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29-04-2008
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Clientes de un establecimiento en La Habana observan televisores de nueva generación.
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Con las decisiones aperturistas del Gobierno de Raúl Castro, los cubanos se encuentran ahora con la posibilidad de adquirir artículos de consumo impensables hace unos meses. El problema es la falta de recursos económicos de la mayoría de la población.
J.L. Hurtado
MUCHO "mirar", más ganas aún de comprar pero "poco dinero" para hacerlo. Numerosos cubanos se acercan con curiosidad a las tiendas autorizadas de La Habana a ver qué ofrecían después de la liberación oficial de la venta de ordenadores, DVD y otros electrodomésticos, para constatar que muchos de los productos aún no habían llegado a los estantes. "Hemos empezado, lo que no tenemos todavía son los productos", admitía un empleado del popular centro comercial Carlos III de La Habana.

¿El problema? Los precios echaban a muchos para atrás.

"Está carísimo, y más para lo que la gente gana aquí", se quejaba un joven que miraba con curiosidad la bicicleta eléctrica, que bajo un gran cartel de "oferta nueva" ponía el precio en una etiqueta mucho más pequeña: 794 pesos convertibles (unos 850 dólares).

A su lado, una mujer contemplaba embelesada uno de los televisores grandes puestos a la venta. "¿Cómo no voy a querer comprarlo? ¿Tú sabes lo que me gusta a mí el televisor plano aquel? Ese sería mi vida, figúrate tú, pero...", comentó. Un "pero" que se refería al precio, de unos 2.000 dólares.

"Hay quien puede pagarlo, el que tiene familiares afuera y remesas sí puede, pero el que trabaja aquí no", señalaba en referencia al salario medio de los cubanos, de unos 17-20 dólares.

Los cubanos también pueden adquirir teléfonos móviles libremente, en el marco del levantamiento de "exceso de prohibiciones" que ha efectuado Raúl Castro desde que asumió la presidencia a finales de febrero.

Eso sí, al igual que en el caso del levantamiento de la prohibición para los nacionales de alojarse en hoteles hasta ahora reservados para turistas o alquilar coches, los precios estarán en peso convertible (el cuc, 24 veces más alto que el peso nacional en que reciben su salario la mayoría de los cubanos) y en las mismas tarifas aplicadas a los extranjeros.

Con lo que, para muchos cubanos, esta posibilidad se quedará por el momento como un mero sueño. "Para la población media, no alcanza. Tienen que subir los salarios o bajar los precios", demandó.

Con todo, la mayoría de los cubanos han recibido con "alegría" las noticias de la liberación de estos productos. Aunque aún no les alcance el dinero para disfrutarlos.

Carlos, un joven que dijo ser cantante, se informaba sobre los precios de los DVD. Entre 120 y 160 dólares, le indicaron. "¿Caro? Imagínate, pero en la calle estaba más caro, a 250", explicó en referencia a los precios de venta en el mercado negro. "Aquí está a buen precio, no tenemos dinero realmente, pero quizás...", señaló. En las mismas estaba María, una mujer de unos 30 años que sólo se acercó a "mirar qué han sacado". Reconoció haberle echado el ojo a las "ollas arroceras", uno de los productos estrella a precios entre 37 y 65 dólares, aunque dijo que no tiene por el momento el dinero para comprarla.

Pero, agregó, no hay que perder las esperanzas. "Alguna cosa podremos comprar que no podíamos antes, eso está bastante bien".

y hoteles Entrar en un hotel de lujo, registrarse y aprovechar todas las instalaciones y servicios que ofrece. Lo que podría parecer un acto normal en muchos países, ha causado una gran sensación en Cuba donde, por primera vez en más de una década, los ciudadanos de la isla vuelven a tener derecho a alojarse en uno de estos hoteles sin restricción alguna.

La medida incluye la posibilidad de alquilar un coche o inscribirse en las excursiones hasta ahora limitadas a los turistas extranjeros, eso sí, pagando el mismo precio que los foráneos en cuc -el peso convertible, equivalente a 1,08 dólares al cambio bancario-.

Con todo, el hotel Riviera recibía a su primera pareja de cubanos la misma noche en que se levantó la restricción. "Tenemos ya cubanos alojados. Vinieron y se alojaron", se señaló desde el hotel. Para ello, indicaron, los únicos requisitos son los aplicables a cualquier persona que se quiera registrar en un establecimiento hostelero: un documento -el carné de identidad en el caso de los cubanos- y pagar la tarifa, bien en efectivo o con tarjeta de crédito, aseguró.

constitución El levantamiento de la restricción -que nunca figuró específicamente como ley, puesto que la Constitución cubana incluso garantiza el derecho a disfrutar "de los mismos balnearios", sino que fue una medida tomada durante la crisis de los años 90, provocada por la caída del bloque soviético- era el tema de conversación también en las agencias de alquiler de automóviles.

"Para nosotros es una grandísima sorpresa", admitía un empleado de la agencia Cubanacar que pidió mantener el anonimato.

Hasta ahora, los cubanos no podían alquilar directamente un vehículo en una de las agencias estatales -únicas- del país. Aunque había "trucos", reconoció el empleado. "Normalmente lo alquilaba un extranjero y el cubano era el segundo conductor", explicó, agregando que "ahora, el cubano puede venir y ser el titular del coche". "Computadoras, bicicletas eléctricas y microondas... vaya, lo normal, lo que tiene un indio es lo que vamos a tener", ironizó.

"Los cubanos están muy contentos, aunque la gran mayoría no pueda permitírselo, al menos ya no está prohibido", coincidía con sus compañeros.

Con un salario medio de 17 dólares, las tarifas de los hoteles internacionales, a un promedio de 150 dólares por noche la habitación doble, están muy alejadas de las posibilidades de la mayoría de los cubanos que no tengan acceso a remesas o perciban divisas de alguna otra manera, es decir, los menos. El alquiler de un vehículo ronda los 80 dólares diarios, un precio tampoco asequible para la mayoría.

Pero, coinciden observadores, se trata de medidas "psicológicas", de saber que, en caso poder permitírselo, los cubanos podrán hacerlo. Muchos nacionales habían criticado la restricción hotelera que regía en el país, y que algunos calificaban de "apartheid" cubano.

Con todo, el día a día de la mayoría de los cubanos poco o nada cambiará con el levantamiento de estas prohibiciones. Y es que, por ejemplo, dar de alta un teléfono móvil cuesta 111 CUC, seis meses y medio de salario promedio. Pero seguro que la tradicional paciencia que impera en Cuba es capaz de imponerse al ansia consumista.
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