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Colaboración
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La balanza de la justicia
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José Serna Andrés
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Es lógico que nos echemos las manos a la cabeza cuando conocemos noticias en las que se certifica que una persona delincuente no ha cumplido la pena que se le había impuesto. Y si esa persona ha vuelto a cometer un delito similar o más grave aún, después de presentarse habitualmente ante las autoridades judiciales, nuestro concepto de justicia se tambalea. Es cierto, si el Estado no vela para que se cumpla la ley ¿quién lo va a hacer? Pues Fuenteovejuna, todos a una.
Y uno no está proponiendo que cada cual haga la justicia por su mano. Bueno, sí y no. Uno no está pensando en el justiciero bueno que mata a los malos porque la justicia no actúa y, de lo contrario, los malos se van a ir de rositas. Que cada cual haga la justicia por su mano quiere decir que cada cual debe ser justo y hacer justicia en su vida. En fin, quizá hemos dicho algo políticamente incorrecto, pero por ahí comienza el sentido de la justicia, y ahí acaba. El funcionariado al servicio del Estado debe cumplir la ley, debe trabajar concienzudamente con la ley en la mano, y debe aplicarla. Quien no lo hace debe recibir una sanción, también según la ley, pero el concepto de justicia va más allá.
Eso de dejar la justicia solamente en manos de la justicia es un fiasco. Si hay tantos casos pendientes en los tribunales es porque no se dedican los presupuestos suficientes y porque también en algunos casos hay falta de organización y desidia. Pero si se delinque es porque nuestro concepto del bien y del mal se ha ido de vacaciones, y ese es el problema. No se pueden hacer comparaciones, pero es algo muy serio.
Más aún, a veces identificamos lo legal con lo justo, y sabemos que eso no coincide siempre; guerras legales, especulaciones legales, explotaciones legales, leyes injustas, personas burladoras de la ley. ¿Y el derecho al servicio de la justicia? Esa es otra de nuestras asignaturas pendientes. Uno sueña con personas dedicadas a la abogacía porque su ansia de justicia les mueve a realizar ese trabajo, pero después analizamos otras situaciones y podemos comprobar que una parte significativa de profesionales de la abogacía se dedica a estudiar todos los resquicios para poder burlar la ley. No se busca la justicia, sino la exculpación de quien paga la minuta. Y se crean despachos potentes que son capaces de tapar el olor de la injusticia llegando a los intersticios del infierno si es necesario. No importa si se sirve a la balanza de la justicia, pero se consigue lo que pide la clientela, aunque se abra una brecha, o mil, en el sistema.
Quienes son profesionales de la medicina juran defender la vida, y aunque en ocasiones se discute en cuestiones fronterizas hasta dónde llega y hasta donde no llega, el planteamiento es claro. ¿Sucede lo mismo en el cuerpo de la abogacía? ¿Es ético hacer todo lo posible para que una persona delincuente quede libre de condena? Otra cosa es que no se conculquen sus derechos, que el Estado no abuse, que se trate a la persona acusada como persona. Porque uno piensa que en los casos en los que un juez, por desidia, no ha sido capaz de hacer cumplir las penas relacionadas con un delito -algo que es aberrante-, detrás ha tenido a más de un miembro de la abogacía que lo sabía, y que se frotaba las manos. ¿Tiene responsabilidad penal? Creo que no, pero tiene una responsabilidad desde el punto de vista ético. ¡Ah!, perdón, es de eso de lo que no queremos hablar, porque si lo referimos a la abogacía también lo relacionaremos con otras situaciones que afectan, más o menos, a nuestras vidas, y de eso no queremos hablar, pues decimos que la balanza de la justicia es sagrada, como si se tratase de algo que al parecer no es de este mundo, pero claro que lo es. |
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