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08-05-2008
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Pese a la llegada de las primeras toneladas de ayuda humanitaria internacional, básicamente alimentos y agua potable, la situación en Myanmar no tiene visos de mejora a corto plazo. Sin electricidad ni agua corriente la única consigna es aguantar.
Ángel Escamis
COn machetes, hachas, sierras y pocas herramientas más, la población de Rangún, la mayor ciudad de Birmania (Myanmar), lucha para recuperar los servicios básicos destrozados por el ciclón Nargis, que ha dejado a su paso al menos 22.500 cadáveres, 41.000 desaparecidos -fuesmtes estadounidenses elevan a cien mil las víctimas mortales- y puede que más de un millón de damnificados en todo el país, que luchan por sobrevivir entre tanta miseria física y humana.

En la capital, una urbe de cinco millones de habitantes, no se ven grúas retirando de las calles los postes eléctricos arrancados de cuajo por el ciclón ni tampoco a soldados y técnicos recogiendo los cables del tendido o los generadores de alta tensión que están tirados por el suelo desde el pasado sábado.

Ningún ciudadano de a pie de esta ciudad, que por las noches se sume en la absoluta oscuridad, sabe cuántas semanas o meses tendrán que transcurrir hasta que los hogares vuelvan a tener electricidad o cuándo será restablecido el suministro de agua corriente.

La superpoblada y empobrecida región del delta, donde 41.054 personas han sido dadas por desaparecidas, según el último parte, dispone de un solo aeropuerto apto para el aterrizaje de aviones de carga, muchas de sus áreas son de difícil acceso aún en condiciones normales y la mayor parte del territorio ha quedado incomunicado por carretera y vía férrea.

Además, las barcazas, el típico medio de transporte por el río Irrawaddy y necesarias para distribuir el material de emergencia entre el millón de damnificados, se hundieron o fueron destruidas por el temporal. "La ayuda a la región del delta esta llegando a cuentagotas, no existen los recursos ni las infraestructuras para llevarla hasta allí", explicó un empleado birmano de una de las pocas organizaciones humanitarias internacionales autorizadas por el régimen para trabajar en el país.

La zona más devastada es la situada en torno a la localidad de Bogalay, a unos 90 kms. al suroeste de Rangún y a la que únicamente se puede acceder navegando o en helicóptero. La distribución de los plásticos que hagan de tiendas de campaña, agua y alguna que otra clase de alimento se hace a pie o en carromatos en Bogalay, donde han perdido la vida 10.000 personas y donde el 95 por ciento de las viviendas ha quedado reducido a escombros.

Es, tan sólo, una pincelada de la tragedia y del hermetismo de un régimen militar que parece haber perdido su prestancia castrense.



El régimen se tambalea

La violencia brutal es el lenguaje de la Junta Militar en Myanmar. El pueblo no está acostumbrado a otra cosa. Pero ahora, el hecho de que los generales no mostraran un rostro humano ni en la hora de mayor necesidad, podría convertirse en su perdición. La rabia en el país crece. Los pocos que se deciden a hablar se preguntan ¿Dónde están las tropas que en septiembre reprimieron y ahora no ayudan a las víctimas? Ese mismo régimen intenta, desesperado, mejorar su imagen hasta el punto de que cambian de camión las ayudas de China y Tailandia en el aeropuerto, para dar la impresión de que los bienes provenían de ellos. El pueblo lo sabe. Los empleados estatales y los soldados también has visto la cara más sombría de la Junta Militar. Miles de ellos fueron obligados a trasladarse hace dos años desde Rangún a la nueva capital, Naypydaw, 300 kilómetros hacia el interior del país, en general sin sus familias. A pesar de ello no pueden tomarse días libres. De todas formas, muchos han abandonado sus trabajos o desertado para ayudar a sus parientes en las regiones en crisis. La cuestión es si volverán o si por el contrario serán castigados cuando la comunidad internacional mire hacia otro lado. >C.H.



EE.UU. dice que hay 100.000 muertos

El ciclón Nargis podría haber causado la muerte de más de 100.000 personas en Myanmar, según indicó la diplomática estadounidense de más alto rango en ese país del sudeste asiático. A este elevado número apuntan cifras detalladas de una organización internacional independiente, citó la emisora norteamericana CNN a la encargada de negocios en la embajada estadounidense en Rangún, Shari Villarosa. La diplomática no quiso especificar de qué organización se trata. Shari Villarosa dijo a los periodistas en Washington, vía llamada en conferencia, que una vez que estén contabilizados los desaparecidos, la cifra de víctimas mortales podría superar las 100.000. La diplomática estadounidense aseguró que la mayoría de las muertes aparentemente se registró en las áreas rurales de la ex Birmania, y advirtió que hay acceso limitado a las provisiones de agua. Villarosa consideró que la situación en Myanmar es "horrible". El portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, dijo por su parte que el gobierno estadounidense presiona a Myanmar para que permita un ingreso más rápido de los trabajadores humanitarios al país. >dpa

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