LA inquietud llegó para quedarse en Amstetten. "Nos enfrentamos a un crimen increíble. Va más allá de todo lo que puedo imaginar. Es una dimensión en la que uno se queda sin habla", declaró, conmocionado, el ministro del Interior, Guenther Platter.
Los residentes de la localidad, al igual que el resto de Austria, también parecen haberse quedado sin habla ante la tragedia, aunque la sorpresa inicial abre camino a toda una batería de dudas razonables y de preguntas, si bien la que está en boca de todos es: ¿Cómo pudo haber pasado esto?
Amstetten, de 23.000 habitantes, no es un sitio bonito. Pero incluso las horribles construcciones industriales en las afueras de la ciudad, o la opaca arquitectura estilo años 60 sugieren los silenciosos horrores asociados ahora con la ciudad.
Caminando frente a la pequeña casa gris de la familia en la calle Ybbsstrasse, en donde se alinean viviendas unifamiliares y pequeños negocios no muy lejos del centro, los transeúntes no pueden dejar de preguntarse cómo la gente pudo no notar que algo andaba mal en la familia Fritzl. "Fue increíblemente retorcido. Lo construyó todo de forma muy inteligente", dijo el funcionario local Heinz Lenze a la televisión austriaca.
¿qué papel jugó la abuela? Lo más sorprendente para muchos es que la madre de Elisabeth, Rosemarie, de 69 años, nunca notara nada extraño en todos estos años. La Policía cree que nunca tuvo contacto con su hija o los tres hijos encerrados con ella, algo corroborado por las primeras declaraciones de Elisabeth. Sólo en un clima de extrema represión pudo la mujer haber ignorado que su marido compraba alimentos y ropa por encima de la cantidad necesaria para otra gente que vivía en el sótano, durante casi un cuarto de siglo.
Ahora Elisabeth y sus hijos están libres, pero quedan muchas preguntas. Una de ellas es lo que les espera en el futuro. Kerstin sigue hospitalizada en situación muy grave, y dos de sus hermanos vieron esta semana la luz del sol por primera vez en toda su vida. |