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Unas sanitarias atienden a una mujer herida en un accidente de tráfico. Foto: sampedro |
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Sólo quince de cada cien personas que van a urgencias hospitalarias precisan ingreso
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Los pacientes prefieren esperar 4 ó 5 horas y salir con todas las pruebas hechas. En 2007, un total de 913.613 personas fueron atendidos en lo servicios de los hospitales públicos de Osakidetza.
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Nekane Lauzirika
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bilbao. La población vasca confía en las urgencias hospitales de la red pública de Osakidetza. Más de novecientas mil personas acudieron a lo largo del pasado año a alguno de los centros de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), una cifra ligeramente inferior a la del año anterior. "Es un servicio de calidad, gratis y disponible las 24 horas del día, 365 días año. Los dos últimos años hemos conseguido que las cifras no se disparen y que la gente vaya tomando conciencia de que las urgencias son para casos urgentes", ironiza el doctor Mikel Martínez, jefe de Servicio de Urgencias del hospital de Basurto.
No hace falta más que echar un vistazo a cualquier hospital, grande o pequeño, público o privado, para hallar la misma estampa: decenas y decenas de pacientes que pasan horas y horas aguardando. Los hay que esperan el turno para ser asistidos, y otros aguardan para ver a un familiar que lleva horas ingresado en el servicio.
En 2005 hubo 913.438 atenciones en las urgencias de todos los hospitales de la CAV de la red pública de Osakidetza. Un porcentaje algo menor a los asistidos en 2006 que fueron 928.312 pacientes y similar a las del año 2007, que ascendieron a 913.613 personas.
"Año tras año ha ido creciendo el porcentaje de personas que iban a urgencias para ser tratados. En el último observamos que se han estabilizado. Se sitúan en un 4%. El envejecimiento de la población es una de las causas a la que puede ser atribuible la demanda", argumenta Mikel Martínez.
Las urgencias siguen siendo un reflejo de la sociedad y como los taxistas lo son a las ciudades, las urgencias son un buen termómetro de todo el sistema sanitario. "Cuando un persona se siente mal y piensa que precisa atención urgente, actúa como en ningún otro momento de la manera más práctica. Percibe que las urgencias le darán lo que necesita. Pero sólo el 15% de los que vienen se quedará ingresado".
Los hospitales de referencia en Bizkaia como Basurto y Cruces reciben en sus urgencias una media de 400 ó 500 pacientes al día. "Depende también de los meses del año. En algunos aumentan los pacientes adultos y en otros, los niños y mayores. El techo de las urgencias lo suelen alcanzar los lunes".
Una de las cuestiones a contestar para comprender este crecimiento es si guarda alguna relación con el aumento de los problemas de salud de la población vasca. "En algunos aspectos, sí. La población con derecho a la asistencia médica ha crecido en los últimos años y ha envejecido; las personas viven más ,por lo que también tienen más achaques de salud. Y todo esto se traduce en un incremento de la presión asistencial en todos los niveles de la red sanitaria pública". Los nuevos tratamientos han logrado que personas que antes no tenían esperanza de vida, ahora vivan y lo hagan en una situación adecuada. Pero estos pacientes no disponen de la misma salud que el resto de la población. "Son enfermos crónicos que vendrán a las urgencias mucho más a menudo. Esta situación se vive en épocas de frío y cuando llega la epidemia de la gripe. Este colectivo de pacientes suelen ser visitantes asiduos de urgencias hospitalarias".
A este componente demográfico, los expertos suman otro sociológico: la denominada cultura de la inmediatez, que también ha llegado a la asistencia médica. "La gente no está por la labor de esperar. Cuando se encuentra mal quiere que le ofrezcan soluciones rápidas a sus problemas. No importa que no sean urgentes, busca la inmediatez. Y lo hacen reivindicando su derecho a ser atendidos".
cultura de la inmediatez Durante siglos, el reposo y la paciencia han sido terapias que los mayores han usado para sus dolencias. Hemos ido del "ya se pasará" al "no quiero esperar al lunes, quiero que me atiendan ya". "Nos encontramos con una sociedad muchísimo más medicalizada, que sabe y discute de enfermedades, medicamentos, dosis, tratamientos. En los tiempos actuales, nadie asume la enfermedad, el dolor como algo que forme parte de la existencia, al igual que la vida o la muerte. Hay un consumismo sanitario desaforado que ha llegado a todas las capas de nuestra sociedad".
¿Por qué los ciudadanos acuden a urgencias antes que a otros puntos de la red sanitaria pública, como médicos de cabecera o especialistas? "Porque la asistencia que reciben es muy buena. A pesar de las horas que tienen que esperar, el grado de satisfacción supera el 95%. Además, saben que cuando un paciente es urgente ése no espera, se le atiende de inmediato. La población conoce que el índice de resolución de su problema es muy alto si acude a las urgencias".
El hospital sigue ejerciendo una atracción difícil de controlar. Las razones parecen claras: inmediatez, acceso a cualquier hora y a todo tipo de pruebas y capacidad de resolución de los problemas.
Algunos especialistas creen que el éxito de las urgencias hospitalarias se ha logrado a costa del "fracaso o fin del modelo de inversión en la atención primaria".
"En Urgencias un paciente al que no le urja ser atendido deberá esperar cuatro o cinco horas en algunos casos, pero sabe que saldrá de allí con una analítica completa, un diagnóstico preciso y un tratamiento bajo el brazo. Muchos prefieren aguardar en la sala de espera varias horas a tener que ir a pedir la vez al médico de cabecera que luego le dará cita para que le hagan una radiografía. Sabe que de las urgencias saldrá con todo hecho; lo utiliza como un circuito rápido de diagnóstico", reconoce.
39 grados en niños El aumento de la inversión en los centros de salud de atención primaria, con más herramientas diagnósticas, mayor plantilla y servicios de urgencias solventes para atender los casos que no requieran hospitalización, sería en este caso parte de una solución que hoy se antoja difícil. "Sólo quince de cada cien personas que vienen a las urgencias necesitan ser ingresados. La mayoría vuelve a su casa y muchos de ellos con el mismo tratamiento que traían, sobre todo los niños. Hace menos de 40 años tener 39 grados de fiebre era muy grave; ahora los médicos saben que no lo es en la mayoría de las ocasiones, sin embargo la gente sigue pensando que sí, sobre todo cuando se trata de niños. La alarma con respecto a los pequeños es mucho más alta", reconoce
La posibilidad de acudir a las urgencias de los centros de primaria más próximos a los domicilios se topa con una tozuda realidad: son los propios usuarios del sistema sanitario, sobre todo en caso de niños, los que prefieren ir al hospital cuando se encuentran mal.
Desde Osakidetza y el Departamento de Sanidad, incluyendo el consejero Gabriel Inclán, siempre que tienen oportunidad recomiendan hacer buen uso de las urgencias para no colapsar los hospitales. Sin embargo, la gente no acude en los porcentajes de real gravedad a las urgencias de los centros de salud. "Hay que hacer una apuesta clara y potenciar los recursos y transmitir el mensaje a la población de que la mayoría de las necesidades pueden ser atendidas en los centros sin ir a los hospitales de referencia. Si no se hace así ocurre que en muchas ocasiones, dependiendo de las temporadas, las urgencias pasan a ser un agujero negro que todo lo absorbe, recursos económicos, pacientes, profesionales..., un pozo que nunca, nunca tiene fin".
sin límite A pesar de las recomendaciones de los responsables sanitarios, las campañas para hacer buen uso de las urgencias no ofrecen el resultado esperado. "Las urgencias siguen estando repletas de gente de todo tipo y condición; no tienen límites. Quienes acuden saben que deben esperar, en ocasiones mucho más de lo deseable e incluso de lo recomendable, pero al final se irán a sus casas con todo resuelto; se irán con pruebas que el médico de cabecera no se las hubiera podido entregar en un sólo día. Ahí reside el quid de la cuestión. Aunque han estado varias horas en la sala de espera se han evitado el pedir cita previa, volver a la consulta y todo lo demás. De hecho, casi el 70% de los pacientes que se ven en las urgencias hospitalarias llegan motu proprio; en ningún caso referenciados por el médico de primaria. Ésta es una constante no sólo en Basurto, sino también en otros hospitales de referencia de Euskadi".
Si el porcentaje de adultos que acude a las urgencias hospitalarias y no queda ingresado es mayoritario, aún lo es mucho más en el caso de las asistencias pediátricas. "Sólo el 4% de los pequeños a los que vemos en el servicio quedan ingresados, y de ellos casi la mitad los tenemos en observación. Nuestro servicio se convierte en el cajero automático de la sanidad; hay una petición de inmediatez que a veces no justifica que saturen estas consultas; podían ser perfectamente atendidos en las urgencias de los centros de salud, pero ni siquiera se plantean esperar 24 horas", explica Javier Humayor, pediatra de urgencias hospitalarias.
La media para ver a un médico especialista por una primera consulta se encuentra en unos 53 días, plazo que aún era superior para la gran mayoría de pruebas diagnósticas. La espera media para ser operado alcanzó el pasado año unos 60 días. "Los pacientes de urgencias saben que es pesado estar en la sala aguardando el turno, pero lo prefieren a ese peregrinar a la que en ocasiones es sometido por su médico de cabecera".
Los médicos de urgencia reconocen que la accesibilidad del servicio es un factor que determina la afluencia de pacientes. ¿Cómo disuadir a los polifrecuentadores de las urgencias? "Llamamos así a los que acuden más de diez veces al año. Y no podemos hacer nada más que atenderles aunque sepamos que pueden esperar. Es una cuestión de mentalidad. Ellos piensan erróneamente que van a ser mejor atendidos en el hospital que en su centro de salud".
redirigir a los pacientes Algunos responsables se refieren a soluciones pragmáticas como redirigir a los pacientes de las urgencias por todo el sistema sanitario,
En uno de los estudios que hay en este sentido se les propuso a los pacientes acudir a un centro de primaria y a un centro satélite. "En algunos hospitales estadounidenses está en marcha esta iniciativa y funciona bien". Algo menos de la mitad no les pareció bien acudir a otro centro asistencial, pero el 94,3% lo aceptó. Tras la experiencia, el 93% se mostró satisfecho y dijo que lo volvería a hacer. "Se trataría de encauzar un buen número de urgencias".
Las conclusiones del estudio recogen los datos de otros trabajos llevados a cabo en EE.UU. y el Reino Unido. Todos ellos concluyeron que entre el 19% y el 29% de quienes acuden a urgencias es susceptible de ser derivado sin ni siquiera ser atendido en el hospital. "Se ha confundido el acceso rápido a los recursos con los recursos rápidos. El mal uso está ahí", concluye resignado.
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¿Urgente o grave?
Las motivaciones para acudir a las urgencias hospitalarias son ilimitadas. Cada persona tiene la suya. Pero, la decisión de acudir a ellas no siempre se realiza de forma espontánea. Factores tan peregrinos como si el día es festivo o si hay un partido de fútbol determinan el flujo de pacientes al hospital. "No estamos refiriéndonos a los pacientes graves, sino a otras situaciones más normales, como la mayoría de los que vienen al servicio, en las que se puede planificar la consulta de urgencias. No suele ser raro que el familiar espere al descanso del partido para traer al paciente a consulta". Lógicas similares a ésta hacen que los lunes sean los días horribles de la semana, cuando se registra un mayor número de pacientes. "Tras el lunes el peor día suele ser el que le sigue a un festivo y también es peor en invierno que en verano". También el hecho de que después de las ocho de la tarde se incremente las urgencias indica que el horario de trabajo determina asimismo la hora de acudir a urgencias. "La asistencia integral que reciben en el hospital parece que les compensa la espera; optan por el circuito rápido". >N. L. |
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