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Medvedev y Putin, junto al presidente de la Duma, Boris Gryzlov , el alcalde de Moscú, Yury Luzhkov, y el ministro Sergei Shoigu, foto: afp |
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Putin deja la presidencia rusa a Medvedev para convertirse en 'superprimer' ministro
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El nuevo jefe de Estado, un abogado de 42 años, será el más joven que ha tenido Rusia desde la época de los zares.
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Ulf MAUDER
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MOSCÚ. En Moscú es palpable la tensión en los momentos previos al cambio de poder en el Kremlin. Esta semana el país vivirá el clímax de una hasta ahora inigualable Operación Cambio de Mando, cuando gracias a una puesta en escena casi cinematográfica ocurran tres grandes eventos políticos y Dmitri Medvedev, de apenas 42 años, se convierta en jefe de Estado ruso más joven desde la época de los zares.
Tras ocho años en el cargo, hoy el presidente Vladimir Putin entregará oficialmente el poder a su sucesor electo, Medvedev. Al día siguiente, la Duma elegirá a Putin para ser el jefe de gobierno ruso más poderoso de todos los tiempos. El ciclo se cerrará el viernes con un pomposo desfile militar por el Día de la Victoria como Rusia no ha visto desde la época soviética.
La capital, Moscú, actualmente se encuentra en estado de excepción debido al constante transporte de armas y las pruebas militares para el desfile, acompañado de un gigantesco despliegue de las fuerzas de seguridad. Por primera vez en dos décadas volverá a haber tanques en el desfile militar en la Plaza Roja. Rusia presentará sus misiles y sus aviones de combate surcarán el cielo.
Observadores occidentales sólo mueven la cabeza frente a este ejercicio militar de un país fortalecido económicamente, que ha recuperado su autoestima. En Moscú interesa mucho más la cuestión del futuro reparto de poder entre Medvedev y Putin.
Aunque ambos, aliados desde la época de San Petersburgo, aseguran al unísono que no habrá otro centro de poder aparte de la presidencia y menos una disputa entre ambos, la mayoría de los politólogos observan un traslado del mando de decisión política desde el Kremlin hacia la Casa Blanca a orillas del río Moskva, según escribe la revista opositora moscovita The New Times. Rusia va desde una república presidencial hacia una parlamentaria, señala el medio. Cuando Putin se mude, se llevará el poder y dejará debilitado al presidente, comenta la revista. Putin aprovecha su poder como presidente hasta el último minuto. Liberó su futuro cargo de tareas molestas, aumentó sus poderes y le dio importantes atributos personales.
presión Sin embargo, Putin, que durante su presidencia no permitió grandes libertades a ninguno de sus jefes de gobierno, a los cuales cambiaba a voluntad, ahora está bajo la presión del éxito. El y Medvedev se fijaron durante las últimas elecciones parlamentarias y presidenciales metas tan concretas que ahora están obligados a cumplir ante sus electores. El hasta ahora vicejefe de gobierno prometió lo que le gusta escuchar a Occidente: Medios independientes y un sistema judicial sin arbitrariedad.
Sin embargo, este abogado quiere combatir sobre todo la corrupción, extendida hasta los máximos niveles del Estado, y fortalecer la sociedad civil y los derechos de propiedad.
Asimismo, sus planes para modernizar el país hacen sonar las alarmas entre muchos usufructuarios del viejo sistema, desde los funcionarios públicos hasta los servicios secretos, pasando por los militares. Temen por sus prebendas y librarán luchas de poder, según los expertos.
Opositores liberales como Vladimir Ryshkov advierten contra las esperanzas de cambio y acusan a los dirigentes de doble discurso. Al discurso liberal siempre se contrapone una actuación autoritaria y despótica. Aquí debemos lidiar con un Estado policial, que persigue a aquellos que piensan diferente y donde se violan masivamente los derechos humanos, concluye el ex diputado de la Duma, Vladimir Ryshkov.
Demostración de fuerza en la Plaza Roja
El viernes, 9 de mayo, día de la victoria sobre la Alemania de Hitler, las Fuerzas Armadas rusas tienen previsto celebrarlo a lo grande. Por primera vez en casi 20 años, podrán desfilar tanques sobre el adoquinado de la Plaza Roja. Rusia no quiere regresar con ello a la Guerra Fría, sino más bien demostrar, hacia adentro y hacia afuera, su nuevo poder económico y militar, según el presidente Putin. Sin embargo, esta manifestación de autoconfianza de las Fuerzas Armadas rusas no resiste un análisis en profundidad. La mayoría absoluta de los 1,1 millones de soldados rusos siguen trabajando en condiciones humillantemente malas. La reforma anunciada hace años de una transición fluida hacia un Ejército profesional parece estancada. Gran parte de los soldados temporales no están dispuestos a prolongar sus contratos, se lamentó el legislador Nikolai Besborodov. Su cifra asciende a 300.000 hombres, comunicó el general retirado a fines de 2007 a la Duma. En todo el país hay 130.000 uniformados esperando el alojamiento prometido. Un soldado temporal en el distrito de Siberia gana actualmente al mes 9.500 rublos, es decir, unos 250 euros. >dpa |
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