bilbao. Jon Domínguez Legarreta vino a este mundo hace 10 años en el hospital de Basurto de Bilbao, donde una mala cesárea le privó del oxígeno suficiente para nacer bien. Desde entonces sufre una parálisis cerebral con un 65% de discapacidad: tiene pies equinos que le obligan a desplazarse en silla de ruedas, la mano izquierda algo torcida y un ligero menoscabo cognitivo.
Pero todo ello no le impide acudir a la escuela como cualquier niño de su edad e ir aprendiendo, aunque sea con un poquito más de esfuerzo. Pesa 42 kilos, así que sus padres ya no pueden levantarlo como a un bebé y por eso van a mudarse de Basauri a Etxebarri a una casa adaptada a las necesidades de la familia. Pero Jon no podrá ir a la escuela del municipio, porque el Departamento de Educación considera que adaptar el colegio implicaría un exceso de inversión.
El área ha emprendido este curso en Etxebarri la construcción de un nuevo centro escolar que sustituirá al CEP Barandiaran, el único colegio público del municipio, que en un futuro pasará a convertirse en escuela infantil. El centro en construcción se abrirá en tres años y estará totalmente adaptado a minusválidos. "Pero mientras tanto, ¿qué?", se preguntaba ayer con impotencia el padre de Jon, Santiago Domínguez. La solución que el Departamento ha ofrecido a la familia es costear un taxi que traslade al niño los tres próximos años desde Etxebarri al CEP Gaztelu de Basauri, su actual centro educativo y donde Jon empezó su escolarización. Ahora está en tercer curso.
El padre de Jon considera esta opción un "disparate". Asegura que económicamente supone una inversión mayor a "adaptar Barandiaran mínimamente" a las necesidades del niño: dos barras para asirse cuando se siente en el baño y una oruga salva-escaleras que le traslade al primer piso de la escuela, donde recibiría las clases de informática, de dos horas semanales como máximo.
"En Basauri hay otra niña en silla de ruedas y un taxi la lleva y la recoge a diario. Educación paga por ese transporte 6.000 euros cada curso y entre su casa y el colegio no hay ni un kilómetro de distancia, a diferencia de entre Etxebarri y Basauri", explica Domínguez. "La inversión de las obras sería mucho menor que el coste del taxi", asegura.
Pero no es sólo eso. Santiago Domínguez considera que su hijo necesita "un cambio", algo que también desea Jon. "Es un niño muy alegre pero en Gaztelu le hacen de menos y sólo tiene dos amigos", explica Santiago. La indiferencia de los más pequeños y la crueldad que a veces profesan hacen temer a su padre que el permanente traslado en taxi le conviertan en un niño retraído. "No me parece justo que mi hijo esté metido tres años en un taxi sin relacionarse con niños del pueblo donde va a vivir", agrega.
Cuando el 25 de abril Santiago y su esposa comprobaron que en las listas de alumnos no admitidos figuraba su hijo, a pesar de obtener la nota máxima del baremo (8,5) y de avisar en noviembre del pasado año a la directora "de lo que se le venía encima", el mazazo ha sido "muy fuerte".
"Nos hemos empeñado económicamente y nos vamos a mudar por nuestro hijo, porque Jon lo es todo para nosotros. En Basauri la situación ya no es cómoda. Vivimos en el barrio Basozelai, que está en el monte, y Basauri está lleno de cuestas. Jon ya pesa 42 kilos, más los de la silla. Etxebarri es llano y está bien comunicado con el metro, que está adaptado a minusválidos", explica Santiago Domínguez.
Los actuales profesores de Jon en Gaztelu han remitido un escrito al Departamento de Educación solidarizándose con la familia y recordando que un organismo público debería satisfacer "las necesidades de un niño que ya de por sí tiene que superar todos los días un montón de dificultades". La dirección y el profesorado de Barandiaran remitirá en los próximos días otro escrito similar.
"Las reformas no son muy lógicas"
"Las reformas que sugiere el padre de Jon no son muy lógicas. Una rampa, unas barras en el baño y una plataforma no serían suficientes. Nuestros informes indican que sería necesario construir dos ascensores, así que las obras no estarían listas para el próximo curso y acabarían solapándose con la construcción del nuevo centro escolar en Etxebarri. A veces los sentimientos y los deseos de las familias no coinciden con los informes técnicos que evalúan la realidad de una forma más objetiva", explicaron ayer fuentes del Departamento de Educación. Ante la negativa de admitir a Jon en el centro Barandiaran de Etxebarri, el padre sugirió a la delegación territorial de Educación que adoptaran "solamente unas reformas mínimas", a lo que el Departamento también se ha negado. "Jon no puede pisar bien, pero puede desplazarse por los pasillos con un andador", explica Santiago Domínguez, "y en los brazos no le falta fuerza. Ahora juega a baloncesto con niños como él y está muy contento. Está haciendo muchos amigos, que es lo quiero yo, ¡y no es para menos! Tiene muy buen corazón y siempre se está riendo". >g.f. |