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Mesa de redacción
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Una gota más
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Alberto García
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Qué suerte tengo por vivir en Bizkaia. Soy rotundo en la frase porque les voy a hablar del agua, ese oro incoloro e insípido que no sabemos valorar más que cuando falta de nuestro grifo por algún problema en la red de tuberías. Y si no que se lo pregunten a los catalanes y el cristo que tienen montado por la sed que padece su capital, Barcelona, ciudad moderna y europea donde las haya. Aquí, en Bilbao, el miércoles se anunció un gran acuerdo entre la Diputación y el Consorcio de Aguas. Permitirá que en cuatro años y tras invertir 260 millones de euros, el 90% de los vizcainos tenga al menos dos redes por donde abastecerles del líquido elemento. Es mucho dinero que aportarán ambas instituciones y nosotros mismos, usuarios sedientos, ya que la factura del agua subirá en los próximos años para adecuarnos a la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea. Todavía no se sabe cuánto se incrementará, pero la ley de Bruselas indica que se debe apechugar en el recibo bimensual con todos los costes que permiten disfrutar de un servicio que, a pesar de que escandalice a muchos, no es caro. Un euro o 166 de las antiguas pesetas, ¿es un precio caro por beneficiarse de mil litros de agua de calidad? ¿Cuánto estaría usted dispuesto a pagar por disponer cada día de un elemento esencial para la vida? ¿Cuánto abonaría por no tener que acarrear cantidades ingentes de peso de esa sustancia hasta su casa desde vaya a saber usted donde? ¿Cuánto desembolsaría para que ese líquido carezca de impurezas y tenga un sabor agradable? No sé usted pero yo sería espléndido. Y no es porque, además de ducharme cada mañana, beba dos litros de agua diarios, la lavadora pueda limpiar la ropa de mi familia y cada vez que voy al baño disponga de un descarga oportuna que alivie el inodoro.
agarcia@deia.com |
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