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Shammond Williams juega en el Pamesa como georgiano. |
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Un pasaporte, por favor
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Shammond Williams, jugador del Pamesa, es un ejemplo de los jugadores que en los últimos años han accedido a nacionalidades europeas con la intención de ampliar su mercado.
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Cuando Jon Robert Holden, base estadounidense nacido en Pittsburgh (Pennsylvania), anotó el tiro que dio la medalla de oro del Eurobasket a su selección, mucha gente se dio cuenta de que los tiempos están cambiando. Esa selección era... Rusia. Años de Guerra Fría sepultadas con una acción que duró apenas un par de segundos y el baloncesto europeo cayó en la cuenta de que debe estar preparado para una nueva realidad.
Holden es ruso por la gracia de Vladimir Putin, lo mismo que Kelly McCarty o que Travis Hansen, el mormón que tan buen recuerdo dejó en el Tau y que, con sólo dos temporadas en el Dinamo Moscú, acaba de recibir la nacionalidad por decreto del polémica presidente. David Blatt, el técnico americano-israelí que obró el milagro, ha llamado a los tres para los primeros entrenamientos previos a los Juegos Olímpicos, a sabiendas de que la normativa de la FIBA sólo permite a cada selección contar con un jugador nacionalizado. "Por si acaso", ha dicho Blatt.
Nada es como antes cuando las plantillas se dividían en nacionales y extranjeros. Las fronteras se difuminan en el siglo XXI. Los jugadores estadounidenses y sus agentes, que no son tontos, y los clubes han descubierto el filón que supone el nuevo orden económico-deportivo-social. Ahora conviven nacionales, Bosman A, Bosman B y extracomunitarios. En cada competición europea rige su propia política de contratación y, por ejemplo, en la Euroliga no hay ninguna limitación. El mercado se ha ampliado notablemente y, por eso, de un lustro para aquí proliferan las nacionalizaciones más o menos éticas, aunque nadie habla cuando el plácet llega de las más altas esferas.
De este modo, Shammond Williams accedió al pasaporte de Georgia, el país que está junto al Mar Negro, no el estado de la Coca-Cola. El único compromiso para el jugador del Pamesa era estar disponible para jugar con la selección de la república ex soviética, que aún con su concurso, no ha logrado abandonar el rango B europeo. No es el único: otros dos jugadores de la ACB, Tyrone Ellis (Cajasol) y Melvin Sanders (Unicaja), gozan de la nacionalidad georgiana. Sorprende que quienes ponen el grito en el cielo propugnen al mismo tiempo la candidatura de Louis Bullock a ingresar en el equipo de Pepu Hernández. Eso por no hablar de otros deportes en los que esta práctica se da a escala mundial.
Sí llama la atención que sean las nuevas república nacidas de la desmembración de la Europa comunista las que repartan pasaportes con tanta celeridad, toda vez que ello no ha reportado beneficios visibles al baloncesto de esos países. Al margen de los ya citados, en algunos de los mejores equipos de Europa juegan otros estadounidenses con una segunda nacionalidad. Macedonia aporta a Darius Washington (Aris), Kevin Fletcher (Surgut), Mike Wilkinson (Khimki) y Ryan Stack (BC Kiev). Como bosnios juegan Terrel Castle (Unicaja) y Henry Domercant (Dinamo Moscú). Bulgaria suma a Roderick Blakney (Olympiacos) y Priest Lauderdale (Lukoil). Marcus Norris, base del Gran Canaria, cuenta con pasaporte croata y el Akasvayu tiene en su plantilla a Arriel McDonald, internacional con Eslovenia, y Maurice Whitfield, que lo es con la República Checa.
Conviene recordar la que se lió hace unos años cuando el Tau fichó a Sherron Mills y lo inscribió como turco. Entonces parecía una excentricidad, otro desafío de Josean Querejeta, lo que ahora está, como se ve, a la orden del día. Porque se rumorea que la lista de espera es amplia y las gestiones de despacho, intensas. Jugadores estadounidenses muy cotizados como Jeremiah Massey, Marc Jackson, Qyntel Woods o Mike Batiste podrían acceder en breve a un pasaporte europeo. Macedonia, Bulgaria... da igual. En cuanto lo tengan, muchos grandes equipos se frotarán las manos. Las barreras han caído y con ellas, los escrúpulos.
El seleccionador ruso ha convocado a tres estadounidenses para preparar los Juegos |
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