Chiquita midió 66,04 centímetros, consiguió hablar siete idiomas, recorrió los escenarios de Cuba, Europa y Estados Unidos y tuvo una intensa vida amorosa. El escritor Antonio Orlando Rodríguez ha ganado el Premio Alfaguara con la biografía de esta artista en la que todo fue extremo bilbao. Se presenta afable, sonriente y comedido. "No me considero particularmente simpático. No creo que tenga ese rasgo que se atribuye al cubano, aunque Chiquita sí lo tenía", dice Orlando Rodríguez. "En algunas fotos ves sus miradas y su risa y te das cuenta de que debió ser muy seductora".
Pero, ¿qué se conoce de la vida de esta bailarina y cantante?
No es un personaje sobre el que se sepa mucho. Sin embargo, si indagas durante cinco años como yo, algo encuentras, sobre todo en los periódicos norteamericanos de la época, en los que ocasionalmente había crónicas sobre ella o anuncios de sus presentaciones. También he tenido la suerte extraordinaria de adquirir en subastas por Internet muchas fotos reveladoras e incluso el folleto biográfico que se debió publicar en Boston en 1897, que recoge parte de su vida. A partir de esos elementos, que no son muchos, decidí hacer esta biografía imaginaria.
Chiquita trabajó en teatros de variedades y ferias de liliputienses, ¿le ha resultado complicado recrear esos escenarios?
Lo curioso es que a veces esos espacios son tan singulares que uno los encuentra fantásticos, pero toda esa fascinación por los liliputienses era real, y yo no tenía la menor idea. No sabía que existían pueblos donde la gente pagaba para ver a los liliputienses en su vida normal, en un pueblo hecho a su medida, donde había un alcalde liliputiense, un parque de bomberos liliputiense... No sabía que había compañías de ópera, de danza y de comedia liliputiense. Eso es algo real que sucedió a fines del siglo XIX y comienzos del XX en Europa y EE.UU.
Así que Chiquita no fue una excepción...
Ella formaba parte de un gremio. Lo que pasa es que alcanzó la condición de megaestrella.
¿Cómo se contemplaba su minusvalía a principios del siglo XX?
Muchos liliputienses se veían relegados a los espacios de los circos ambulantes, a los carromatos que iban viajando de pueblo en pueblo, y se exhibían como "errores de la naturaleza". Por lo general, eran muy controlados por sus empresarios. Exhibirse era su única forma de supervivencia. Pero había otro nivel, que era el de los liliputienses con más aptitudes artísticas, que eran artistas tan cotizados como podían ser los cantantes y los bailarines de la época y que se presentaban en escenarios diferentes. Algunos de ellos llegaron a hacer fortunas.
¿Sufrían estos últimos por su condición física?
Aun cuando lograban un reconocimiento público y hacer dinero, siempre estaban en desventaja porque estaban moviéndose en un mundo creado para gigantes. Cuando uno hace el ejercicio de imaginarse con un poquito más de medio metro de estatura, todo se vuelve difícil, desde bajar unos escalones hasta subirse en una silla o en una cama. El mundo se convierte en algo temerario.
Usted, ¿lo ha hecho?
¡Claro! ¿Sabes lo que tuve que hacer para comenzar a escribir? Marcar en la mesa de mi escritorio la estatura de Chiquita. Y eso, cada vez que estaba escribiendo, me permitía colocarme a su altura.
Una bella metáfora de las dificultades que entraña ser diferente.
Indiscutiblemente. Más allá del tamaño, con Chiquita nos podemos identificar todos los que de alguna manera a lo largo de nuestra vida, y somos muchos, nos hemos sentido diferentes. Diferentes no sólo por razones físicas, sino a veces por actitudes, elecciones o gustos.
¿Queda algo de la Cuba que usted vivió en esta novela?
No, porque en este libro la parte cubana está básicamente centrada en la época de la colonia y de las guerras de independencia. Esa Cuba que se evoca a través de la ciudad de Matanzas, donde crece Chiquita, es una Cuba reconstruida desde la investigación externa, a través de los libros, los periódicos y los grabados de la época.
¿Qué puede contar de la vida amorosa de Chiquita? Esa faceta no le fue vetada...
En absoluto. Chiquita es una mujer de amores muy pasionales, muy tempestuosos. Ella no se privó de amar y amó con una intensidad inusual. Es un personaje muy fogoso, muy ardiente, que se mueve con pasiones muy encendidas. Alguien se puede preguntar cómo ese personaje tan chiquito podía despertar esas pasiones tan intensas... Bueno, algún magnetismo tenía el personaje. Yo creo que lo prohibido y lo diferente, como Chiquita, ejerce una atracción difícil de explicar.
¿Cómo hubiese vivido Chiquita hoy?
Si en el siglo XIX Chiquita llegó a hablar siete idiomas, a manejar su carrera y a hacer mucho dinero, hoy día quizá hubiera llegado a ocupar un puesto importante en un gobierno.
Qué decepcionante. ¿Política en vez de artista?
Quizá hubiese sido una artista famosa, quién sabe. En cualquier caso, creo que esas facetas las hubiese explotado más temprano y con mayor libertad. Mucho de lo que logró, lo logró a contracorriente. En nuestros días, habría tenido muchas oportunidades.
¿Ha conocido a alguna liliputiense?
No, pero me encantaría. Me encantaría que una liliputiense leyera el libro y me diera su parecer.
Le propongo un juego de imaginación.
¡Hecho!
Chiquita está en escena y usted la ve, ¿qué imagina?
Me imagino un teatro lleno de gente muy entusiasta. Hay mucha fascinación por ese tipo de personajes. A eso, añádele algo que le da un condimento especial. En el momento en que Chiquita llega a EE.UU. está en marcha la última guerra contra España, y el pueblo norteamericano era un ardiente partidario de la independencia de Cuba. Así que imagino que las funciones de Chiquita, además del atractivo artístico, sirven para que la gente exprese esa simpatía hacia el pueblo de Cuba.
Su novela no circula en la isla...
Espero que algún día se publique y circule, pero por el momento no ha sido así y habrá que esperar para que los lectores cubanos se encuentren con Chiquita.
¿Cómo lo ve?
Lo veo difícil, pero no hay que renunciar a esa esperanza.