bilbao. Petardazo. Lo que empezó como una fiesta por el regreso a San Mamés de Carlos Gurpegi dos años después acabó en decepción. Porque el Athletic se empeñó en aguar el homenaje al de Andosilla. Porque el Athletic desperdició una inmejorable ocasión, con la conocida derrota del Deportivo y el empate posterior del Espanyol, de ponerse a tiro de la Intertoto. Es cierto que a los rojiblancos les queda todavía opciones matemáticas de agarrar esa plaza que proporciona el rodeo a Europa. Pero las sensaciones que destilaron ayer apuntan a que han colgado el cartel de cerrado por vacaciones. Restan por delante tres jornadas, la inmediata el miércoles ante el Murcia de Javier Clemente y ya descendido a Segunda División. Nueve puntos por jugar. Sin embargo, el Athletic tiene puesta la mira más en la próxima temporada que en mantener la tensión. Su segunda mitad, lamentable a más no poder, invita a esa lectura.
Dani Güiza, el nuevo pichichi de Primera División, ejerció de verdugo del Athletic. El jerezano no hizo más que asumir su papel. Vive días de vino y rosas. Es vox populi. Güiza está caliente. Y eso lo hace peligroso. Mucho. El conjunto rojiblanco no debió darse por enterado. Que tiene su delito. A los dos minutos Güiza se lo hizo ver. El delantero bermellón ganó la espalda a los centrales rojiblancos, agarró un excelente servicio en largo de Arango, controló el balón con la derecha y fusiló a Armando con la izquierda. La primera que toca y la primera que caza. Fe de pichichi. Su segundo golpe resultó letal. Güiza olió el balón que le habilitó Borja Valero y sentenció, solo en el área pequeña, con un sutil toque de cabeza. Su gol 18 lejos de la isla. Su gol 24, uno más que Luis Fabiano y al que destrona. Fernando Llorente también está de moda. Ayer mojó. Su tanto diez. Puede presumir de ello. Pero la inspiración del de Rincón de Soto no sirvió. Que también es para tirarse de los pelos.
La primera diana de Güiza rompió las hostilidades. No habían pasado más que 120 segundos y el Athletic se veía por detrás. La pizarra de Caparrós voló por los aires, con Gurpegi de nuevo como central. No es su puesto natural. El marrón al que se vio expuesto ejerció como tal. El conjunto rojiblanco, con todo, tuvo la virtud de reaccionar. Sólo seis minutos después surgió la figura de Llorente para firmar el empate en una acción propia de un delantero nato. Llorente se lo curró ante David Navarro, se soltó del agarrón del ex valencianista y marcó los tiempos para superar de un cabezazo limpio a Moyà. Fue la noticia grata de la tarde, como la fue la vuelta de Gurpegi a La Catedral, 24 meses después de su anterior comparecencia y ante el mismo rival. El navarro, como es obvio, no vivió la tarde que había imaginado.
Caparrós apostó por Garmendia como compañero de Javi Martínez en el doble pivote y con Yeste de media punta. No le funcionó. A los 25 minutos, mudó las posiciones de los dos basauritarras. Sintomático. El Athletic sólo existía a impulsos. Nada que ver con la maquinaria que pasó por encima del Valencia quince días atrás. Porque el Mallorca, sin necesidad de muchos alardes, ofrecía mejor pinta. Por lo menos, era fiel a sí mismo. Borja Valero y Basinas superaban a Javi Martínez, que no pudo repetir sus anteriores actuaciones estelares, y a Garmendia, en tanto que Güiza y Webó se encargaban de inspirar terror en sus apariciones.
Un falta ejecutada por el jerezano al borde del área, que se marchó por centímetros, y un cabezazo del camerunés que lamió el larguero se convirtieron en los argumentos ofensivos del conjunto de Gregorio Manzano, que ilustró el porqué es uno de los mejores equipos como visitante. El Athletic, mientras, lamenta poner fin a su racha de cuatro victorias consecutivas en San Mamés. Un disparo duro de Garmendia, que despejó Moyà, y un remate de Llorente, que no tocó lo suficiente en una falta botada por Yeste, se erigieron en las respuestas de los rojiblancos.
desplome rojiblanco El marcador en vestuarios lucía la igualdad. El segundo acto, por tanto, invitaba al examen decisivo. Y el Athletic lo suspendió. Los de Caparrós desaparecieron. Mala noticia. Los leones han enterrado el bienio negro a base de actitud y aptitud. En los segundos 45 minutos de ayer se olvidaron de esas virtudes tan frescas en la memoria. Es más, la vulgaridad, la que tanto daño ha hecho en los dos cursos anteriores, apareció por momentos. Así da fe de ello el dato de que el Athletic tuvo que esperar al minuto 94 para firmar su única ocasión de peligro en la reanudación. Curiosamente, ésta pudo dar un punto, cuando una falta botada a la desesperada por Murillo, que no comparecía en San Mamés en Liga desde la tercera jornada ante el Zaragoza, llevó a un doble remate de Gabilondo, primero con la cabeza y de seguido con el pie, y el postrero de Amorebieta, que no dirigió con precisión con su derecha el balón que le cayó de rebote a sus pies.
El Athletic podrá lamentar esa acción que pudo valer el empate. Pero su mal ya estaba escrito. Güiza no había dicho su última palabra. Avisó tras un servicio de Arango al cuarto de hora, pero diez minutos después ya no perdonó. El jerezano completó una tarde redonda en lo personal. Lo hizo con Ibagaza ya sobre el césped. Manzano recurrió al argentino, todo un talento en la organización, y tuvo premio gordo. Caparrós, en cambio, quiso arreglar el desaguisado táctico con la entrada de Murillo en busca de una coraza en la medular de la que había carecido su equipo. Para rizar el rizo, Gurpegi subió al doble pivote a falta de diez minutos y Murillo bajó al eje de la defensa. En medio, nada. Un interminable desierto. Ni la entrada de Joseba Etxeberria ni la de Aduriz ofrecieron soluciones. El Athletic se había desplomado con antelación. Ya había puesto el cartel de cerrado por vacaciones.
Llorente, el mejor goleador en tres años
Fernando Llorente ya puede presumir de alcanzar una cifra redonda. Ayer firmó su décima diana del presente curso. Un dato que habla del excelente momento de forma por el que atraviesa. El de Rincón de Soto ya no sólo es el 'pichichi' en el conjunto de Joaquín Caparrós, sino que también ha superado la cifra adquirida por los máximos goleadores rojiblancos en el pasado bienio. En la temporada 2005-06, Aritz Aduriz se convirtió en el máximo realizador de los 'leones' con una tarjeta de seis tantos, pese a que el donostiarra compareció sólo en la segunda vuelta tras su regreso al Athletic procedente del Valladolid. Aduriz repitió el ejercicio pasado como 'pichichi' con un total de nueve tantos, uno más que Ismael Urzaiz. Fueron dos años convulsos y en los que el conjunto rojiblanco tuvo que esperar al final para sellar la permanencia. Llorente no se había destapado como goleador en los tres cursos anteriores, con un récord de tres dianas en la temporada 2004-05. En ésta, el delantero se ha erigido en el principal referente ofensivo del Athletic, con diez goles, cuatro de ellos en dos dobletes, firmados en las 22 últimas jornadas. >p. r. |