Rangún. El paso del ciclón Nargis por Myanmar, la antigua Birmania, ha dejado un trágico rastro de muerte y destrucción. Los cadáveres y desaparecidos se cuentan por miles, mientras que son decenas de miles los que se han quedado sin casa por el paso de un fenómeno que arrasó algunas zonas del país con fuertes lluvias y vientos de hasta 240 kilómetros por hora. Según la televisión estatal, son 4.000 los muertos y cerca de 3.000 los desaparecidos aunque el ministro de Exteriores de la Junta birmana, Nyan Win, dijo que el Gobierno tiene un balance provisional de cerca de 10.000 muertos y 3.000 desaparecidos.
Mientras, las agencias humanitarias y ONGs informaron de que cientos de miles de personas han quedado sin hogar y sin agua potable y otros servicios. Las cifras de la tragedia pueden incluso ser aún mayores: "Según las informaciones de que disponemos hoy, podría haber decenas de miles de muertos en la localidad de Bogalay y otros miles en Labutta", en el delta del Irrawaddy, avanzó MRTV, la cadena controlada por la Junta. De confirmarse estas cifras, el Nargis se convertiría en el fenómeno más mortífero en Asia desde el tsunami que devastó las costas del sureste asiático en la Nochebuena de 2004.
La cifra se dispara Ya se temía que la cifra de víctimas fuera en aumento a medida que se lograba acceder y establecer contacto con las regiones más castigadas, las cercanas al delta del río Irrawady. El golpe meteorológico es doble para los birmanos, dado que el delta del Irrawaddy es el centro de la producción arrocera del país. De hecho, en las horas posteriores al azote de Nargis, se han disparado los precios de los alimentos y el combustible en la capital, Yangon.
Dada la dimensión de la catástrofe, la Junta birmana ha aceptado la ayuda humanitaria de Naciones Unidas. Responsables del Programa Mundial de Alimentos se reunieron ayer en Yangon con miembros del Gobierno y obtuvieron una prudente luz verde para enviar ayuda y personal.
La acción de los trabajadores de agencias humanitarias está muy limitada en Myanmar, ya que desde el año 2006, la Junta exige permisos de viaje y otros trámites para el personal humanitario, al tiempo que limitó el transporte de suministros y otros materiales.
"El Gobierno está teniendo tantos problemas como nosotros para obtener una perspectiva global (de la catástrofe). Las carreteras no son transitables y tardaremos mucho tiempo en llegar a numerosos pueblos afectados", explicó el citado responsable de la ONU, Terje Skavdal.
El pueblo acudirá a las urnas el sábado
El ciclón Nargis golpeó con su furia a un país económicamente devastado, en el que millones de personas no tienen lo más necesario para vivir. Por primera vez en 18 años, los habitantes de Myanmar (antigua Birmania) acudirán a las urnas el próximo sábado 10 de mayo. La ciudadanía deberá votar sobre una nueva Constitución, que promete las primeras elecciones libres desde 1990 para dentro de dos años. Ahora, las calles y los puentes están destruidos y amplias zonas de la costa siguen aún sin comunicación alguna. En esta tesitura, y a pesar de la devastación causada por el ciclón, el régimen militar ha prometido cumplir con lo previsto en cuanto a la votación. "El referéndum está a unos pocos días y la gente encara con alegría la votación", señala una declaración de la Junta Militar difundida el domingo; fecha en la que aún no se conocían los datos 'reales' de la tragedia. Los generales de la Junta, además de ser muy supersticiosos -y seguramente interpretarán el ciclón como un mal presagio- son extremadamente paranoicos y ven espías en cualquier esquina. >C. O.