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Carlos Gurpegi ha sorteado todo tipo de trabas para volver a ejercer su profesión. |
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Gurpegi, al final del laberinto
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El centrocampista de Andosilla se entrenará hoy sabiendo que su sanción concluirá a medianoche. Carlos Gurpegi vuelve a ser futbolista de pleno derecho después de un proceso injusto y muy farragoso que comenzó en septiembre de 2002.
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Roberto Calvo
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unO se cree que las mató el tiempo y la ausencia. Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta". Aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat regresan a Carlos Gurpegi. La vida ha vuelto a dejarle en el andén y el tren del fútbol vuelve a pasar para el jugador de Andosilla. Ni el tiempo (casi dos años) ni la ausencia de los terrenos de juego han podido con una ilusión nacida en la infancia y mantenida con vida a fuerza de cariño y comprensión. Cuando Gurpegi salte hoy a los campos de Lezama, lo hará sabiendo que su esfuerzo podrá obtener la recompensa de la convocatoria dominical, que su carrera se reinicia en el punto que quedó el 9 de abril de 2006 cuando disputó su último partido oficial ante el Mallorca, que curiosamente tuvo que abandonar en camilla prematuramente.
Calzarse las botas con un objetivo claro, pelear por un puesto, subirse al avión, pasear junto a los compañeros horas antes del partido, disfrutar las victorias o sufrir las derrotas en primera persona, todas esas pequeñas cosas retornan a la rutina semanal de Carlos Gurpegi, que vuelve a ser futbolista de pleno derecho.
Derecho es lo que ha faltado en un caso que, pese al tiempo transcurrido, aún no ha podido hacer resplandecer la verdad y en el que ha habido muchos actores y sólo unas pocas víctimas: el jugador y su familia. Nadie más. La confrontación revanchista entre la ciencia y el Derecho, entre las pruebas irrefutables y los reglamentos, entre el conocimiento y la ignorancia, se llevó por delante dos años de un centrocampista convertido, a su pesar, en un símbolo para unos y en un mal ejemplo para otros.
En todos estos meses y años, ha pasado por distintos estados de ánimo: rabia y estupefacción en las semanas posteriores a que se conociera su positivo; indignación al negársele la presunción de inocencia y el derecho a la defensa; resignación tras comprobar que la condena ya estaba dictada... El fútbol de verdad, el que se juega en el campo y no en los despachos o en los laboratorios, fue el que permitió a Gurpegi descargar su frustración en cada entrenamiento, ajeno a una realidad que le impedía ejercer su profesión.
A Lezama y al Athletic, a Andosilla y a su familia se agarró para seguir queriendo ser lo que era antes. Ahora ha llegado el momento de una ilusión incontenible, que ha contagiado a cuantos le rodean en el trabajo diario y que ha sido jaleada por el entrenador y sus compañeros. Gurpegi, el 18 del Athletic, ha hallado la salida del laberinto.
El proceso Cúmulo de irregularidades
Estadio de Anoeta, 1 de septiembre de 2002. Carlos Gurpegi deposita su orina en un frasquito. Justo en ese momento comienza su calvario. El laboratorio encargado del análisis retrasó el mismo de forma incomprensible, aduciendo una excesiva carga de trabajo, y se entró en una espiral de irregularidades, chapuzas, dobles raseros, omisiones y recursos durante casi seis años.
El Comité de Competición resolvió sancionar a Gurpegi con dos años y el Athletic se volcó en la defensa del jugador. Términos como nanogramo, metabolito, nandrolona, 19-norandrosterona u orina inestable aparecieron en las conversaciones de los seguidores rojiblancos. Sabino Padilla, a quien se señaló con el dedo como máximo responsable del positivo de Gurpegi, no tardó en presentar un estudio de la Universidad de Extremadura y un estudio capilar que defendían, básicamente, que el jugador producía la 19-norandrosterona de forma endógena y contradecía las tesis que sustentaban todo el proceso sancionador.
El ya llamado caso Gurpegi se vio atrapado en un marasmo jurídico, científico y político, en el que hubo un claro enfrentamiento entre el Athletic y el Consejo Superior de Deportes por la calidad de las pruebas y de los laboratorios que las aportaban. Ni siquiera la intervención de la Agencia Mundial Antidopaje, que daba la razón al Athletic, hicieron cambiar el destino de Gurpegi que, enquistadas las posturas de uno y otro lado, se encaminó inexorablemente a una sanción de dos años.
Los distintos recursos planteados por el club y el jugador, tanto en la justicia deportiva como en la ordinaria, sólo sirvieron para que Carlos Gurpegi pudiera jugar, aun con la espada de Damocles de la sanción encima, durante varios meses, aunque también retrasaron la resolución del asunto, que no su esclarecimiento. La justicia era impermeable y ciega ante los dictados de la ciencia.
Casi cuatro años después de que el centrocampista de Andosilla miccionara en Anoeta, el 31 de julio de 2006, la Audiencia Nacional confirmó con nocturnidad y alevosía la sanción con una sentencia "definitiva contra la que no cabe interponer recurso ordinario de casación ante el Tribunal Supremo". Carlos Gurpegi, que disfrutaba con sus compañeros de la pretemporada en Holanda, recibió la peor noticia de su vida y puso en marcha ese día la maldita cuenta atrás que termina hoy.
los protagonistas Buenos y malos
Carlos Gurpegi ha recibido en los últimos años la adhesión incondicional de todos los estamentos del Athletic, que han defendido su inocencia de forma tan loable como inútil. Y han sido muchas voces las que se han significado en estos seis años. Tan largos que por el club rojiblanco han pasado cinco presidentes: Javier Uria (qepd), Ignacio Ugartetxe, Fernando Lamikiz, Ana Urkijo y Fernando García Macua; siete entrenadores: Jupp Heynckes, Ernesto Valverde, José Luis Mendilibar, Javier Clemente, Félix Sarriugarte, José Manuel Esnal Mané y Joaquín Caparrós. Gurpegi tiene buenas palabras para todos: hacia los primeros por empeñarse, con más o menos acierto y argumentos, en su defensa. Hacia los segundos, porque mientras estuvo disponible, todos confiaron en él para formar en el once inicial de cada domingo.
Muchos jugadores fueron abandonando el Athletic, pero la plantilla siempre respaldó a su compañero. Hasta el último partido ante el Valencia, el equipo ha salido al campo con una brazalete verde que reclamaba justicia a oídos sordos. Como hizo la afición con manifestaciones de apoyo bienintencionadas e ingenuas, en muchos casos. Las pulseras verdes se hicieron populares y van a mantenerse hasta que "no se haga realmente justicia", como reclaman las peñas, lo mismo que las camisetas rojas con las que estos días se quiere dar cuenta del final de la condena.
Carlos Gurpegi siempre encontró aliados a su causa que tiene en Sabino Padilla a su otro protagonista destacado. El doctor de Otxandio, que empeñó su crédito en apoyo al jugador, no encontró tanto respaldo en voz alta. Tras las últimas elecciones, su despido pareció la última baza que el club, en este caso García Macua, jugó tarde y mal para tratar de dar la vuelta a una situación irreversible y poner una cabeza en la guillotina. Gurpegi había asumido hacía meses que iba a tener que cumplir la sanción en su integridad.
Al fondo de la escena, están dos personajes que han permanecido inamovibles desde que el caso Gurpegi estalló. En un lado, Jaime Li-ssavetzky, que accedió a la secretaría de Estado para el Deporte con el proceso en marcha y que hizo de Gurpegi el emblema y víctima de su tolerancia cero en la lucha contra el dopaje. Como político, siempre se puso de parte de los organismos oficiales, cayendo incluso en el cinismo: "Todo el mundo, en el supuesto de que así sea, puede cometer un error. Estoy convencido de que volverá a ser el magnífico jugador que era".
En otro lado, figura Ángel María Villar, presidente de la Federación Española, cuya iniciativa más destacada fue proponer en enero de 2005 un risible intento de indulto que fue tumbado un minuto después de que lo propusiera. Contra los que gustan de relacionar al Athletic con el mandatario y ex jugador del club, Gurpegi opuso hechos: "Si Villar estuviera de nuestra parte, yo llevaría 200 partidos en el Athletic".
El futuro Cuatro temporadas más
El futuro que le espera a Carlos Gurpegi tras concluir su sanción sólo puede ser halagüeño. El Athletic confió en él cuando peor lo estaba pasando y le extendió una renovación de contrato hasta 2012. Son cuatro temporadas las que el jugador tiene por delante para saciar su insaciable hambre de fútbol y quizás las prisas no sean buenas consejeras.
Al margen de que el domingo pueda reaparecer en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid, su incorporación al juego del equipo debe ir más allá de los buenos propósitos manifestados por Joaquín Caparrós. Cuando empezó a cumplir su sanción, Gurpegi era titular indiscutible (146 partidos en cuatro temporadas completas) y un evidente soporte físico para el equipo. Pero casi dos años sin jugar dan para pensarse su ubicación en un bloque de distintas características. No es lo mismo entrenarse a diario, por muy bien que se haga, que enfrentarse al ritmo de competición de Primera División. Es imposible que el de Andosilla esté físicamente como antes.
Lo peor que puede ocurrirle a Carlos Gurpegi y a quien debe hacerle sitio en el equipo es caer en la precipitación, acelerar los plazos y querer recuperar en cuestión de semanas el mucho tiempo perdido. Antes de la sanción, Gurpegi, Orbaiz y Tiko se repartían casi en exclusiva el trabajo en el doble pivote. Ahora, Orbaiz sigue siendo importante cuando le dejan las lesiones, pero ha irrumpido Javi Martínez con una fuerza descomunal y está Iñaki Muñoz con contrato por una temporada más. Tiko ha perdido importancia, aunque Yeste aparece como un recurso cada vez más habitual en los planes de Caparrós. La próxima temporada habrá overbooking en la posición en la que se desenvuelve Gurpegi y todo el mundo empezará de cero. Además, ahora el Athletic está funcionando, tiene miras europeas y conviene hacer pocos retoques en las cinco jornadas que faltan.
Ahora bien, el regreso de Gurpegi se produce en un momento en que el equipo rojiblanco se ha quedado sin gente en el centro del campo. Orbaiz y Muñoz están lesionados y Yeste es duda para jugar el domingo. Visto así, se entendería que Gurpegi fuera titular ante el Real Madrid. Pero hay otro factor a tener en cuenta. Los técnicos y médicos del club, junto al propio jugador, deben considerar si es conveniente someterse al estrés psicológico que supone una reaparición en el escaparate desde el que se han proyectado algunos de los comentarios más desagradables y algunas de las críticas más aceradas de estos seis años. Por más que en el Madrid madridista se viva un ambiente prefestivo, mucha de la atención del partido se concentrará en torno a Carlos Gurpegi, lo que a su vez puede distraer a todo el Athletic y provocar algún conflicto.
El centrocampista navarro ya ha demostrado sobradamente su fortaleza mental, no hay duda sobre ella. Volver en el Bernabéu no le disgusta, seguramente le motiva, y la desahogada posición del Athletic en la clasificación resta presión al esperado momento. Pero Gurpegi no es de piedra y también hay muchas voces que se han alzado para reclamar que su regreso debe producirse al cobijo de San Mamés, de toda la gente que le ha ayudado a sobrellevar una penitencia injusta y desesperante. Joaquín Caparrós y, probablemente, el jugador tendrán la última palabra. Pase lo que pase, hay Carlos Gurpegi para rato. Ni el tiempo ni la ausencia han podido con él.
81 partidos quedaron por el camino
No han sido estas dos últimas temporadas las mejores en la historia del Athletic, desde luego. Carlos Gurpegi se ha ahorrado malos tragos, aunque a él le habría gustado estar en el campo para echar una mano a sus compañeros, compartir el sufrimiento y disfrutar de algunos partidos decisivos. Su aportación debía limitarse a los entrenamientos, donde sumó como el que más y estuvo siempre dispuesto a animar al equipo y dar ejemplo de implicación y compromiso con los colores. Además de los seis partidos que se perdió en el final de la temporada 2004-2005, el jugador de Andosilla ha dejado de participar en 81 encuentros en las dos últimas campañas, repartidos en 38 de Liga y 4 de Copa en la 2005-2006 al completo y 33 de Liga y 6 de Copa en lo que se ha consumido de la actual 2006-2007. Unos pocos amistosos, camuflados como partidos no oficiales para evitar más represalias de los organismos oficiales, no pueden haber satisfecho a un jugador que hace del despliegue físico su principal característica. Portugalete fue la última parada del Gurpegi proscrito. Ya no tiene de qué esconderse. >r.c.r. |
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