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Tierra a la vista
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La opción de no ir
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Xabi Larrañaga
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a Rosa de España, la voz con chicha de Operación Triunfo, la impulsó tanto la fama que aterrizó estrellada en Nueva York. Allí la adelgazaron de mala manera, le afilaron la cara y la greña a lo Grace Jones y a lomos de cada caloría fugitiva se largó de su garganta la parte proporcional de aquel furor cantarín. Hoy ignoramos si regresó a la orquesta del pueblo a repetir Paquito El Chocolatero o está de gira en las Américas, que es donde dicen estar muchas folclóricas cuando en Carmona no se comen un moquele. A mí la granadina me caía muy bien aunque le entendía muy mal, y me cayó mejor una noche en que le preguntaron sobre su estancia en Manhattan. La chica contestó que se había fotografiado en locales muy chic pero no pudo ocultar la verdad verdadera: "Llevo tres años sin poder ir a El Corte Inglés y al Alcampo, que es donde compro, y si te soy sincera a las tiendas de Nueva York entraba llena de bolsas pero en realidad no me compré na de na, la gente se cree que he visto un paraíso pero qué va, yo pasé allí mucho frío". A eso se le llama cantar, sí señor. Donde esté el chorizo del Lidl que se quite el clarinete de Woody Allen. A diferencia de aquel mito gay, yo aborrezco los centros comerciales y puedo pasar una década sin visitarlos. Prefiero los garitos donde aún se pide la vez, y el calor artificial de los imperios del extrarradio me recuerda al de los buses que unen Bilbao y Madrid, que si te sientas sobre la calefacción sólo te falta empanarte el muslo para venderlo en un Kentucky Fried Chicken, pongamos que hablo del de Egaña. Sin embargo comprendo que haya paisanos con gustos distintos, deseosos de que llegue el sábado para cebarse en el Max-Center o probarse gayumbos en el recién inaugurado Ballonti. Tampoco es tan difícil de pillar: libertad de opinión y libertad de opción. Frente al derecho de ir, la solución de no ir. |
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