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Christopher Robertson a bordo de un imaginario buque fantasma de juguete con el Teatro Arriaga al fondo. Foto: roberto zarrabeitia |
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christopher robertson barítono de filadelfia afincado en bilbao
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"También cuido mi voz visitando bodegas"
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Su voz de trueno deslumbra. No por nada está considerado como uno de los grandes barítonos de su tiempo. Vive en Bilbao desde hace 5 años, fascinado por "una ciudad que tiene un poco de todo y cuenta con un aeropuerto que te ahorra kilómetros de caminatas al cabo del año"
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Jon Mujika
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bilbao. Llegó procedente de Filadelfia hace cinco años en busca de su consagración en Europa, "la cuna del arte". Tiene la talla de un gigante y una voz del vendaval tras la que se esconde un sentido del humor agudo, el mismo que florece cuando recuerda la historia del jugador de fútbol americano que, tras cuajar un partido memorable, fue catalogado de "genio" por la crítica y él, bañado en falsa modestia, gritaba: "¡Oh Dios mío! Genio no, por favor. Genio era Alfred Eisntein...". "Ja, ja, ja, Alfred, el muy cabrón dijo Alfred..." (ríase uno con gran vozarrón...).
¿Era Bilbao una gran desconocida en EE.UU. antes del Guggenheim?
No, creo que no. Ahora se conoce más pero las Casas Vascas tienen una fuerte presencia allí, son muy activas. Además, no conviene olvidar a James Bond.
Vino de allí porque la ópera era una incomprendida...
Estados Unidos es un gran país, pero joven. Cada día hay más afición y grandes teatros pero la cuna está en Europa.
¿A qué ha de renunciar uno para conservar la voz inmaculada?
Cada cuerpo es distinto. A mí me mata el tabaco y a otro el hielo, pero no hay que renunciar a nada. Cuando trabajo cuido mi herramienta pero también me gusta vivir bien: la buena comida, la visita a las bodegas... Ahí también me cuido.
Le pedirán que cante...
¡Por Dios, tantas veces! Es algo que no me gusta. Hace poco coincidí en una fiesta con Dani García, el cocinero del Zortziko. Todo el mundo me pedía que cantase pero a él nadie le pidió que preparase una tortilla de patatas... ¡Y seguro que la hace cojonuda!
Algún cuidado tendrá...
En vísperas de cantar necesito dormir mucho y beber agua. Con eso basta.
Bilbao es una ciudad perfecta para todo esto que menciona...
Así es. Aquí los amigos están cerca, las emociones están cerca. Todo lo tienes a mano. Viví en Tokio y en Nueva York y tenía ganas de una ciudad más manejable. Será difícil que me vaya.
¿Es usted uno de esos divos de 300 toallas..?
¿Cómo?
¿Qué exige para cantar?
Agua, sólo agua. Muchas de esas peticiones son superstición. En Alemania da mala suerte silbar, en Italia el color del vino...
Hay quien asegura que los aplausos engordan...
Es cierto que muchos cantantes de ópera estamos gordos. Eso no está bien, aunque cantar requiere fortaleza...
¡Si pueden hacerlo sentados!
En Tristán e Isolda uno puede adelgazar entre tres y cuatro kilos, como un futbolista.
¡Cuando corren!
Ja, ja. Eso es. Ves al Athletic perder 3-0 y a los jugadores hablando de que están salvados... ¡Qué vergüenza!
Carusso, primero; Pavarotti, después... ¿Se apagan las grandes voces?
No es verdad que sea así, pero sí es cierto que los jóvenes quieren cantar muy pronto romántico. Y eso se paga, pasa factura.
¿Cómo entrena la voz?
No se entrena, es un don del cielo. Lo que hay que hacer es perfeccionar la técnica y escuchar sólo a los que saben, no a todo quien te habla. Hay mucho charlatán.
El protagonista
carné de identidad
· Edad. Nació en 1964 y tiene, por ahora, 43 años bien llevados.
· Lugar de nacimiento. Filadelfia, Estados Unidos.
· Carrera profesional. Ha cantado en el Metropolitan Opera, La Scala de Milan, Deutsche Oper Berlin, Bavarian State Opera y la Royal Opera, Covent Garden, junto a directores como Neeme Järvi, Riccardo Muti, Lorin Maazel, James Levine, Yuri Temirkanov, Jeffery Tate, Leonard Slatkin o David Zinman. |
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