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K. Iturbe, U. Elorriaga, A. Aramaio, I. Landa, A. Tlosa, I. Irastorza y A. Elordui. fotos: zigor Alkorta |
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El callejón de las botxerías
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La reconciliación con la vida en crudo
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El estreno de 'Un poco de chocolate', la película dirigida por Aitzol Aramaio y basada en la obra de Unai Elorriaga, pobló el Getxo Antzokia como no se recuerda
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Jon Mujika
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He ahí la vida en crudo, en todo su descarnado esplendor. La imaginación de Unai Elorriaga obró el milagro de resumirla en una novela memorable, Un tranvía en SP, y Aitzol Aramaio, junto a un selecto grupo de técnicos, actores y actrices, ha invocado al pequeño dios del cine para atrapar su espíritu en una película de raza, titulada Un poco de chocolate. A través de los avatares vitales de dos parejas que entrelazan sus vidas -una, sabia y vieja; la otra, joven e inexperta-, Unai y Aitzol lanzan un canto a la reconciliación con la vida en carne viva, con sus frustraciones y sus anhelos, con toda la carga de alegría que nos empuja (al menos debiera hacerlo...) hacia la felicidad. Los hermanos Lucas y María están anclados en la vejez y han comenzado la cuenta atrás de una aventura que comienzan a vivir Marcos y Roma. Él es acordeonista y ella una enfermera singular que pinta los marcos de las habitaciones para pasaportar a los enfermos a un mundo más feliz. A partir del encuentro casual de los cuatro se desata un torbellino de sensaciones en cada uno de los personajes, rescatados de la imaginación de Unai por Héctor Alterio, Julieta Serrano, Daniel Brhul y Bárbara Goenaga. Cuatro interpretaciones, dirán las críticas, que lo bordan.
La película se estrenó ayer en la tierra de Unai. El Getxo Antzokia de Algorta, engalanado con la irremediable alfombra roja y jaleado por los sones de la txalaparta y la actuación del grupo Itxas Argia,apenas se contuvo. Un gentío se arremolinó en el patio de butacas para presenciar esta historia tierna y descarnada. Antes, en los prolegómenos, se vivió una de esas escenas, hijas del realismo mágico, que a veces regala la vida: Carolo, un personaje clásico del Puerto Viejo de Algorta, con aire de náufrago varado en tierra firme, pasó ante la plazuela que antecede al teatro e invitados y curiosos le aplaudieron como si fuese -que lo es, a su medida...- una estrella del celuloide. Unai sonreía. Era un guiño de la realidad a su mundo imaginario en un día en que se vio feliz al escritor, rodeado de los suyos y en casa...
La cita era con la hermosa realidad imaginada y tuvo una acogida espectacular. Al estreno acudieron el alcalde de Getxo, Imanol Landa, Mikel Albizu, un actor de voz gruesa y la talla de un forzudo del circo, actrices como Ainhoa Txapitea, Ainere Tolosa, Iñake Irastorza y Ana Elordui entre otras, el concejal de Cultura, Koldo Iturbe, Eugenio Gandiaga e Iñaki Elorriaga, los dos artífices de que todo en la tarde fluyese como en un río embalsado, Ignacio Etxebarria, a quien el pueblo reconoce como Guzurti por su querencia a la fábula exagerada, Mayari Herrero, Ezkioga Kaltzakorta, Bego y Gabi Bengoa, Elena Coria, Joseba Arregi, Keltze Egure, Begoña Ezkurra, Josu Loroño, Felipe Arnold, cinéfilo empedernido, idéntico virus que ataca a Gorka Zamorano, Lourdes Martínez y Marta Conde, Antxon López, quien fuera el primer presidente del Aula de Cultura de Getxo, Eduardo Agirre, Fermín Elizondo, Tere y todas las mujeres del puerto que prestaron sus lonjas como improvisados camerinos durante el rodaje, Aitziber Arriola, Joxean Markaida, Iñaki Olabarria, el fotógrafo José Mari Martínez, Ainhize Urrutikoetxea, Idoia Aguado, Karmele Monreal, Joseba Garrido, Igone Gurrutxaga, Manu Elizalde, Ugaitz Alegría y un buen número de invitados que prolongaron la proyección bajo las estrellas, escuchando la música de jazz del grupo Marmara y recorriendo, de bar en bar, todos los rincones de la plaza. Fue una fiesta al aire libre, un placer para los sentidos de todos los presentes, aún sobrecogidos por el filme. |
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