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Mesa de redacción
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Cuarentonas
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Concha Lago
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ME enteré por la prensa de que no había sido una de las elegidas para ser ministra. Un breve repaso a la biografía de la mayoría de las incorporaciones me bastó para caer en la cuenta. La ministra de Defensa tiene 36 años, la de Igualdad 31, la de Vivienda 38... y así un elenco de treintañeras que han puesto al nuevo gobierno en el escaparate. También es verdad que gracias a ser una cuarentona me pude librar de los epítetos que hubieran venido a continuación: "Concha, la del bombo", "Concha, la modistilla", "Concha, la inexperta" o "La Lago". Ya se sabe, calificativos de mucho ringo rango que hacen bueno el viejo proverbio chino de que "todo lo bueno es cojonudo y todo lo malo es un coñazo". Entonces me puse a pensar en la inmensa suerte de nacer a destiempo, en la justicia de una sociedad que ha creado una brecha generacional entre los jóvenes pero sobradamente preparados y ésos que ya tenemos todo el bacalao vendido. Para nosotros, cualquier tiempo pasado fue mejor. Cuando estudiábamos, el ordenador era prácticamente un holograma al que sólo veíamos en fotografía. Si querías salir al extranjero, ya podías tener buena preparación de au pair porque el programa Erasmus era una realidad virtual. Ahora, la vida también nos sonríe. No podemos aspirar a las ayudas del alquiler porque somos demasiado mayores y hemos pagado cómodos préstamos al 19%. No nos queda el consuelo del cheque-bebé porque se nos ha pasado el arroz. Y ni siquiera tenemos derecho a los 400 euros de la devolución fiscal porque para algo las vascas y los vascos tenemos a buen recaudo nuestras propias haciendas. Cosas de Ibarretxe. Aunque ahora que lo mento, quizá en el plantel de consejeros de Lakua -algo más talludito- tenga algo que hacer.
conchalago@deia.com |
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