Un debate a la espera de soluciones Las fórmulas de gobierno en Euskadi pueden variar en función de los programas y las necesidades de cada momento, pero cuestiones como la paz y el marco de relación con el Estado deben aglutinar a una mayoría incontestable.
Como ya vaticinaba el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, en su conferencia del jueves, su análisis sobre la situación del tripartito y su apuesta por un gran acuerdo (estratégico y de amplias bases, es decir, no para una posible coalición de gobierno) entre las dos sensibilidades mayoritarias en Euskadi (la del nacionalismo vasco democrático y la del mundo socialista) ha levantado una polvareda en forma de declaraciones que, de entrada, puede relegar a un segundo plano difuso la trascendencia del debate. Una vez se hayan decantando las valoraciones hechas en caliente, debería llegar un análisis sereno y realista sobre la coyuntura política del país y sobre la forma de gestionarla, tomando siempre como norte el que debería ser objetivo esencial, si no único, de los dirigentes de las formaciones políticas y de quienes ostentan responsabilidades de gobierno: el beneficio de la sociedad a la que sirven, a través de la defensa decidida de sus instituciones y de su autogobierno, por ser éstas las piezas clave para el desarrollo de Euskadi en todos los ámbitos. Esos ámbitos incluyen el impulso económico que garantice los altos niveles de bienestar alcanzados en el país; la buena gestión de ámbitos como la sanidad o la educación, que son modelo a seguir para comunidades y países del entorno; el desarrollo cultural y la defensa de las señas de identidad de los vascos, con su lengua, el euskara, a la cabeza; la defensa de peculiaridades como el Concierto Económico, para poder sustentar toda esa arquitectura de país, y también, de forma prioritaria y especialmente decidida, la asignatura pendiente de la pacificación y la normalización política. Para gestionar esos ámbitos son necesarios acuerdos entre los partidos y es deseable que estos acuerdos aglutinen al mayor número posible de sensibilidades. Para la conformación de los gobiernos podrá arbitrarse una fórmula u otra en función de los programas y de las necesidades del país en cada momento, como de hecho ha ocurrido ya en los últimos treinta años, con prácticamente todas las combinaciones posibles dentro de una mínima lógica política. Para cuestiones que son la columna vertebral de una sociedad moderna, como la convivencia en paz y el diseño de un marco político y de relación con el Estado, el nivel de consenso debe ir más allá y aglutinar a una mayoría incontestable. Desde luego, se antoja peregrino basar el futuro del país en unos cimientos que marginen a alguna de las grandes corrientes ideológicas y sociológicas que lo conforman. Lograr ese gran acuerdo es el empeño que mueve al nacionalismo vasco democrático. Desgraciadamente, no se ve la misma disposición entre los socialistas, que están actuando en clave de puro interés electoral. Su negativa a abordar un debate que traiga soluciones puede malograr la oportunidad que está sobre la mesa.