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Mesa de redacción
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Txetxu
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José Mari Alonso
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DEL Andrés Pajares de ahora se podría decir de todo. Nada bueno, claro. Con su última locura -el asalto a un bufete de abogados con bigote postizo y pistola simulada- se podrían llenar columnas y columnas. Pero no sería original. Poco nuevo se puede decir de un actor que hace mucho que tocó fondo. Pero sí aportaría mi granito de arena si digo que el actor que logró un Goya por ¡Ay Carmela! siempre me recuerda a Txetxu, ese colega de la universidad que se vanagloriaba de que su principal virtud era conocerse al dedillo los diálogos de El liguero mágico… Sí, lo que leen, ese engendro perpetrado por un Pajares en estado puro que no se distinguía precisamente por sus diálogos. Así, asistí atónito a cómo un joven, me imagino que con inquietudes, entendía que culturizarse era recitar cada uno de los vocablos del que fuera miembro, junto a Ozores y Esteso, de ese trío calavera que en los 80 deleitó con un buen surtido de españoladas al público, que los convirtió posteriormente en los reyes de los videoclubs. Sí, porque no hay que engañarse, Los bingueros, Agítese antes de usarla, Los liantes, Yo hice a Roque III o Los energéticos forman parte, mal que pese, de la historiografía española, son títulos que todos hemos visto para regocijo del actual presidente del Atlético, Enrique Cerezo, que no ha dejado de amasar dinero con una fórmula tan simple como el vocabulario de Chita: dos tetas y viva el despelote. El caso es que ahora Txetxu no podría recitar ni una frase de Pajares: nada de lo que dice es legible. Su última comparecencia en televisión dio pena. Lamentablemente, Pajares nunca ha salido de esa ficción que le endiosó; su rol sigue siendo, como sus personajes, el de un perdedor, pero fuera de la pantalla ha perdido la picardía que le llevaba a ligarse a todas las titis que se les pusiesen a tiro. Descanse en paz.
jmalonso@deia.com |
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