washington. Hillary Clinton no cabía en sí de gozo tras su victoria en Pennsylvania, que para ella reivindica sus argumentos para seguir en la carrera por ser la candidata demócrata hacia la Casa Blanca. "La marea se está volcando a mi favor", declaraba una triunfalista Clinton arropada por su marido, su hija y su madre en Pennsylvania, donde afirmó que Obama no había logrado dejarla fuera de juego pese a gastar mucho más que ella. Pero la opinión mayoritaria sigue siendo que lo único que hizo fue prolongar aún más su agonía.
"Teóricamente, la carrera demócrata debería estar ya terminada. En realidad, continuará hasta la náusea, quizá hasta el final en (la convención de) Denver, dejando marcado al eventual ganador, desacreditando al perdedor y proporcionando todo tipo de material de campaña para (el candidato republicano) John McCain", escribió ayer el periodista Michael Putney en una columna en The Miami Herald titulada: "¿Hay un final para esta carrera?".
Incluso The New York Times, que hace ya más de dos meses pidió el voto para ella, se olvida ayer de sutilezas en un editorial. "Los votantes se están cansando; se está degradando el proceso político; no funciona. Ya pasó el momento de que la senadora Hillary Rodham Clinton reconozca que la negatividad, de la que ella es principalmente responsable, no hace sino dañarla a ella, a su oponente, a su partido y a las elecciones de 2008".
Como se preveía, Pennsylvania no resolvió nada. Ni Barack Obama ganó para cerrar la lucha ni Clinton logró una aplastante victoria que diera la vuelta al curso de la carrera. Los diez puntos porcentuales de ventaja en favor de la primera dama dejan la lucha tan bloqueada como estaba. "La victoria de Hillary Clinton no hace mucho en favor de sus opciones", titulaba ayer su análisis el diario Los Angeles Times.
El senador Obama sigue liderando en el recuento de delegados y en el voto popular, pero su ventaja no es suficiente para sentenciar la lucha. Al mismo tiempo, es casi imposible matemáticamente que Clinton lo supere en ambos aspectos en las nueve citas que quedan.
las cuentas de clinton Pero en contra de la lógica de los números, la senadora se aferra a su fama de luchadora hasta el final en busca de una quimera: convencer a los aproximadamente 300 Superdelegados que aún no han respaldado a ningún aspirante.
A falta de los datos definitivos de Pennsylvania, el senador tiene 1.455 delegados frente a los 1.290 de Hillary, según el último recuento de CNN. Dado el sistema de reparto proporcional, la senadora por Nueva York habría tenido que derrotar a Obama por 20 puntos porcentuales y mantener ese margen en las elecciones pendientes en Carolina del Norte, Indiana, Oregón, Kentucky, West Virginia, Montana, Dakota del Sur, Puerto Rico y la isla de Guam. Con los datos de Pennsylvania sobre la mesa, ese escenario se presenta virtualmente imposible.
Obama cuenta además con unas arcas mejor pertrechadas, que le permitirán lanzar campañas de publicidad más agresivas en Estados como Carolina del Norte, en donde parte como favorito para las primarias del 6 de mayo, e Indiana, que también vota ese día y donde el panorama todavía es incierto. El senador afroamericano gastó 11,2 millones de dólares en anuncios televisivos en Pennsylvania, más que en ninguna de las otras contiendas y muy por encima de los 4,8 millones que invirtió en publicidad la campaña de Hillary.
Clinton, de todos modos, asegura que mantendrá el pulso hasta el final e insiste, en un guiño a la élite del partido, que probablemente decida el nombre del ganador que ha demostrado su capacidad para ganar en Estados decisivos como Texas, Ohio o Pennsylvania.
Pero la ex primera dama no se da por vencida porque, según explicó, "los estadounidenses no se rinden y merecen un presidente que tampoco se rinda". |