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30-04-2008
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Linda Báez Alamares extiende su capote sobre la arena de Vista Alegre.
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Adora el toro. Su obsesión es torear. Linda es una novillera venezolana residente en Plentzia que ha venido de su tierra natal con un sólo objetivo: hacerse un hueco en el difícil mundo de la plaza, la arena y los '¡olés!' entusiasmados de los aficionados al arte de cuchares.
Leire Gondra
PUES claro que tengo novio: el toro". Linda Báez Alamares no se anda con tonterías. Por algo tiene nombre de estrella. De estrella del toreo. Ahora, lo que esta novillera necesita es una plaza en la que pueda demostrar de qué madera está hecha. Y es que esta venezolana de 25 años ha abandonado su país natal para probar suerte en los ruedos de estos lares. El pasado marzo aterrizó en Madrid, pero acabó en tierras vascas porque en la capital del reino se sentía sola. Ahora vive en Plentzia con su prima y no se ha dejado amedrentar por aquellos que le advirtieron de que en Bilbao no hay toros. "El otro día en la novillada de Vista Alegre me quedé impresionada porque hay mucha gente del toreo", comenta.

Cuando habla de los ruedos y de los mil y un matadores que ha conocido en Venezuela, a Linda le brillan los ojos. Casi tanto como el traje de luces que luce sobre la arena. Quizá por eso escogió como alias Alamares, que son los adornos de este tipo de atuendo. "Lo de Báez lo escogí por El Litri, por que me encantaba", explica Linda, cuyo verdadero apellido es Caicedo.

"¿Pero de dónde te ha venido a ti esto del toreo?", le solía preguntar su abuela. La cuestión es que Linda se metió de lleno en este mundo con 13 años, allá en su San Cristóbal natal. Cuando era sólo una niña acompañaba a su madre a las corridas y luego en casa convertía la toalla en un capote y le echaba todo el arte. Sus padres le mandaron a estudiar a casa de su abuela a Bogotá, Colombia. Pero Santa María, la plaza de toros, estaba demasiado cerca del domicilio de su abuela, y Linda cada mañana, en lugar de enfilar el camino a la escuela, se iba a entrenar a la arena. Su abuela descubrió sus maniobras taurinas clandestinas y la mandó a su casa, donde siguió escaqueándose de las aulas para practicar sus verónicas. "A mi padre no le gustaba nada que quisiera dedicarme al toreo, pero un día llegué a casa con un cartel ya hecho que llevaba mi nombre. Como era menor tenían que firmarme el consentimiento. No tuvieron más remedio que dejarme torear", explica. "Y de ahí para adelante".

Un sitio para ejercitarse Así que, después de pasearse por los ruedos venezolanos y de trabajar para una ganadería de toros de casta, Linda cogió un avión a Madrid y de ahí viajó a Plentzia. "He venido para torear", dice rotunda.

Lo primero que hizo Alamares cuando llegó a Bilbao fue pasarse por Vista Alegre para ver si podía entrenar allí con alguien y para comprobar si existía alguna escuela de toreo, pero le dijeron que hacía tiempo que la escuela no funcionaba. Se enteró de que el pasado 12 de abril iba a haber novillada y Linda asistió al acto, además de al sorteo de la mañana. Fue su primera toma de contacto con la elegante Vista Alegre y la cosa no fue nada mal. Conoció a ganaderos y a novilleros, echando por tierra los malos augurios de quien le decía que en la villa no encontraría nada. "Me dijeron que aquí iba a ser complicado pero se me han abierto unas cuantas puertas que me gustan", dice sonriendo. No es para menos. En la novillada, tuvo ocasión de hablar con el novillero Iván Abasolo que entrena en Orduña, y le preguntó si podía ejercitarse con él, a lo que Abasolo respondió que sí. Primera prueba superada. "Ahora lo primero es probarse como novillera y luego ya vendrá lo que tenga que venir", redondea.

"Estoy segura de lo que quiero", destaca. "El sueño de mi vida han sido los toros". Pero Linda tiene los pies en el suelo y es consciente de que para vivir del toro "hay que ser figura del toreo, y ésas están contadas". "Pero lo de ponerme un traje de luces no se me quita de la cabeza. He venido a eso y tengo que hacerlo", resalta.

"Ya sé que es difícil por el machismo que hay en España de cara a las mujeres-torero, pero una va haciéndose hueco. Es difícil tanto para hombres como para mujeres", explica. "En Venezuela es más fácil ver a una mujer en la plaza. Allí les encanta ver torear a una chica. Mari Paz Vega, que es matadora de toros española, torea más en Venezuela o en Colombia que aquí", apostilla.

Ésta no es la única diferencia que Linda aprecia entre el toreo en el Estado español y el de Latinoamérica. "En Venezuela y en Colombia hay mucha afición pero a veces la gente entiende menos de lo que quisiera y grita ¡olé! por que ven pegar un muletazo, pero no entienden lo que es un derechazo o una verónica", afirma. "Aquí la gente dice ¡olé! cuando tiene que decirlo y a la hora de entrar a matar todo el mundo se calla", añade.

Ahora, como ella dice, su ilusión es "torear, torear y torear", y no le queda más remedio que hacer de tripas corazón cada vez que su madre se pone a llorar cuando le llama por teléfono. "¡Cuidado con los toros!", le dice, "¡que allí son muy grandes!".

Su prima, con la que vive en Plen-tzia, es otra que tiene que apechugar con la pasión de Linda. El otro día se la llevó a la novillada de Vista Alegre, y le dijo: "Cuando tú torees ni se te ocurra llevarme, porque a mí me da algo si te veo".

Morante de la Puebla y José Tomás son los espejos en los que se mira. El arte y el valor. Dos cualidades que esta venezolana espera culminar algún día. El día que coja la alternativa. Quién sabe si será en Bilbao. Quién sabe si las calles de la villa acogerán un día mimosas ese cartel que anuncie el debut de Linda Báez, alias Alamares.
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