bilbao. Los radicales han puesto en su punto de mira a las empresas que participan en la construcción de la Y vasca. Rotura de ventanas, concentraciones frente a sus sedes, pintadas intimidatorias y amenazas a los empleados es el peaje que tienen que pagar por trabajar en hacer realidad esta infraestructura, que el Ejecutivo de Gasteiz considera vital para el futuro del país. Y, pese a que el departamento de Interior y la Ertzaintza han redoblado sus esfuerzos para evitar que las obras del TAV se conviertan en un nuevo Leitzaran -documentos intervenidos a miembros de ETA han marcado al Tren de Alta Velocidad entre sus objetivos-, en la medianoche de ayer un grupo de desconocidos prendió fuego a una excavadora de una empresa situada en el municipio guipuzcoano de Andoain que toma parte en este proyecto ferroviario.
Aunque el incendio únicamente causó daños a la cabina, este sabotaje tiene una carga simbólica por dos cuestiones: Andoain se encuentra a pocos kilómetros del primer tramo de la red ferroviaria vasca que se ha empezado a construir en Gipuzkoa (entre Ordizia e Itsasondo), al que le seguirán otros cuatro ramales durante este año (entre Beasain y Tolosa) y, además, el departamento que dirige Nuria López de Gereñu tiene competencias exclusivas en este territorio, mientras que las obras en Araba y las que arrancarán en los próximos meses en Bizkaia corren a cargo del Estado español, que asume su ejecución a través del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias.
Desde el ámbito empresarial, institucional y político se apresuraron a condenar el ataque de Andoain, con Adegi, la patronal guipuzcoana, a la cabeza, que en un comunicado condenó "enérgicamente el acoso, las amenazas y sabotajes al que vienen siendo sometidas las empresas que participan en las obras". "La Y ferroviaria es una infraestructura vital para la economía vasca en su conjunto y para que las empresas puedan desarrollar su actividad en condiciones mejores de competitividad", apostilló Adegi. En la misma línea, el delegado del Gobierno español en el País Vasco, Paulino Luesma, aseguró que los autores de este sabotaje "se oponen al futuro y al desarrollo de nuestro país, mediante la violencia, el chantaje y la presión intolerable contra una infraestructura vital para el desarrollo de Euskadi".
Por ahora, los ataques registrados en empresas relacionadas con las obras del TAV han sido de baja intensidad, aunque se han centrado en Gipuzkoa y Bizkaia. En Amorebieta, por ejemplo, un grupo de desconocidos asaltó el pasado mes de diciembre la sede de una constructora. Días después de esta acción, los autores del sabotaje asumieron su autoría en un comunicado en el que se preguntaban "dónde está la verdadera violencia, si no es en las máquinas excavadoras, túneles y puentes que destrozan nuestras tierras".
Primera víctima Pero el hecho que mejor refleja las presiones que vienen aguantando las empresas que participan en la construcción del Tren de Alta Velocidad se dio el pasado mes de noviembre, cuando la dirección de Excavaciones S.L., que colaboró en las obras de un tramo del proyecto en el territorio alavés, decidió abandonarlo definitivamente a raíz de una concentración de protesta convocada en sus instalaciones de Irun.
La última acción relacionada con esta infraestructura ferroviaria, esta vez pacífica, tuvo lugar ayer en Eskoriatza, donde un grupo de opositores se encerró en la tarde de ayer en el Ayuntamiento para rechazar las expropiaciones. |