elías Amezaga, el autor del mundo que más ha escrito sobre vascos, se le nota muy dolido. "Nunca se afilió a un partido político ni asociación porque estaba convencido de que la pluma y la palabra eran suficientes. Pero, estuvo injustamente olvidado desde hace años por las instituciones. Al final de su vida, cuando ya estaba resignado, recibió algunos homenajes que le animaron mucho y le sirvieron para mantener el ánimo en sus últimos momentos. Fue nombrado socio emérito por la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y en 2005 recibió el premio Manuel Lekuona, de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza, por toda su obra. Estaba enfermo, pero se levantó de la cama exclusivamente para ir a recibir el galardón. Lo ideal es que se le hubiera reconocido en vida, pero en estos momentos, el mejor homenaje que podría recibir es que se creara una fundación que continuara con su obra. Registró todos los autores hasta 2002, pero en Euskadi se ha publicado mucho más. Esta Fundación haría una labor estupenda dejando un legado incuestionable para las próximas generaciones". Colaborador habitual de varios medios, entre ellos este periódico, "la voz del escritor de la torre se ha apagado, pero no podemos permitir que su obra desaparezca". |
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