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Algunos de los clientes que utilizaron ayer los ascensores desconocían que era gratuitos y se llevaron una agradable sorpresa. |
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"Oiga, hoy es de balde, ¿no?"
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Se notaba más afluencia de gente a los ascensores de La Salve, quizás porque había muchos turistas, o quizás porque desde ayer son gratuitos. Un detalle que no todos los usuarios conocían.
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Era la frase del día: "Oiga, hoy es de balde, ¿no?". El único trabajo que tuvo ayer el operario que atiende la taquilla de los ascensores de La Salve fue asentir. Parecía que los usuarios no acababan de creerse lo que anunciaban los carteles: "Gratuito a partir del 1 de mayo". Eran los únicos elevadores municipales en los que aún había que pagar.
Un trabajador permanecerá allí, detrás de las cristaleras, durante unos días para seguir informando. Uno de los elevadores está precintado por los cambios que se están haciendo en su sistema electrónico para adecuarse a la nueva situación. Y es que, a partir de ahora, el control se realizará desde Artxanda, y no desde abajo. Cuando acaben con el elevador de la izquierda, empezarán con el de la derecha.
Pero es un trabajo menor, porque la obra más fuerte comenzará dentro de una semana, aproximadamente. Como ya no es necesario pasar por una canceladora, puesto que el servicio es gratuito, se habilitarán accesos directos desde el Campo Volantín a cada uno de ellos. Fueron los primeros elevadores públicos que el Ayuntamiento puso en servicio en 1988 y en 2007 recibieron a 193.923 viajeros.
El uno de mayo fue como cualquier día festivo: poca gente y la mayoría turistas interesados en llegar al Guggenheim o en conocer los alrededores del museo. Sin embargo, entre semana, los bilbainos los usan más, para llegar al trabajo o al lugar de estudio. En cuestión de 30 segundos el elevador llega a su destino. José y Carmen son fieles a este transporte: "Por el puente te plantas en el centro en dos minutos. Es más desagradable si el tiempo es malo, pero bueno...". Tres adultos y un niño en total entraron con el matrimonio al aparato: "Es la primera vez que veo más de dos personas en el ascensor, -renegaba el hombre, y zanjaba- esto es porque es gratis, y se acabó". "No hombre, no -suavizaba ella el tono de su marido-, no habremos coincidido con más gente". Querían ir a la otra parte del puente, la que conecta con el elevador que está cerrado. Así que, descendieron un piso y atravesaron una pasarela pegada a la viga que sostiene la estructura. Estrecha, oscura a pesar de la luminosidad del día, y con aspecto sucio, la pasaron rápido, como hacían los pocos turistas que habían tomado el mismo camino.
Arriba, en el puente, una marquesina cobija a los viajeros que salen del ascensor de la lluvia y el viento. Pero necesitan renovar su aspecto, cambiar algún cristal roto y luchar contra esos expertos de la mancha en la pared que se autodenominan grafiteros. Los que ayer llegaban a lo alto de La Salve, se encaminaban rumbo a la pinacoteca contemplando la vista: a la derecha, balcones y una hermosa terraza con la mesa preparada y montones de plantas; a la izquierda, los modernos tejados de titanio. Pocos eran los que, tras satisfacer su vista, descendían por las escaleras que rodean a los ascensores. Y muy pocos las subían. Total, 149 escalones... con los que se atrevió algún valiente por la tarde, durante la hora que el ascensor estuvo sin servicio por una avería puntual.
"Es la primera vez que veo más de dos personas en el ascensor. Eso es que son gratis"
Javier Aldámiz
Vecino de Campo Volantín
"La verdad es que con creditrans costaba 17 céntimos, pero lo uso al menos dos veces al día"
noemí Vázquez
Vecina de Huertas de la Villa |
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