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Derrick Sharp lanza. Foto: efe |
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'final four' las semifinales
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Con el carácter de todo un campeón
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El equipo israelí remontó un 36-18 para intentar recuperar el brillo perdido. El Montepaschi Siena, que comenzó de manera perfecta, se diluyó cuando los de Sherf apretaron el acelerador.
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montepaschi 85
maccabi 92
MONTEPASCHI SIENA: McIntyre (26), Eze (2), Thornton (10), Sato (17), Stonerook (5) -cinco inicial-, Lavrinovic (17), Diener (3), Ilievski (5), Romero (0) y Carraretto (0).
MACCABI TEL AVIV: Cummings (0), Halperin (9), Casspi (0), Vujcic (2), Morris (13) -cinco inicial-, Sharp (15), Bluthenthal (11), Bynum (13), Batista (2), Eliyahu (8), Alex García (19) y Bustein (0).
Parciales: 20-8, 45-33 (descanso); 64-61 y 85-92.
Árbitros: Jungebrand (Finlandia), Hierrezuelo (España) y Dozai (Croacia). Señalaron técnica al técnico del Maccabi Zvi Sherf y a Lavrinovic. Eliminaron a Lavrinovic.
Incidencias: Unos 13.500 espectadores en el Palacio de Deportes de Madrid
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José Antonio pascual
MADRID. El Maccabi alcanzó al final la Euroliga como lo hacen los verdaderos campeones, después de sufrir para superar un mal inicio de encuentro con una remontada tan lenta como certera que destrozó de golpe las ilusiones que había cimentado el Montepaschi Siena.
El cuadro italiano lo tuvo todo a favor. Tuvo el partido en su mano (36-18) en la primera mitad, pero no supo, o no pudo, rematar a su rival, y ante un oponente de la talla del israelí eso suele ser una derrota.
El conjunto italiano le propinó un severo repaso al Maccabi en un primer periodo para el olvido en el bando de Sherf. McIntyre dirigió a sus compañeros con precisión milimétrica y el resto lo hicieron su defensa y el cúmulo de despropósitos en ataque de un Maccabi que tardó más de tres minutos en inaugurar el marcador por medio de Norris.
Ese lanzamiento desde más allá de la línea de 6,25 y otro posterior de Norris fueron la única luz del campeón israelí antes del descanso, porque el resto fue un festival de errores de los que sacó provecho el Montepaschi Siena, que incluso llegó a soñar con sentenciar mucho antes de lo que nadie podía prever.
Sherf había buscado todas las soluciones posibles y la única que le sirvió en el segundo cuarto fue la de Lior Eliyahu, quien con ocho puntos mantuvo algo el tipo para su equipo. Su labor bajo los tableros y los triples de Sharp y Norris concedieron un respiro al Maccabi, que tras llegar al primer parcial con un adverso 20-8 pudo igualar en el segundo (25-25) e irse con vida al descanso, 45-33.
McIntyre había sido de nuevo el amo y señor del encuentro hasta que Sharp compareció de nuevo para, con dos triples, rebajar la psicológica diferencia de diez puntos (57-49) y alimentar las ilusiones de otra final.
David Bluthenthal, con un triple, una falta técnica a Lavrinovic y otro triple del brasileño Alex García dieron al partido una nueva cara para enfocar el último parcial (64-61).
Otra conversión desde fuera de la zona de Bluthental firmó el primer empate del partido (64-64) entre el clamor de la grada amarilla, que estalló aún más de júbilo cuando Will Bynum situó por delante al Maccabi (64-67) y el propio Bluthental continuó con su exhibición, 66-70.
McIntyre y Sato estaban sentados, pero dado el cariz que había tomado el encuentro, con su equipo agarrotado en ataque y sin argumentos para desbordar al Maccabi, Panigiani no tardó en devolverles a cancha.
Ya era tarde. El Maccabi era el Maccabi, ese equipo que llegaba con la vitola de claro aspirante a un nuevo título y que tardó más de veinte minutos en aparecer. A los hombres del Montepaschi Siena se les encogió la muñeca y todo lo que habían sido virtudes se convirtieron en defectos, en incapacidad ante un Maccabi lanzado hacia la final. |
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