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Una de las detalladas ilustraciones de Ángel Domínguez del libro 'Veinticuatro horas en el bosque'. |
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Había una vez un ilustrador...
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Ángel Domínguez, de Galdakao, acaba de publicar 'Veinticuatro horas en el bosque' con la editorial vizcaina narrador.es. Los cuentos, la fantasía y los seres maravillosos protagonizan los dibujos de este artista, al que la reina Rania de Jordania le encargó unas ilustraciones.
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Leire Gondra
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éRASE una vez un ilustrador que un día se alió con las hadas para que le susurraran historias extraordinarias, para que le hablaran de los duendes revoltosos que habitan entre helechos, para que le describieran los anocheceres entre los nenúfares en los que viven las ninfas acuáticas... Érase una vez el ilustrador de Galdakao Ángel Domínguez, quien acaba de publicar su última obra Veinticuatro horas en el bosque, a través de la editorial on line vizcaina narrador.es. En este libro, dibujos minuciosos, coloristas, fascinantes y llenos de seres increíbles que rozan lo inquietante hacen que el lector, pequeño o grande, sienta la necesidad de zambullirse en la imagen y formar parte de ese mundo fantástico.
"Un cuento es siempre necesario", defiende. "No hay que dejar de ser niños. Hay que reír, jugar...", destaca convencido, enfatizando las palabras como si de una máxima vital se tratara. Y es que la vida de Ángel ha estado siempre ligada al mundo de los cuentos. Ya de niño le encantaba dibujar y, curiosamente, Veinticuatro horas en el bosque es el primer libro que escribió y que ilustró, hace ya veinte años, aunque sea ahora cuando se publique. La obra consta de 24 ilustraciones y una historia escrita por el propio Domínguez que transporta al lector a un bosque encantado.
su primer libro Aunque este artista ha trabajado mucho en el País Vasco y en el resto del Estado, es en Gran Bretaña y en EE.UU. donde ha alcanzado una especial popularidad. Fue precisamente Veinticuatro horas en el bosque la llave que le abrió las puertas del mercado editorial británico. "Con esa obra me fui a Londres a buscar trabajo. No me lo publicaron pero me hicieron dos contratos para sendos libros", explica. "Dejé el trabajo que tenía para dedicarme a ello, a pesar de que una editora me dijo que no lo dejara porque es muy difícil sobrevivir ilustrando cuentos", añade.
Inglaterra siempre había sido un objetivo para él. "Allí el mundo de la ilustración está muy bien visto, muy cuidado", afirma. No obstante, en el País Vasco también ha trabajado ilustrando libros sobre animales y plantas, y ha llevado a cabo numerosos proyectos con una editorial catalana con la que sigue trabajando.
Entre sus últimos trabajos, figura el libro Las mil y una noches, y otro sobre piratas titulado Buscadores de Tesoros, ambos de la Editorial Juventud. También ha elaborado, entre otras cosas, un cartel con especies animales autóctonas del País Vasco, y las ilustraciones de un CD para la Orquesta Sinfónica de Euskadi titulado Peru eta Otsoa. "Ahora ando buscando editor para mi proyecto sobre mitos vascos que vengo intentando publicar desde tiempos inmemoriales", explica. "He vendido en Londres originales de este proyecto, como un retrato de Mari de Anboto", apostilla.
Así, se refuerza una vez más la premisa de que en tierras inglesas se aprecian especialmente las ilustraciones. De hecho, Domínguez vende muchos de sus originales en Inglaterra, un mercado que aquí no parece proliferar. "Aquí no hay tradición con respecto al mundo de la fantasía. En Inglaterra y en EE.UU. se venden muchos dibujos de fantasía. Hay gente que adora tener un original en sus manos", manifiesta.
En este ámbito de los originales, Domínguez trabaja también por encargo. Por ejemplo, un inglés le encargó hace poco una ilustración en la que aparecieran Sherlock Holmes y Watson, pero encarnados como dos gatos. Y una editora que tiene Domínguez en Londres le llevó una foto de su hija y le pidió que la convirtiera en Alicia en el País de las Maravillas.
Ahora, Ángel Domínguez va a poner en marcha su página web y tiene intención de vender a través de la red de redes sus originales, que actualmente abarrotan su domicilio.
Pero ahondar en la trayectoria profesional de este ilustrador supone inevitablemente citar el trabajo que le encargó la reina Rania de Jordania para poner los dibujos a un libro homenaje a su suegro, el rey Hussein, titulado The King's Gift.
Fue el agente que tenía por aquel entonces, en el año 2000, el que le comunicó que Rania estaba interesada en sus ilustraciones. Así que, sin pensárselo dos veces, partió a Jordania donde vivió una experiencia inolvidable. Eso sí: el trabajo fue más que intenso. "Me costó bastante. Fue muy estresante. Tuve que hacer en una semana un libro de 24 dibujos", explica. Además, una vez concluido el trabajo, tuvo que hacer muchos retoques a última hora, cuando estaba ya agotado.
Este artista está enamorado de los cuentos. Tanto que colecciona libros ingleses antiguos. En cada viaje que hace a Londres se trae consigo un par de volúmenes de principios del siglo pasado. "Esos cuentos del pasado a la hora de dibujar me gustan más que los de ahora", subraya. Como ilustrador, le encantan los brocados de los ropajes de los tiempos de Sissí. "Los trajes de corbata no me gustan nada. De hecho yo sólo me he puesto uno para casarme. El atuendo de pirata es más bonito, más interesante. Un traje me aburre a tope", dice.
Este ilustrador es un defensor feroz del cuento de antes de dormir; del gesto protector y mimoso de arropar a los niños y marcarles la frente con un beso repleto de augurios de dulces sueños. Se podría terminar este texto con un colorín colorado, pero no es posible. Porque Ángel Domínguez tiene cuento para rato... |
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