Una sucinta pero sorprendente y rica colección de estampas del pintor mallorquín Miquel Barceló (Felanitx, 1957) se presenta en la sala de exposiciones de la casa de Cultura Okendo de Donostia. Se trata de una colección de grabados, acrósticos, y litografías con barniz, que demuestran la variedad de técnicas y procedimientos utilizados por este autor fundamentalmente en las dos últimas décadas. La calidad e intensidad de lo plasmado nos acercan a un expresionista entre salvaje y refinado, que dota de gran fuerza e intensidad a todo cuanto toca: figuras de hombres y animales, plantas, frutos, piedras y paisajes.
En la sala se presentan tres series dedicadas, una a la tauromaquia (1990-91), otra la serie Malí (1990), y una tercera serie denominada Lanzarote (2000), con lo que se puede apreciar una década de producción intensa y emocionante de este autor.
La exposición se abre con una serie dedicada al toro en la que Barceló plasma con destreza y maestría al animal y al coso taurino, con trazos y gestos circulares remarcando el espacio físico y simbólico taurino. Lo figurativo y lo expresivo quedan reducidos casi a signos. Como sucede con los grabados dedicados a cabras, reducidas casi a silueta, a pura mancha, a gesto significativo.
Algo mas realista es su serie Lanzarote, en que frutos, cabezas de pescado, cebollas, animales luchando, olas y paisajes marinos, orgías y figuras humanas son trazados con pocas líneas y manchas, a modo de 'naturalezas vivas', de carácter expresionista al borde del minimalismo. El menos es más siempre ha funcionado en la sintaxis y en los procedimientos técnicos de Barceló, produciendo una obra elegante y minimalista.
A través de marcadas perspectivas caballeras, ha plasmado por último los camellos, árboles y piedras de su serie Malí, en los que el grabado con barnices crea una sensación de transparencia, añadiendo un plus al conjunto del grabado.
Poder observar y degustar la obra de uno de los creadores más versátiles y exquisitos de Europa, abierto a las vanguardias de otros continentes, siempre resulta enriquecedor y gratificante, siendo además mucho lo que podemos aprender de los mismos. Barceló sigue demostrándonos que concepto y observación de la naturaleza pueden ser complementarios y no contrarios, que viaje interior y exterior pueden fundirse en una misma realidad al servicio del arte y de la cultura. |