|
|
|
Tierra a la vista
|
|
El local liberal
|
 |
|
Xabi Larrañaga
|
 |
ANTEAYER se celebró la llamada procesión cívica, ese peregrinaje anual hasta el antiguo cementerio civil de Mallona. Hubo discurso del señor alcalde, reencuentro de viejos amigos y apología varia del célebre liberalismo bilbaino. Yo no dudo acerca de las buenas intenciones de los asistentes al evento ni de la labor de la Sociedad El Sitio, y por supuesto aún existen motivos para reivindicar la ideología liberal en una tierra cercada por antiliberales de todo tipo. Pero mucho me temo que a ese difuso concepto, el liberalismo bilbaino, le ocurre lo que al casticismo madrileño, al afrancesamiento donostiarra, a la melancolía galaica y a la religiosidad malagueña.
O sea, que se ha quedado en palabra llavero, en término sonajero, en racimo de sílabas demasiado masticadas que en ciertas bocas repite como una palabrota de pepinillos. O de abuelitos cebolleta.
Yo no sé muy bien qué significa hoy el liberalismo, pero sí sé que nada tiene de liberal económico el socialista local que por ejemplo rechaza con furor intervencionista la apertura de los centros comerciales los domingos. Y también sé que anda lejos del liberalismo lúbrico el militante del Partido Popular que vota contra la unión entre personas del mismo sexo. Quizás sólo un ignorante como yo puede sorprenderse cuando contempla al mismo político conservador ascendiendo hasta Mallona para honrar a los heroicos auxiliares de 1876 y descendiendo hasta la Cibeles para manifestarse junto a la pía derecha vaticanista de 2008.
Algo no me cuadra en esa dualidad que con una mano integrista acusa al Gobierno de destruir la familia y con la otra mano progresista arremete contra los supuestos herederos de aquel carlismo santurrón y asediador. En fin, que con esto del liberalismo bilbaino sucede como con aquello de la furia española: que se exagera la virtud o el gentilicio |
|