Antonio Bartrina, ayer, durante la presentación del disco. Foto: deia
bilbao. "La vida es una absurda herida", canta Antonio Bartrina en el último disco de Malevaje, No me quieras tanto, quiéreme mejor, que presenta este sábado en Barakaldo Antzokia, con el apoyo de sus habituales Ariel Hernández (bandoneón), Sacri Delfino (guitarra española y eléctrica) y su mano derecha Fernando Gilabert (contrabajo).
Ante los malos tiempos, la música, en su caso el tango, "nos mantiene secos ante la tempestad", asegura el veterano y chulesco músico madrileño, que ha contado con la colaboración del violinista Ara Malikian.
Gente aferrada al poder, mangantes, chacales, un mundo en el que se va desarraigando la justicia y la razón... Bartrina ha vuelto al barrio, para cantar lo que ve y sufre. Y también al mundo discográfico tras un largo lustro de silencio. El lider de Malevaje se despacha a gusto, disparando tangos a diestro y siniestro. Pero sin olvidar el amor, las gachís y el fútbol. "Este mundo suena a tempestad, pero la música es lo que nos mantiene secos. En el disco disparo a los malvados que nos rodean. Les disparamos con canciones, que duelen más que las balas y hacen menos daño", asegura Bartrina.
"La vida es una herida absurda. Cicatriza y se abre, cicatriza y se vuelve a abrir. Así de absurda es. Pero habrá que creer en ella después de todo", resume Bartrina. El trabajo, que ofrece 14 canciones, 10 propias y 4 versiones nunca antes grabadas por el grupo, ofrece dos homenajes: uno a Alfredo Di Stéfano, "una leyenda del fútbol, aunque no me gusta el camino que ha tomado este deporte"; y a Balmoral, el local de copas madrileño que da título al último disco de Loquillo. "Ya casi no nos quedan bares, por eso hay que hacerles canciones. Quedan pocos taberneros que sepan tirar bien una caña". >a.p. |