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Un campo de refugiados de Bossaso, en el Estado autónomo de Puntland, la región de donde provienen los piratas. |
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"Somos un objetivo muy fácil"
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Son expertos en situaciones conflictivas, pero no kamikazes. El responsable de Médicos Sin Fronteras en Somalia, el irundarra Javier Fernández, explica cómo viven y por qué los extranjeros han tenido que abandonar este país derrumbado por la guerra.
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Gessamí Forner
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sOMOS una ONG independiente que no trabaja con mecanismos de seguridad como los de las Naciones Unidas, lo que nos convierte en un objetivo muy fácil para aquél que nos quiera atacar. Por eso tuvimos que salir de Somalia", explica desde Nairobi el coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Somalia, Javier Fernández, natural de Irun. Desde hace seis meses vive en la capital de Kenia, desde donde se desplaza regularmente a Mogadiscio y Jowhar para controlar los dos proyectos de la organización que siguen abiertos en Somalia, pero donde sólo trabaja ya personal nacional. Los cien internacionales que vivían en el país africano empezaron a marcharse hace seis meses, cuando la situación les desbordó. Ya no queda ni uno.
A final de enero un ataque con bomba contra un coche de MSF acabó con la vida de tres de sus colaboradores (un somalí, un keniata y un francés). El atentado, sin reivindicar por ningún grupo, ni islamista ni etíope, puso el punto y final a los dos años de trabajo de Fernández en Somalia. Aguantaron hasta el límite. En diciembre, otro grupo ya había secuestrado a una doctora española y una enfermera argentina de MSF. Tampoco había un móvil político, solamente económico. Y pagaron. Días antes, un fotógrafo francés fue secuestrado también por dinero. Pero no fue hasta enero cuando se registraron las primeras víctimas mortales de esta organización sanitaria, que incluía la muerte de una cirujano natural de un país que vive sin Gobierno desde hace 17 años.
Bueno, no exactamente. Desde hace 17 años Somalia vive en guerra y desde 2006, tras un golpe de Estado frustrado de la insurgencia armada islamista, se instauró el Gobierno Federal de Transición, respaldado por las Naciones Unidas. "Pero a efectos prácticos, la situación se ha deteriorado. La guerra a tres bandas entre el Gobierno, los islamistas y el ejército etíope se ha recrudecido", explicó el médico en una conversación telefónica difícil. Los niveles de delincuencia, sobre todo ataques y robos, llegaron a niveles alarmantes. "Hubo que cerrar el centro de Bossaso, era imposible asumir los riesgos". Bossaso es una ciudad del Estado autónomo de Puntlandia, que se autogestiona desde 1997. Puntland es la región de donde proceden los piratas que han abordado el Playa de Bakio.
Curiosamente, hace un año era la región "más tranquila" de Somalia en comparación con el "estándar" del país. Era la única zona donde había un Ministerio de Educación, otro de Sanidad y fuerzas del orden público. "Hasta entonces, allí el único sitio donde teníamos interlocutores válidos para negociar nuestro trabajo".
La primera vez que un policía le selló el pasaporte a Fernández fue hace seis meses. "Para mí fue algo simbólico. Durante dos años entré en Somalia en aeropuertos sin aduana". Pero a pesar de los intentos del GFT de controlar la situación, "la peligrosidad sigue creciendo". Y en la capital se mantiene el número de embajadas: cero. Ahora en Somalia sólo quedan dos de los tres proyectos de MSF. En Jowhar son la única estructura sanitaria. El pasado año atendieron a 98.426 pacientes, 24.415 mujeres embarazadas y 1.032 partos, incluidas cesáreas.
En Mogadiscio, pasaron consulta a más de 113.000 pacientes y atendieron un brote de cólera que afectó a 1.600 personas. Pero todo funciona con personal nacional, con trabajadores naturales de un país roto. Fernández, colaborador de una organización que pagaría un rescate por él, no explica cómo se siente al entrar en Somalia. Estuvo hace diez días. Y pronto volverá para supervisar los dos hospitales que siguen en pie. "En la capital ofrecemos un servicio de urgencias", cuenta orgulloso. |
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