Shangai. Eran poco más de las cuatro y media de la madrugada del lunes cuando el tren T-195, que había salido de Pekín, con destino a Qingdao, descarrilaba por culpa de un fallo humano aún sin determinar, si bien se apunta a un exceso de velocidad. Varios de los vagones traseros obstaculizaron la vía en la dirección opuesta, y el tren 5.034, procedente de Yantai y con destino a Suzhou, fue incapaz de frenar a tiempo. El choque provocó más de 70 muertos y 400 heridos, de los que 60 se encuentran en estados grave y muy grave, por lo que no se descarta que la cifra de víctimas mortales aumente. Entre los heridos sólo hay cuatro extranjeros de nacionalidad francesa, que han sufrido fracturas. Uno está grave.
Aunque se barajó la hipótesis de un atentado, las autoridades descartaron esa posibilidad.
Hoy mismo se reanudará el tráfico ferroviario en las líneas afectadas, y los dos responsables ferroviarios de la provincia serán destituidos.
Según supervivientes citados por la prensa oficial china, ya que los periodistas extranjeros no tuvieron acceso al lugar del siniestro, el tren procedente de Pekín viajaba a gran velocidad cuando comenzó a dar bandazos y finalmente abandonó la vía. Wang Xiaoyu, de 23 años, se encontraba en el séptimo vagón del T-195, a tres del primero que descarriló: "Estábamos dormidos cuando el tren dio dos saltos súbitos y se quedó sin luz. En pocos minutos todo se convirtió en un caos". Los vecinos de los alrededores se unieron rápidamente a las tareas de rescate. Zhu Hang, uno de ellos, describió escenas dantescas: "Había cuerpos por todas partes, gente atrapada y algunos que habían salido ilesos y que buscaban a sus seres queridos".
Este ha sido el segundo accidente mortal sufrido en el trayecto Pekín-Qingdao este mismo año. En enero, un tren de alta velocidad en pruebas arrolló a un grupo de cien trabajadores que se hallaba acondicionando los raíles, y causó la muerte de 18 de ellos.
Nuevo golpe a los Juegos Olímpicos
Parece que los Juegos Olímpicos de Pekín están gafados. A las protestas del Tíbet, al caos en el recorrido de la antorcha olímpica, y a la consiguiente mala imagen política que se han labrado los dirigentes del país, se suman la contaminación, la falta de higiene y de seguridad alimentaria y, ahora, también las carencias de unas infraestructuras que iban a presentarse como el gran logro de China. Los nuevos trenes de alta velocidad son la joya de la corona, y comenzarán a operar poco antes del 8 del 8 de 2008, la fecha señalada para el encendido del pebetero olímpico. El infortunio ha querido que estos trenes ya estén manchados de sangre, debido al accidente que en enero se cobró 18 vidas, al que ahora se añade la tragedia sucedida ayer. Sin duda, los organizadores de la 29ª Olimpiada tienen razones para estar nerviosos. Ayer, una vez más, las autoridades chinas hicieron gala de su autoritarismo, e impidieron el acceso de la prensa no oficial al lugar del siniestro. No hay duda de que lo último que desean los gobernantes comunistas es la publicación de macabras imágenes asociadas a dos de las ciudades olímpicas. >Z. aldama