NOimporta que en la misma calle haya otros cuatro establecimientos idénticos. En las tiendas oficiales de los Juegos Olímpicos no entra un alfiler. China es rehén del espíritu olímpico, y los productores de merchandising están haciendo el negocio del siglo. La fiebre de la mercadotecnia se ha apoderado de hijos, padres y abuelos. Desde mascotas de peluche, hasta réplicas en oro macizo del Estadio Nacional, El Nido, todos los chinos quieren hacerse con algún producto con el sello de Beijing 2008. Para algunos supone un recuerdo de la puesta de largo de su país. Para muchos otros es la mejor forma de invertir su dinero. “Es una incógnita lo que va a suceder con la economía mundial, así que lo más seguro es invertir en metales preciosos. Si, además, están convertidos en piezas de coleccionista, mejor”, comenta un joven de 24 años que acaba de hacerse con tres medallas de plata, aunque reconoce que no ha podido adquirir lo que más le atraía: una moneda de cinco kilos del mismomaterial cuyo precio supera los 5.000 euros. En el país del comunismo con características chinas, el dinero manda. Uno de los productos estrella, sin embargo, no tendría gran valor en el mercado de metales. Es una réplica de la antorcha olímpica que estos días surca el planeta. Eso sí, elaborada con el acero sobrante de la construcción del Estadio Nacional, el edificio que se ha convertido en emblema de la vigesimonovena Olimpiada. A pesar de que su precio ronda los 300 euros –algo menos del salario medio anual de un campesino–, sólo es posible conseguirla bajo encargo, pues todas las existencias de las dos primeras hornadas han quedado agotadas. Y pronto tampoco quedará ninguna de las 5.000 esculturas que reproducen una sección del Estadio Nacional, producidas también con el acero sobrante y cuyo precio supera los 13.000 euros. Sin duda, estos dos artículos componen una innovadora campaña para recuperar parte del monstruoso presupuesto de El Nido.
Es difícil resistirse a la tentación del intenso brillo que mana de los mostradores y a la curiosidad de ver lo que hacen las mareas de gente en las tiendas oficiales de los Juegos. Gruesos fajos de billetes de 100 yuanes cambian de mano con ritmo frenético. Hay productos para todos. Las tradicionales camisetas y gorras, muñecos de todos los tamaños –sin duda, tener cinco mascotas mejora las ventas–, sellos y monedas conmemorativas, pendientes, llaveros, relojes, bolígrafos, adminículos para el móvil… Y hasta ropa interior. Pero, sobre todo, las estrellas son los objetos de oro y plata.
Los pudientes pueden optar por las medallas que conmemoran todo tipo de eventos. El encendido de la antorcha, su próxima llegada al Everest, o los cien días que quedan para el encendido del pebetero. Cualquier excusa es buena para diseñar productos con el preciado logo de los Juegos. Pero nada mejor que las espectaculares instalaciones deportivas entre las que, no hay duda, destaca El Nido. Sus reproducciones a escala se pueden encontrar en ediciones limitadas en acero, plata u oro. Desde los 90 euros de la más barata, hasta los 40.000 de la más valiosa, todas tienen una aceptación espectacular. “No hemos terminado de preparar una en el escaparate cuando alguien ya quiere comprarla”, reconoce la responsable de una de las tiendas de Wangfujing, en el centro de la capital china.
Pero en el país más poblado del mundo, sólo unos pocos pueden hacerse con los objetos de mayor valor. Afortunadamente para el resto, los diseñadores del merchandising olímpico han tenido en cuenta la renta media de la población, y también hay todo tipo de productos para las clases media y baja. Los sellos y las monedas conmemorativas son los objetos con mayor aceptación entre las clases menos adineradas. Fang Dong, de 32 años, ha recorrido varios cientos de kilómetros, desde la depauperada provincia de Shaanxi, para comprar todo lo que le permita su presupuesto. “Me han dicho que todo lo que tiene que ver con los Juegos Olímpicos se revaloriza muy rápido, y quiero invertir algo de dinero”. Dong está en lo cierto. Por ejemplo, las series de monedas con dibujos de las mascotas practicando deportes diferentes, que han ido lanzándose anualmente desde 2006, ya casi han duplicado su valor. Y algo similar sucede con los sellos.
También hay quien se acerca a los establecimientos olímpicos fruto del ardor patriótico que salpica China desde el comienzo de las revueltas en Tíbet. Los chinos de la mayoría étnica Han se han volcado aún más con la celebración de los Juegos Olímpicos, en una reacción a lo que consideran un ataque mediático de Occidente contra la imagen de China en el mundo. Contra el boicot a los Juegos, muchos consideran que lo mejor que pueden hacer es comprar mercadotecnia. Liu Xiafeng es una joven estudiante universitaria que ha adquirido una camiseta con el dibujo de las cinco mascotas subidas a los aros olímpicos en una tienda oficial de Shanghai. “La pienso llevar como medida de protesta, para que los extranjeros vean que apoyamos los Juegos y que estamos muy orgullosos de China, aunque quieran retratarnos como un país malévolo”.
Ya sea por razones políticas o económicas, lo cierto es que a las tiendas de los Juegos Olímpicos no les faltan clientes. Las ediciones limitadas vuelan y los diseñadores tienen que ponerse las pilas constantemente para llenar las estanterías de nuevos productos. El negocio bulle.No hay duda de que estos Juegos batirán récords. De ventas, claro, porque en lo estrictamente deportivo parece que la polución y el calor se encargarán de aguar la fiesta a China. Quienes hayan invertido en merchandising, sin embargo, seguirán teniendo razones para sonreír.