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Paulino Luesma, Juan José Ibarretxe, Felipe de Borbón, Letizia Ortiz, José Luis Bilbao, Iñaki Azkuna, Miren Azkarate y Juan Ignacio Vidarte. |
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El don de la mano izquierda
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El Museo Guggenheim vivió ayer la más extraordinaria sesión de espiritismo que vieron los tiempos: invocaron la figura de un bilbaino universal como Diego Mª de Gardoqui, primer embajador de España en EE.UU., y su espíritu se hizo presente.
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J.Mujika
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LA mano izquierda es un don. La templanza y la astucia, el verbo ágil, la vista larga para prevenir los acontecimientos y la cintura de un púgil para la esquiva de las situaciones complicadas son sus atributos. De todo ello hizo gala en su tiempo, el trepidante Siglo de las Luces, Diego Mª de Gardoqui un comerciante bilbaino que labró su nombre en la honrosa lápida de la diplomacia, hasta el punto de convertirse en el primer embajador de España en Estados Unidos. Fue testigo del acto de investidura de George Whasington y, por decirlo en palabras del presidente de la Fundación Consejo España-EE.UU., José Ignacio Goirigolzarri, fue también "un hombre de negocios y un hombre de Estado". Un hombre que vale por dos, que diría el lenguaje de la calle...
La Fundación, junto a la Cámara de Comercio de Bilbao que preside Ignacio María Echebarria, organizaron ayer un seminario sobre la insigne figura de este vasco universal que fue abrochado con la presencia y las palabras de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, acompañados por el lehendakari Juan José Ibarretxe, el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna -documentada e intensa su glosa sobre uno de los hijos predilectos de la villa...-,el diputado general, José Luis Bilbao, la consejera de Cultura, Miren Azkarate, y el delegado del Gobierno, Paulino Luesma. Junto a ellos, el embajador de EE.UU. en España, Eduardo Aguirre, descendiente de Juan Aguirre, un hombre que dejó Muskiz en pos de sus sueños hacia Cuba, el presidente de la Cámara de comercio estadounidense, Jaime Malet y Juan Ignacio Vidarte, director del Museo Guggenheim, donde ha demostrado virtudes sobresalientes para capear las turbulencias y preservar el buen hacer y el buen nombre del museo pese a los desmanes vividos. La pinacoteca fue el escenario escogido para la revisión de la vida y milagros de un hombre hecho a sí mismo. Fue, en dos tiempos, aula de lecciones magistrales y robusta fortaleza, cubierta por las exigentes medidas de seguridad a las que no les vendría mal algo menos de lija y algo más de seda...
Bajo un cielo de titanio se escucharon las voces de la profesora y escritora, Reyes Calderón, del archivero Foral, Aingeru Zabala, José Manuel Allendesalazar diplomático de carrera y Eduardo Garrigues, hombre también versado en esas artes. Todo el conocimiento vertido -que fue mucho a intenso...- fue moderado con mando en plaza por José Luis Cano de Gardoqui y Alfonso Carlos Saiz Valdivielso, dos autoridades en el arte de jugar con las palabras y los tiempos.
Vinieron los Príncipes, ya ven, pero el tiempo no se detuvo. Pudo verse en el atrio a japoneses desenfundando las cámaras de última generación, a una cola de alumnos del colegio Berri Otxoa serpenteando entre los invitados y a un grupo de estadounidenses sentados apenas a dos metros de los herederos de la corona; no humo en el aire el incienso solemne de las grandes ceremonias. Y sin embargo, la colección de nombres propios asistentes abruma. Desde Susana Rodríguez Vidarte a Román Knörr, pasando por el navegante José Luis Ugarte, con la vista dañada quien sabe si de tanto otear el horizonte, Ignacio Marco Gardoqui, Baltazar Errazti, Mitxel Unzueta, el rector de la Universidad de Deusto, Jaime Oraá, el notario José María Arriola, Andoni Monforte, Juan Carlos Ercoreca, Adrián Celaya, Ignacio Saenz de Gorbea, Enrique Gaytán de Ayala, el presidente de la Sociedad Coral de Bilbao, Cecilio Gerikabeitia, José Luis Damborenea, Javier Campuzano, Matilde Elexpuru, Pedro Campo y toda una corte de invitados de renombre. Entre ellos se encontraban Teresa Querejazu, Santiago Ybarra, Jon Ortuzar, Pedro Icaza, Manu Barandiarán Alejandro Beitia, Federico Lippeheide, Dolores Agirre, Luis de León, Benedicto Martínez, Gonzalo Márquez, Iñaki Irusta, María Teresa de Aguirre, el secretario de la Fundación, Fernando Prieto, José Manuel Arévalo y Mitxel Unzueta entre otros. Vivieron una jornada memorable en el recuerdo de don Diego, el hombre que supo reinar en las tierras salvajes del Oeste. |
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