Viviana García
Londres. Con la popularidad baja y el malestar de sus diputados por unas medidas fiscales, el primer ministro británico, Gordon Brown, afrontó ayer una de las peores oleadas de huelgas desde que los laboristas llegaron al poder en 1997.
El sector público, con los maestros a la cabeza, ha decidido plantarle cara a Brown en protesta por unos insatisfactorios aumentos de salarios, por debajo del índice de inflación.
Los paros, que afectaron a un tercio de las escuelas en Inglaterra y Gales, coinciden con momentos muy difíciles para el premier, quien no levanta cabeza en los sondeos sobre intención de voto y se ha visto obligado a hacer concesiones para impedir una gran revuelta de sus parlamentarios a raíz de unas medidas fiscales.
Ante una rebelión laborista que amenazaba con perjudicar su autoridad, Brown decidió el miércoles que el Gobierno compensará con ayudas a los afectados por una subida de los impuestos a los contribuyentes con los salarios más bajos. |