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El francés Jean Albert Löic es otro de los que, junto a Corliss, persiguen la proeza. |
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Ícaros del siglo XXI
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Un estadounidense de 31 años, un francés y una sudafricana compiten en una carrera no oficial por convertirse en la primera persona capaz de saltar al vacío sin paracaídas ni más ayuda que un traje especial.
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A. M.Guirado
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JEB Corliss, un estadounidense de 31 años, quiere subir a un helicóptero, lanzarse al vacío a una velocidad de unos 190 kilómetros por hora y aterrizar con éxito sin paracaídas. Los expertos consideran que la acción es "técnicamente posible", pero nadie lo ha logrado todavía pese a que Corliss no está solo en esta carrera contrarreloj. Otros grupos de Francia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Rusia y EE.UU. también participan en lo que se ha convertido en una competición no oficial hacia la gloria.
Corliss saltó a la fama en abril de 2006 cuando fue detenido in extremis al pretender saltar con paracaídas desde el Empire State, de 380 metros de altura, lo que le costó una demanda de los dueños del edificio, pero ahora su obsesión consiste en aterrizar sin un rasguño gracias a un traje especial, con forma similar a la de un murciélago, que le permite controlar la dirección y velocidad de caída con un mínimo movimiento de su cabeza y sus hombros o brazos.
Corliss quiere convertirse con su proyecto, denominado The Wingsuit Landing Project, en la primera persona en la historia de la humanidad que logra sobrevivir a un aterrizaje sin paracaídas, pero hay otros que compiten también por este hito, como el francés Jean Albert Loïc, quien en el sitio de internet www.flyyourbody.com muestra instantáneas de sus vuelos e imágenes de prototipos. A ambos, especialistas del vuelo extremo, se une una mujer, Maria von Egidy, de Sudáfrica, que está embarcada en la difícil tarea de desarrollar otro traje capaz de permitir la proeza.
Ese problema ya lo tiene solucionado Corliss, quien usará un diseño alado que cuesta unos mil dólares y que estrenará en los próximos meses, durante la primera de las tres pruebas que ha planeado antes de dar el gran paso. Las alas que incorpora la indumentaria, colocadas entre las piernas, los brazos y el torso del aventurero, están hechas de nylon, y poseen unos conductos que permiten regular la entrada del aire en su interior. Esto posibilita el control de las maniobras para descender a un ritmo lento, debido a la presión en el interior del traje, al que le añadirá una protección rígida (exoesqueleto).
"La manera más sencilla de describir la vestimenta es como si vieras a una ardilla voladora; logra que te muevas hacia delante casi un metro por cada treinta centímetros que desciendes", explica Corliss. "La parte difícil de todo esto es sobrevivir sin lesiones, pero ése es el objetivo", añade el paracaidista, con más de mil saltos en su haber. las Cataratas del Niágara , la Torre Eiffel o el Golden Gate han visto algunos de ellos.
Esta vez planea construir una pista de aterrizaje que él mismo ha diseñado, basada en las de los saltos de esquí y que costará 2 millones de dólares. ¿Por qué? "Es algo que los seres humanos hemos buscado desde Ícaro en la mitología griega. La gente piensa que es imposible porque aún nadie lo ha conseguido", afirma Corliss, que promete ser el primero en lograrlo.
Corliss pretende ser el primer hombre que sobreviva a un salto al vacío sin paracaídas
"El traje logra que te muevas hacia adelante un metro por cada 30 cms. que desciendes" |
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