sevilla. Diez años después de la peor catástrofe medioambiental en la historia del Estado español, causada por la rotura de una balsa minera a las puertas del Parque Nacional de Doñana, las heridas parecen haber cicatrizado. Pero la naturaleza de la zona sigue amenazada y los ecologistas advierten de que un desastre así se puede repetir.
Según Fernando Hiraldo, director de la Estación Biológica de Doñana, "los niveles de contaminación están ahora muy por debajo de los que se registraban antes del vertido, ya que aquella mina ya no existe".
En efecto, la explotación de la multinacional sueco-canadiense Boliden donde se originó la catástrofe aquel 25 de abril de 1998 ya no está. Pero en la misma zona se está construyendo otra mina a cielo abierto, la de Cobre las Cruces, lo que ha desatado duras críticas de grupos ecologistas. También Hiraldo es muy crítico con este proyecto. "Me pregunto si hemos aprendido la lección. Quisiera creer que sí, pero tengo serias dudas. Viendo cómo se ha llevado el proyecto de la mina de Las Cruces, cuyos desechos contaminantes van también al río Guadalquivir, pienso que no", manifestó este biólogo del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en un escrito de cara al décimo aniversario del desastre, que se cumple mañana viernes.
En el recuerdo está siempre aquel fatídico sábado de hace diez años cuando, de madrugada, se rompió el dique de una balsa de decantación en una mina de pirita de Boliden Apirsa en Aznalcóllar, al noroeste de Sevilla. Seis millones de metros cúbicos de lodos tóxicos y aguas ácidas se extendieron a lo largo de 60 kilómetros del cauce del río Guadiamar, un afluente del Guadalquivir, y el humedal de Entremuros, arrasando la vida acuática y depositando metales pesados como arsénico, plomo y zinc en una zona del tamaño de 6.200 campos de fútbol perteneciente a nueve municipios sevillanos. Para hacerse una idea de la dimensión del desastre, sirva un ejemplo: la cantidad de material contaminante esparcido en el área afectada a lo largo y ancho de 4.600 hectáreas supera en mil veces las 63.000 toneladas de fuel vertidas por el petrolero Prestige. >J. Vogelsanger |