Ya son más de una decena las familias vascas que optan por educar a sus hijos en casa prescindiendo de la escuela. La pasada semana, el colectivo acudió al Parlamento vasco para que se reconozca legalmente esta práctica copiada de países norteamericanos gasteiz. Ketty Sánchez y su marido, Michael Branson, de nacionalidad norteamericana, tienen cuatro hijos, Esther, Iván, Raquel y Michael. Hace dos años decidieron sacar a los dos mayores, de 7 y 9 años, de la escuela de Irun en la que estudiaban. La razón: la delegación de Educación no les permitía a escolarizar a sus otros dos hijos, entonces de 6 y 4 años, en el mismo colegio que sus hermanos. Ahora los cuatro estudian en casa siguiendo un método importado desde EE.UU. y Canadá, el homeschooling, y que cada vez tiene más presencia en el Estado. Esta decisión le ha llevado a enfrentarse con la Justicia.
Está claro que se les presentó un problema de coordinación, pero ¿no había otra alternativa?
La única opción que nos propuso Educación fue la del comedor. Nos dijo que si dejábamos a nuestros hijos en el colegio para que comieran en él no tendríamos que ir a buscarles todos los mediodías. La educación en casa es algo que había contemplado siempre pero ése fue el detonante.
Ahora es usted la que se encarga de la educación de sus hijos. ¿Cómo se organiza?
Les ayudo con las seis materias básicas: matemáticas, lengua, ciencias naturales, sociales, inglés y arte. Ellos están escolarizados en un centro americano a distancia que tiene su propio curriculum, pero utilizan los mismos libros que los alumnos de aquí, así que estudiamos las dos cosas. Esto lo hacemos por las mañanas y por las tardes acuden a una academia de idiomas que regentamos mi marido y yo.
O sea, que la cuestión de las lenguas la tienen solucionada, ahora que se están replanteado su enseñanza desde el Gobierno vasco.
Bueno, sólo son trilingües. El castellano y el inglés son sus lenguas maternas y el euskera lo aprendieron en el colegio. Aparte tengo una profesora particular para los cuatro que les da una hora diaria de euskera. Además, estudian francés y alemán.
¿Qué beneficios aporta este tipo de educación? ¿Aprecia diferencias entre los niños que estudian en la escuela y los que lo hacen en casa?
No hay diferencias. Mis niños son igual de normales que los del colegio. Simplemente creo que es muy enriquecedor para mí y para mi familia porque les conocemos mejor, sabemos en qué fallan y en qué no fallan; estamos más pendientes de su educación. Pasamos mucho más tiempo juntos porque antes. Como trabajo de tarde, casi no nos veíamos, aunque me los llevaba a trabajar conmigo porque el negocio es nuestro. Pero siempre andábamos corriendo y esto nos ha aportado mucha más tranquilidad en la vida.
¿Y no cree que llega un momento en el que los hijos deben desprenderse de sus madres?
No lo creo, es un error pensar que están entre cuatro paredes. Hacen muchas actividades: van a fútbol, a un club de niños, van al conservatorio... No están todo el día bajo nuestras faldas y además se relacionan con niños de diferentes edades. Se socializan y se adaptan bien. Los problemas que tienen son los mismos que los de un niño normal.
Pues habrá tenido que oír muchas veces que son unos bichos raros.
La gente que habla así es que no conoce a nadie que haya sido educado en casa. Lo dice desde el desconocimiento absoluto.
¿Desconfía de la escuela?
Yo no diría eso. No hay una escuela perfecta como no hay un método perfecto. No me quejo de ninguno de los profesores de mis hijos porque han sido muy buenos. Pero el sistema no me ha ayudado y no ha resuelto mi problema. Entonces he tenido que buscarme la vida de otra manera. Sin embargo es cierto, y todo el mundo lo sabe, que la escuela tiene sus problemas, si no, no habría un 40% de fracaso escolar, pero no es mi competencia arreglarlo.
Un día decidió sacar a sus hijos del colegio porque consideró que iba a ser mejor para la familia, sin embargo la inspección de Educación le imputa un delito de abandono familiar. ¿Menuda paradoja, no?
Estamos muy sorprendidos. Es una imputación absurda porque estamos todo el día con nuestros hijos. Esperemos que no prospere, pero si lo hace, ¿qué pruebas va a tener un juez para demostrarlo cuando todo nuestro entorno, vecinos, amigos y familia, está dispuesto a declarar a nuestro favor?
Creo que incluso se han planteado irse a vivir a Iparralde.
Es la última opción, pero si nos obligan a enviar a mis hijos al colegio yo me voy de aquí.
¿Cómo reaccionaron sus hijos cuando les sacó del colegio?
Estaban encantados. Ellos nunca han querido ir al cole, preferían estar en casa. De todos modos, saben que tienen libertad para volver si es lo que quieren.
El miércoles acudieron al Parlamento vasco a pedir que se reconozca este método. ¿Cómo reaccionaron?
Salimos con una sensación muy buena. Se comprometieron a estudiar nuestra petición y ver lo que se puede hacer al respecto.
En países como EE.UU., Canadá o Australia este práctica tiene muchos seguidores. ¿España va por este camino?
Desde luego, debería ser así porque somos casi los últimos de la UE. En Portugal y Francia, que nos bordean, está permitido, al igual que en Inglaterra, Noruega... Incluso tienen acceso a becas, como todo el mundo.
Con materias como Educación para la Ciudadanía o que la religión está desapareciendo de las aulas, ¿cree que puede proliferar la educación en casa? Porque no me negará que hay razones de índole religiosa entre las familias que optan por esta opción.
Quizá la gente descontenta lo haga, puede ser perfectamente. De todos modos, no sólo la gente religiosa hace esto, conozco muchos que lo hacen por motivos pedagógicos.