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20-04-2008
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La batalla de Villarreal se prolongó durante casi un mes de combates encarnizados con muchas bajas.
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La batalla de Villarreal (finales de noviembre-diciembre de 1936) fue la única ofensiva que lanzó el Ejército vasco. Una ofensiva planificada para aliviar la presión de los franquistas sobre Madrid y que fracasó.
LA anti-España fue vencida y derrotada, pero no está muerta". La demoledora frase es de Francisco Franco y la pronunció en la inauguración del Valle de los Caídos. No estaba muerta, pero sí enterrada. Enterrada en el mismo recinto en el que años más tarde lo estaría él mismo. Enterrada sin el pudor de los franquistas y con la indignación de quienes los combatieron. 33.400 fichas componen el archivo del monumento construido para homenaje a los que se sumaron al alzamiento del 18 de julio. 20.000 de ellas pertenecen a desconocidos, el eufemismo empleado para definir a quienes conformaron la anti-España de la que hablaba Franco. Eran fieles a la República. Y no importaban sus nombres. Entre esos desconocidos, fueron condenados a dormir el sueño eterno con su enemigo 117 milicianos y gudaris muertos en la batalla de Villarreal. Y 137 navarros de Lizarra, de Cárcar, de Corella... Hasta donde se sabe.

La intención original de los franquistas, con el propio Franco a la cabeza, no era la de compartir con los republicanos un monumento cuyo principal motivo de existir era "dar sepultura a los héroes y mártires de la Cruzada". Pero la grandeza de su victoria no pareció convencer a las familias de sus mártires -también pudo pesar la presión internacional para abrir el monumento a los republicanos-. Pidieron permiso a los familiares de los caídos por Dios y por España, pero en muchos casos no lo consiguieron. Entre quienes sí dieron su permiso se encuentran 29 alaveses, 213 vizcainos, 16 guipuzcoanos y siete navarros. Son los únicos vascos con nombre propio.

El resto está en el Valle de los Caídos sin nombre y sin permiso. Porque nadie fue a preguntar a sus familiares si aprobaban el traslado. Simplemente se llevaron sus cadáveres. Se los llevaron de las fosas comunes. De las fosas comunes que hasta entonces, hasta 1958-1959, negaban que existieran. De las fosas comunes en las que no dejaron a sus seres queridos llorarlos. El Ministerio de Gobernación ordenó el traslado de los restos al Valle de los Caídos. Para ello, envió instrucciones a los gobernadores civiles de cada territorio. Órdenes exactas. "Deberá este Gobierno Civil, sobre un mapa de 60x60 centímetros de su provincia, determinar las localidades en las que existen caídos o inmolados a trasladar", decía el decreto firmado por Camilo Alonso Vega, entonces ministro de Gobernación.

Muchos de los gobernadores optaron por elaborar adicionalmente mapas con la localización exacta de las fosas comunes en cada uno de los municipios y el número de muertos que había en ellas. Otros mandaron redactar informes, principalmente a la Guardia Civil, con esos mismos datos. Unos mapas e informes que serían muchos años después una buena pista para buscar a los desconocidos y los desaparecidos.

a ciencia cierta Esos informes han sido los que setenta años después han permitido corroborar a Iñaki Egaña y a Jimi Jiménez, miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, la existencia de 117 muertos en la batalla de Villarreal y de otros 137 navarros cuyos restos fueron trasladados al Valle de los Caídos. Buceando en el Archivo General de la Administración, en Alcalá, han dado los primeros pasos de una investigación que se adivina larga. "Lo único que podemos confirmar hasta ahora es que los 117 que se llevaron de Araba son muertos del bando republicano de la batalla de Villarreal. Los muertos del bando franquista fueron trasladados a Gasteiz, pero a los republicanos los enterraron allí", explica Egaña. 117 personas a las que sepultaron en el mismo bosque, sin miramientos. Y a las que se llevaron en 1959, también sin miramientos. Porque no sólo no se molestaron en identificarlos. Ni siquiera separaron sus restos. "No fueron trasladados en 117 cajas, sino en ocho o en diez, todos los huesos mezclados". Como en tantos otros lugares del Estado. "Envío colectivo o envío masivo de tantas cajas, señalan muchos documentos que hemos visto", indica este historiador e investigador.

Entre esos restos de gudaris y milicianos abatidos en el frente de Legutiano, se sabe que estaban los de Pedro Gras, capitán del Batallón Azaña Vizcaya, de Izquierda Republicana, fallecido en plena refriega en el pinar de Txabolapea. "Y habría bastantes más que yo creo que sería factible saber quiénes son, porque tenemos la gente que murió entonces, algunos traslados a cementerios... Creo que no sería complicado".

No sería complicado si hubieran obtenido ya el permiso para acceder al archivo del Valle de los Caídos. Un permiso que Jiménez y Egaña solicitaron en noviembre del año pasado y, aunque es un trámite que puede resolverse "en dos días", aún no han obtenido. "Clama al cielo".

Acceder a esos archivos también facilitaría las cosas en el caso de los 137 navarros trasladados a ese mismo lugar. "Tendríamos que comprobar quiénes son, pero sabemos que se los llevaron de Lizarra, de Cárcar y parece que también de Corella. Entre ellos estarían Francisco Nagore y Jesús Azcona, que eran el presidente y el secretario de la Federación de UGT de Estella", apunta Egaña.

la duda de 'aitzol' Y quizá esa misma investigación pueda esclarecer qué ocurrió con los restos de José Ariztimuño, Aitzol. Clérigo, periodista y escritor, entregado al renacimiento de la cultura vasca y miembro del PNV, fue apresado en Pasaia por los franquistas y fusilado junto a los también curas José Adarraga y Alejandro Mendikute, entre otros, el 17 de octubre de 1936.

Cuando los miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi excavaron hace cuatro años en el lugar donde estaba la placa en su memoria y donde anualmente realizaban una misa y un homenaje descubrieron que no había nada. Nada no. Sólo una caja con restos humanos y con unas iniciales que corresponderían a otros dos curas. Una caja idéntica a las que se usaban para los traslados al Valle de los Caídos. "En ese lugar nos aseguran que no ha habido jamás un traslado desde Hernani. Nosotros sí hemos encontrado, por el contrario, un trabajo del cuartel de la Guardia Civil de Hernani que data, precisamente, de cuando se pide la información para traslados al Valle de los Caídos. Ese trabajo especifica que en la fosa en la que nosotros habíamos excavado había doce personas, de las cuales ocho eran curas, y sus nombres", explica Egaña. En cualquier caso, reconoce que el hecho de que el informe exista no quiere decir que, finalmente, sus restos fueran trasladados. "La única certeza que tenemos es que en lugar donde fue enterrado Aitzol no hay absolutamente nada de él ni de sus compañeros, a excepción de esa caja. Nuestra hipótesis es que se hicieron varios traslados y, por alguna razón inexplicable, la última caja se quedó sin enviar", asegura.

Esas cajas viajaban por carretera, "sin un furgón especial ni nada por el estilo. Tenemos la sospecha de que el camión puede salir de Hernani, por ejemplo, para recoger otras cajas en, también por ejemplo, Pancorbo y que el punto de origen que figure en el Valle de los Caídos sea ese segundo lugar. Y hasta que no tengamos acceso al archivo del Valle de los Caídos… La única vía de investigación es el envío, desde dónde se mandan las cajas".

de rabia y humillación En el transcurso de esta investigación, Egaña y Jiménez han tenido oportunidad de hablar con familiares de parte de los 254 defensores de la República que saben están enterrados en el monumento franquista. Y su reacción inicial es de sorpresa. Una sorpresa que se torna después en otros sentimientos: rabia, impotencia, humillación. "Mucha gente lleva setenta años buscando pistas. Les han cerrado todas las puertas, les han negado todo. Y cuando encuentran una luz al final del túnel, ¿con qué se topan? Casi con una pesadilla. He tenido ocasión de hablar y de dar la noticia de que cabe la posibilidad de que sus familiares estén enterrados en el Valle de los Caídos. Y les invade una rabia y una impotencia increíble. Un sentimiento de humillación, por hasta qué punto el franquismo ha sido capaz de campar a sus anchas y de hacer lo que le diera la gana con impunidad total", señala Egaña.

Queda por ver si algún día podrán recuperar los restos de sus seres queridos. "Desconozco si se podrán exhumar sus restos. Sé que ha habido un traslado hace poco, creo que en 2007, de algún pueblo de Madrid que lo había solicitado. Pero esa fase vendría una vez de conocer cómo están los restos. Y habría que hacer las gestiones para devolverlos. Lo veo complicado, porque así como estuvieron en fosas comunes, también los llevaron al Valle de los Caídos en cajas comunes", indica Egaña.

De momento, el permiso para saber si están en el Valle de los Caídos está por llegar. La posibilidad de identificarlos y la de llevárselos de allí, también. Para que descansen en paz, entonces sí.

memoria de la guerra civil en euskadi

Sus restos fueron trasladados sin identificación y mezclados en cajas

Los investigadores de Aranzadi llevan 6 meses esperando el permiso para acceder al archivo
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