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Ayala e I. Barredo, J. Mota, J. Mª. Agirre, L.A. Larrondo, T. Santamarina y K. Sainz de la Maza. Fotos: O. martínez |
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El callejón de las botxerías
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La hermandad al aire libre
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El quinto aniversario del restaurante La Roca del Fraile, enclavado en el polígono industrial de la Ribera de Axpe, se conmemoró a la antigua usanza, con una picnic al aire libre, música en directo, brasas y parrillas y el juego de la rana, demostrándose así que es posible la armonía entre empresas.
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Jon Mujika
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CUENTAN las crónicas de navegación que tras cruzar la curva de Axpe, la singladura por la Ría se hacía tortuosa hasta el punto de que se registraban en esa zona varaduras y naufragios. A la salida de esa ese había un peligroso rompiente, conocido con el nombre de El Fraile. Dejemos, no obstante, que lo narre la historia: "Se denominaba La Roca del Fraile a un bajío situado en Axpe y que formaba parte de la llamada Peña del Fraile donde hoy se sitúa Astrabudua. En 1630, bajo una orden directa de Felipe IV, se procedió a balizar el bajío para evitar los numerosos encallamientos que sufrían las embarcaciones al afrontar el cauce de la Ría y en 1882, bajo la dirección de Evaristo de Churruca, se adoptó la solución de utilizar el bajío como parte de un dique de encauzamiento con una longitud de 540 metros...".
Hoy en día la Roca del fraile es una leyenda marítima y el nombre de un restaurante que acaba de cumplir cinco años de vida en el polígono industrial de Ribera de Axpe, donde ayer celebró una fiesta conmemorativa a la antigua usanza. José María Aguirre, el cocinero Luis Ángel Larrondo y toda peña de la roca pusieron en práctica eso que hoy se llama networking y que antaño se hacía sin tanta zarandaja: crear lazos de amistad entre los trabajadores de empresas que viven hombro con hombro. Hubo juegos de rana, música en directo y unas sabrosas parrillas en las que se cocinaron tortillas de patata, valoradas por los invitados, convertidos para la ocasión en un jurado popular. Entre ellos se encontraban Iñaki Barredo y su hija Ayala, Javier Mota, Txemi Santamarina, Karmelo Sainz de la Maza, Javier Población, Miren Madariaga, alma, corazón y vida de Sprilur, José y Esteban Martínez, Amaia Benguría, entusiasmada con la idea de revivir una suerte de picnic de otros tiempos, Carlota Altolagirre, José María Redondo, Carlos Cuerda, Eva Arriluzea, Marta Tato, David Arias, Mercedes Oleaga, Iñaki Villanueva, Enrique Hernández, Javier Olabarria, Jon Ander Martikorena, Isabel Urrutia, Pedro Azkarate, Dicky del Hoyo y un buen número de vecinos que salieron a la luz del día para festejar la fiesta de uno del barrio.
Fue, ya digo, un encuentro entre vecinos. Hubo en la tarde un aire de fiesta grande. La diversión caía a raudales, casi se diría que en cascada. Daba envidia, de la sana, ver a la gente del trabajo arremangarse y dejarse llevar por el sol de abril, el perfume de las brasas y el buen humor. De todo cuanto les cuento son testigos Alejandro Casabona, Mikel Gutiérrez, Ainara San Martín, Pelaio Ortiz, Juanma Uriarte, Saioa Muguruza, Belén Sagarzazu, Aintzane Bilbao, Esther Mendizabal y un buen número de asiduos a un restaurante que trabaja el día a día arremangándose, dando servicio de comidas y menús del día a quienes desarrollan su vida laboral en aquellos lares. Da un nosequé de emoción ver cómo es posible otra vida, otra relación distinta al fruncir del entrecejo con el que tantos y tantos trabajadores se saludan, como si el otro fuese el enemigo. Que haya pan para todos es la consigna. Cuando éste se come hombro con hombro y en alegre compaña hablamos algo cercano a la utopía. No encallan los barcos bajo las faldas del Fraile ni se astillan las buenas voluntades. |
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