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Andoni Iraola culminó su excelente conexión con Joseba Etxeberria para batir con su pierna izquierda a Mora. |
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Subidón
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El Athletic pasa por encima del Valencia en una noche memorable y con prestaciones de lujo.
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bilbao. Todo un festín. El Athletic se vistió de gala. Firmó una noche para guardar en la retina. Porque tardará en olvidar la lección que ofreció ante un Valencia en descomposición. Un 5-1 que habla por sí solo. Que dice que este Athletic puede y debe pensar en cosas interesantes. Que está en condiciones de pujar por la plaza de Intertoto que le lleve a Europa. Una noche para disfrutar. En la que los leones rozaron la perfección. En la que Llorente firmó su segundo doblete consecutivo ante el Valencia. En la que Joseba Etxeberria recordó al de sus mejores días. En la que Iraola se reivindicó. En la que Aduriz volvió a marcar en San Mamés en Liga 14 meses después... Todo fueron buenas noticias. Un subidón.
La derrota en Riazor abrió un debate. Se puso sobre la mesa la posibilidad de que el Athletic, una vez amarrada la permanencia, se iba a dejar llevar en lo que quedaba de curso. Es decir, la palabra relajación ganó protagonismo. Tal lectura debió herir el orgullo de los leones tal como delató el viernes Joseba Etxeberria. El capitán defendió la causa de la Intertoto, el objetivo por luchar. Sus declaraciones no fueron un gesto para la galería. Porque el Athletic salió enchufado. Tiró de una asfixiante presión y se fue a por los tres puntos ante un rival que se asoma al precipicio del descenso cuatro días después de lograr un billete a la Copa de la UEFA. El Valencia, en su condición de campeón de Copa, estará la próxima campaña en Europa. El conjunto rojiblanco, a cinco puntos del Sevilla -sexto clasificado-, sabe que lo lógico es llegar por el rodeo de la Intertoto. Lo cierto es que el Athletic apostó por el triunfo y se llevó el premio gordo. Porque el fútbol desvela sensaciones y las del equipo de Koeman desnudan un profundo deterioro en Liga. Las del Athletic, en cambio, son bien satisfactorias.
Caparrós también puso lo suyo para enterrar cualquier atisbo de duda. Al de Utrera, a primera vista, no le va eso de la relajación. El técnico rojiblanco, sin más, fue fiel a sus intenciones. Puso en liza el once esperado, con la presencia de Ustaritz en el lugar del lesionado Aitor Ocio, con el regreso de Markel Susaeta a la banda derecha y con Joseba Etxeberria como pareja en ataque de Llorente tres partidos después. Un 4-4-2 estricto. Ronald Koeman, que puede recibir la carta de despido, sí movió piezas. La primera obligada, ya que Hildebrand no se recuperó de sus molestias por lo que Mora compareció bajo palos. La segunda, al rescatar a su compatriota Maduro, ausente en la final del Vicente Calderón. Y la tercera, al variar su sistema a una especie de 4-1-4-1, con Marchena por delante del cuarteto defensivo y con Villa como único referente ofensivo.
El Athletic tuvo la virtud de leer el encuentro. Esquivó el tráfico por el que abogó el Valencia en la medular. Ganó ahí la primera batalla. Porque los leones, pese a las dos acciones que parecían indicar la retirada de Yeste, se volcaron en su banda derecha, la que explotaron a más no poder. Susaeta, cuya baja bien la acusó su equipo en Riazor, puso ese plus de verticalidad que tanto se echó de menos en A Coruña. El de Eibar se ofreció y en un arranque suyo nació el tanto de Javi Martínez, con la colaboración de Albiol. El de Aiegi, nuevamente enorme y al que no se le agota su depósito de gasolina, aprovechó una dejada de Llorente para sorprender a Mora. El gol recompensó la actitud del Athletic. Y castigó a un pobrísimo Valencia que sólo inquietó en un golpe directo botado por Villa. El conjunto rojiblanco, bien puesto, tenía el partido donde más gusta, aunque le faltó llevarse un rédito mayor, sobre todo en dos apariciones de Etxeberria.
llorente, letal El segundo acto invitaba a otro examen. Sobre todo, porque el Valencia, obligado por la necesidad, retocó su sistema. Koeman se desmelenó. Renegó de su 4-1-4-1 conservador y lo estiró con la entrada de Joaquín y Morientes. Caparrós, en cambio, tuvo que prescindir de Yeste, que no solventó los golpes recibidos, y dar la alternativa a Garmendia. El Athletic ni se inmutó ante el nuevo escenario. Porque Fernando Llorente surgió. El de Rincón de Soto mató el partido. Llorente sabe que el Valencia es su rival preferido. Ante el que se hace grande. En el partido de la primera vuelta en Mestalla se estrenó en el presente ejercicio con un doblete reparador. Ayer repitió tal abundancia para acabar con su racha de seis jornadas sin mojar. Le dolía esa sequía. Una excelente combinación por banda derecha entre Iraola y Etxeberria propició que enterrara su escasez al culminar con la puntera derecha tal acción de lujo. Un regalo a la vista.
Minutos después, Garmendia, su socio desde las categorías inferiores, le sirvió el segundo, con un magistral servicio entre líneas. Llorente erró en su intento de vaselina, pero lo arregló al trabajarse el toque de Mora. La fiesta ya estaba servida y a la que se sumó también Armando, que evitó el 2-1 al desviar un disparo a bocajarro de Morientes. La noche era de gala. El Athletic se veía guapo. Como hacía mucho tiempo que no se recordaba. Empuje, compromiso, velocidad, destellos de exquisitez… Un cóctel para saborear. Sorbo a sorbo.
El gol de Villa, que marcó con la colaboración involuntaria de Amorebieta en San Mamés por segunda vez como valencianista, pasó al cajón de las anécdotas. Porque el Athletic estaba lanzado. Como lo estaba Iraola, en su partido más redondo de la campaña. El de Usurbil volvió a conectar con Etxeberria para poner la guinda con su primer tanto del curso en Liga -ya lo había hecho en Copa ante el Espanyol en Montjuïc-. Más gozo. Y faltaba más. Era la noche para ello. Aduriz era otro rojiblanco con una deuda pendiente. La saldó. Porque volvió a marcar en Liga en San Mamés 14 meses después, ya que la anterior ocasión se remontaba a la jornada 23 de la pasada temporada con un doblete frente al Getafe. La manita. Para enmarcar. |
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