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Los relojes que reflejan la cuenta atrás alcanzan hoy un número redondo. |
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La cuenta atrás afronta la recta final
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Hoy quedan ya únicamente 100 días para que China dé comienzo a unos Juegos Olímpicos que continúan rodeados por la polémica. La sagrada llama alcanzará muy pronto la cima del Everest.
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Zigor Aldama
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LA llama olímpica ya está aclimatándose a la altura. Por primera vez en su historia, ha llegado al campo base del Everest, desde donde acometerá la cima a primeros de mayo, cuando las condiciones meteorológicas lo permitan. Con el sagrado fuego viajarán una horda de periodistas que ahora se encuentra haciendo frente a los rigores del mal de altura, mientras la polémica antorcha finaliza su recorrido por el mundo con visitas inéditas a socios de China que de juego limpio saben más bien poco. Por Pyongyang, capital de Corea del Norte, pasaba con más pena que gloria, ya que el régimen de Kim Jong-il no permite la entrada de periodistas, y ayer hacía su paseo triunfal por otro de los pocos países comunistas del planeta, Vietnam.
Y hoy los gigantescos relojes que marcan la cuenta atrás dejarán atrás los tres dígitos. Quedan ya sólo cien días para que China encienda el pebetero de los 29º Juegos Olímpicos, que ya tienen un hueco reservado en la historia por la polémica que han desatado. La Olimpiada es mucho más que un evento deportivo de primer orden, como demuestran los nuevos uniformes de los empleados de la cadena de hipermercados Carrefour, que han mutado incluso de color. Ahora cuentan con camisas rojas y amarillas, una muestra de que la compañía francesa apoya el espíritu olímpico que se ha apoderado de los 1.350 millones de chinos. Los intereses económicos también van de la mano, y ante el boicot a los productos galos que una gran parte de ciudadanos chinos promueve para los tres días de la festividad del 1 de mayo, las compañías extranjeras prefieren apaciguar los ánimos y dejar a un lado las polémicas políticas. No será fácil, porque hasta se han visto taxis con letreros en los que se niegan a transportar "franceses y perros".
En lo estrictamente deportivo, los Juegos tampoco se libran de críticas. Algunos deportistas de primer orden ya han anunciado que no competirán en varias modalidades. Otros, como Roger Federer, están planteándose la posibilidad de establecer su residencia fuera del recinto de la Villa Olímpica. Además, varios países ya han anunciado que se entrenarán en Japón, Taiwán o Macau para evitar la contaminación que cubre la capital china, a la que sólo acudirán para celebrar las pruebas. Para que Pekín se libre de la manta de suciedad que la cubre, el Gobierno ha autorizado medidas drásticas: el cierre de las industrias más contaminantes, la limitación del número de vehículos en las calles, el alto en las obras que llenan de polvo Pekín, y hasta la prohibición de fumar en establecimientos y transportes públicos.
Estados Unidos, sin embargo, sigue preocupado por la higiene y la salud alimentaria, y ha hecho público que su equipo viajará con todos los alimentos que necesitarán deportistas y preparadores el tiempo que duren los Juegos Olímpicos. Sin duda, un nuevo mazazo para las autoridades chinas, que garantizan el buen estado de la comida.
Eso sí, las infraestructuras no defraudarán, a pesar de que el choque de trenes ocurrido el lunes ha puesto una mancha indeleble en los transportes del país. El Estadio Nacional y el Centro Acuático ya están dando sus últimos retoques, y muchas de las nuevas líneas de metro están ya en funcionamiento, lo mismo que la espectacular Terminal 3 del aeropuerto de Pekín, diseñado por Norman Foster, artífice del metro de Bilbao. Sin embargo, curiosamente, en una encuesta llevada a cabo ayer por el diario oficial China Daily, el 31% de los lectores considera que todavía queda mucho por hacer para conseguir unos Juegos Olímpicos exitosos.
De lo que nadie duda es de que China dará la campanada deportiva en sus Olimpiadas. Podría hacerse con la medalla de oro del medallero, destronando a Estados Unidos. De momento, los candidatos a conseguir algún metal ya cubren vallas publicitarias y minutos de televisión. Diferentes empresas han encontrado un reclamo publicitario de éxito sin precedentes, y el país contiene el aliento a la espera de que su héroe nacional, el baloncestista de los Houston Rockets de la NBA Yao Ming, el Pau Gasol chino, se recupere a tiempo de una lesión y pueda ayudar al equipo nacional a obtener el mejor resultado de su historia.
Pero la esperanza china tiene muchas caras. Están también Super Liu, que hizo historia al lograr la medalla de oro en los 110 metros vallas en Atenas, la nadadora Guo Jingjing, doble medallista en los pasados Juegos, y una constelación de luchadores en diferentes modalidades, como el taekwondo o el judo, y hasta el boxeo. Sin olvidar, por supuesto, a quienes tienen el oro casi asegurado en las modalidades nacionales como el tenis de mesa. Pero el ardor guerrero chino promete medallas también en tenis, y en otros deportes en los que el país nunca ha destacado. No hay más que ver la estricta formación de sus atletas, casi desde que nacen, para entender por qué será tan difícil vencer a China en los estadios. La incógnita es ahora si el Gran Dragón será capaz, además, de ganarse la simpatía del mundo. |
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