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Desde la grada
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Dos maneras de entender el Athletic
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Joserra Cirarda
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Carlos Gurpegi ya ha recuperado su ficha federativa y su dorsal. Vuelve a ser jugador de pleno derecho. Dos años después, el de Andosilla está disponible para su entrenador. Para hacer lo que le mande. Lo que le han enseñado. Es un hombre fiel. Fiel a sí mismo y a sus colores. Fiel al Athletic. Ha sufrido estos dos años sin levantar la voz. Sin quejarse de su situación. Y lo ha hecho trabajando desde el primer minuto hasta el último como si nada hubiera pasado.
Así es Carlos Gurpegi. Un hombre que siempre ha tenido claro cuál debe ser su forma de actuar. Dentro y fuera del campo. Un jugador en el que sus compañeros confían a pies juntillas. El prototipo de futbolista que todos los entrenadores quieren tener en sus equipos. Esos que rinden siempre al límite de sus posibilidades, que hacen una labor inigualable sobre el campo, que reconocen sus limitaciones, las asumen y hacen de esa condición una virtud difícil de encontrar en un mundo donde el ego individual suele pesar más que el beneficio colectivo.
Joaquín Caparrós, que le ha visto entrenar con la misma intensidad en el caluroso julio que en el frío febrero, ha recibido en abril el refuerzo más esperado para la recta final de temporada más esperanzadora de los últimos años. Esos en los que la ausencia del centrocampista navarro fue un lastre duro de llevar para el resto de sus compañeros de plantilla. Esos en los que la historia del Athletic pendió de un hilo.
Ahora Gurpegi vuelve para reclamar su sitio en esa historia rojiblanca. Para enterrar bajo cientos de detalles gloriosos este borrón que le ha costado lágrimas de impotencia y pérdida de horas de sueño.
El domingo saltará al césped y lo hará de manera similar a la que tuvo Fray Luis de León cuando volvió a impartir clases en la Universidad de Salamanca tras pasar cuatro años en la cárcel. "Decíamos ayer", dicen que dijo el agustino. "Jugamos como la semana pasada", puede decir Gurpegi para motivar a sus compañeros cuando vea la luz al final del túnel de los vestuarios del Bernabéu. Como si él hubiera participado también en la goleada al Valencia. Que lo hizo. Porque disfrutó como el que más, sabedor que aquel era su último partido en la grada.
Así es como siente el Athletic Carlos Gurpegi. 100% rojiblanco. Con la verdad por delante. La que le ha permitido mantener la cabeza firme y mirar a los ojos a todos aquellos que le acusaban durante estos dos años.
Ayer, de madrugada, el presidente Fernando García Macua le dio una fiesta en Ibaigane para celebrar su retorno. Horas antes, un compañero de redacción había hecho una entrevista al ocupante del sillón de Ibaigane en la que le preguntaba qué actos iba a realizar el club en ese sentido. El máximo representante rojiblanco respondió que "el club tiene una serie de actos preparados... que se publicitarán convenientemente, pero en cuya definición todavía estamos trabajando". Menos de doce horas después, el club hacía público en su página web que tiene previsto realizar un mosaico en San Mamés con el lema Ongi Etorri y el número 18. García Macua lo sabía, o debería saberlo, y no lo quiso contar. Como si fuera una información privilegiada que había que mantener en el máximo secreto. Intentando hurtar a los lectores de DEIA, muchos de ellos socios del Athletic, la noticia. Y es que García Macua entiende el Athletic de manera diferente a Gurpegi. El de Andosilla es del Athletic, Fernando García Macua se cree que el Athletic es suyo. |
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