BILBAO. "No pensarán los militantes del PSOE que ETA se va a quedar de brazos cruzados viendo cómo con toda impunidad torturan a militantes vascos, los detienen, les imponen una condena de por vida o ilegalizan partidos políticos". (Comunicado de ETA. 2 de abril de 2008)
Dicho y hecho. ETA cumplió ayer en Bilbao su macabra palabra dada en el comunicado en el que reivindicó la autoría del asesinato de Isaías Carrasco y volvió a atentar contra los socialistas. Era previsible que fuera así, porque la organización armada siempre respeta la literalidad de sus comunicados, salvo en el caso del proceso de resolución en el que no cumplió su parte del trato y no se resistió a la tentación de jugar a hacer política. El ataque contra la casa del pueblo de La Peña no causó daños personales, más allá de los siete ertzainas heridos leves, pero su gravedad reviste en el hecho de que viene a inaugurar la recién estrenada legislatura de Zapatero de la misma forma que clausuró la anterior: con violencia y muerte, o peligro de muerte.
El atentado contra la sede social del PSE en La Peña tuvo lugar hacia las seis de la madrugada. A esa hora estalló la bomba colocada frente a la fachada del local oculta en un maletín, -con un rótulo en el que se podía leer "peligro bomba"- que ya había sido descubierta por la Er-tzaintza cincuenta minutos antes de la deflagración e incluso veinte minutos antes de que un comunicante que dijo hablar en nombre de ETA avisara telefónicamente a la DYA de la colocación del artefacto. A diferencia del atentado contra la casa-cuartel de la Guardia Civil en Calahorra, la llamada fue efectuada utilizando un sistema informático que permite distorsionar la voz para que no sea reconocible.
QUINTO ATAQUE AL PSE El artefacto estaba compuesto por cinco kilos de explosivo y un temporizador. Su estallido provocó importantes destrozos en las dos plantas de la sede socialista, así como en los establecimientos, portales y viviendas colindantes, y en varios coches aparcados en la zona. Es la quinta vez que ETA atenta contra el PSE en los diez meses que han transcurrido desde la ruptura del alto el fuego. La organización armada tiene a los socialistas entre ceja y ceja en el ciclo político abierto tras haber compartido mesa y agenda en el frustrado proceso de paz y resolución.
Desde la localización del explosivo, la Ertzaintza desplegó un importante y apresurado operativo para evitar que la deflagración causara males mayores a los vecinos. Las sirenas de los coches patrullas les pusieron sobre aviso; la megafonía les advirtió a unos de que salieran de sus hogares y a otros de que permanecieran en su interior con las persianas bajadas y lo más alejados posibles del foco de la explosión. Sin tiempo a mudarse el pijama, la bata o las zapatillas, muchos salieron a la calle con lo puesto y fueron asilados temporalmente en el hall de la cercana estación de Cercanías de Renfe, convertido en un improvisado centro de acogida. Entre ellos se contaban algunos niños y niñas a los que ETA truncó su dulce sueño.
De todas formas, el desalojo fue más lento de lo deseable, ya que había muchas personas mayores a los que hubo que desalojar, lo cual no fue tarea fácil ya que la calle Ibaialde, la que ayer vivió el drama en carne propia, es muy estrecha y de muy difícil circulación vial.
Las casas del pueblo se han convertido en objetivo preferente por su relativa facilidad para ser golpeadas y el impacto socializador de estos atentados sobre la población civil, asegurándose así un importante eco mediático y político. Además de los ataques a las sedes de Balmaseda, Derio, y ahora La Peña, los socialistas han sufrido el asesinato del ex edil de Arrasate y el atentado con bomba-lapa contra Gabriel Ginés, escolta de un concejal del PSE en Galdakao. Este atentado también fue perpetrado a escasos doscientos metros del cometido ayer.
La popular barriada de La Peña ha sido castigada por ETA en muchas ocasiones. Su fácil salida a la A-8 y su rápido acceso al laberíntico Casco viejo suponen una baza para los etarras, unido al hecho de que, al tratarse de una área muy poblada y concentrada, los etarras se mueven con mayor impunidad.
El número de afectados por los daños colaterales en el atentado de ayer aún está por determinar, aunque se prevé que sea considerable. Todos ellos se añadirán a los 887 que ya figuraban en la lista elaborada por el Consorcio de Compensación y Seguros -entidad pública adscrita al Ministerio de Economía y Hacienda encargada de tramitar las ayudas relacionadas con las acciones de ETA- como consecuencia de los atentados de Durango, Sestao, Balmaseda, Bergara, Derio, Calahorra,
ESPIRAL VIOLENTA Con este nuevo atentado ETA ratifica su compromiso por alimentar la espiral violenta iniciada hace meses y hace buenos los vaticinios del nuevo Gobierno español de que "estamos ante un nuevo y duro ciclo de violencia terrorista". El Ejecutivo de Zapatero sepultó bajo esa premisa toda posibilidad de retomar una vía de diálogo con la organización armada al dar por derogada la resolución del Congreso de 2005 que contemplaba un diálogo resolutivo del Gobierno con ETA. También el portavoz del Grupo Vasco en la Cámara Baja, Josu Erkoreka, auguró el pasado martes que la banda iba a "zumbar" de manera inminente.
El atentado irrumpe en pleno debate político sobre las mociones de censura para desalojar a ANV de las alcaldías que detenta, sin mayoría absoluta, hasta en dieciséis localidades de Gipuzkoa y Bizkaia. La división y la crispación política han aumentado desde entonces. Nada de lo que hace ETA es casual, como ya se comprobó en Arrasate. |