El Primero de Mayo de ETA La banda terrorista ya había advertido en la entrevista publicada en 'Gara' el 5 de enero que los accidentes laborales son obra del "terrorismo patronal" y dejaba abierta la puerta para atentar contra los empresarios y las instituciones.
QUE ETA no necesita de celebraciones ni de efemérides para llevar a cabo sus macabros planes es bien sabido. No necesita que el calendario señale la fiesta reivindicativa anual de los trabajadores o la proximidad del Día Internacional de Seguridad Laboral para recordarnos que sigue ahí dispuesto a liberar al pueblo vasco a base de bombazos. ETA ya advirtió en la entrevista publicada en Gara el pasado 5 de enero que los accidentes laborales serían un pretexto más para atentar contra los empresarios, y como se ha visto, también contra las entidades institucionales que tienen como único objetivo luchar día a día para que disminuyan las muertes y los accidentes en los puestos de trabajo. Las bombas contra la sede de Osalan en Donostia y el artefacto contra las instalaciones que el Ministerio de Trabajo posee en Arrigorriaga demuestran que las amenazas de ETA hay que tomarlas muy en serio a pesar de su irracionalidad. El consejero de Justicia del Gobierno vasco Joseba Azkarraga denunciaba tras el doble atentado que es "incoherente" pretender defender la seguridad y la salud de los trabajadores a base de colocar bombas contra las instituciones. No sólo es incoherente, sino imposible. No se rebajará la cifra de accidentes laborales porque ETA ponga más o menos bombas, sino porque instituciones, empresarios y sindicatos actúen de acuerdo y establezcan protocolos que se cumplan por parte de todos. Y eso tiene un coste que no lo debería olvidar ETA, tan acostumbrada a exigir el impuesto revolucionario a los empresarios. Cuando la banda terrorista envía las cartas amenazantes no parece que esté pensando, precisamente, en mejorar la salud laboral de los empleados. Pero tan incoherente e incomprensible como el atentado de Donostia es el de Arrigorriaga. Sin previo aviso, hizo estallar varios kilos de explosivo que produjeron daños materiales considerables en el pabellón del Ministerio de Trabajo. Ya era el Primero de Mayo cuando reventó el pabellón. A estas alturas que ETA se envuelva en la bandera roja de los trabajadores es una burla a todos ellos, sin excepción. Todavía está en mente de todos el nombre de la última víctima mortal de la banda terrorista: Isaías Carrasco, un obrero socialista de Arrasate. ¿Cómo puede decir ETA que defiende a los trabajadores? ¿Matándolos? ETA ha creado enemigos en todos los estamentos de la sociedad sin importarle su pertenencia a una u otra clase social. El sindicalismo vasco no necesita a ETA para defenderse ante los empresarios, ni necesita sus bombas para obtener mejoras salariales y laborales. Se lo han dicho claramente los portavoces de ELA, CC.OO. y UGT, aunque también es cierto que se ha escuchado claramente el silencio de LAB, y ha perdido así una magnífica oportunidad para ponerse al lado de los que dice defender.