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UNA revista que por su papel duro no vale ni para limpiar el horno y que, sin embargo, marca tendencias, sostiene que "un hombre de hoy, si quiere ser elegante y sexy, debe llevar escarpines de tacón de aguja y gorritos de jugar al golf de esos que técnicamente se conocen como bucket hats". La frase transcrita ha sido fatigosa, ya puede usted respirar. Está visto que uno es hombre de ayer. Ante tamaña dificultad para convertirse en iconos del vanguardismo los bomberos de Bilbao optaron en su célebre póster por regresar al siglo de Adán, cuando cabía ser elegante con un taparrabos de trébol y sexy absoluto sin los archiconocidos bucket hats. Dicen que las palabras se las lleva el viento, y por la cuenta que nos trae se agradece, pero pocos recuerdan que las fotografías también se dispersan como los abuelitos, esas pelusas sin brújula que sobrevuelan la primavera. Otra publicación modernísima informa de que un bombero londinense ha sido obligado a pagar la manutención de las criaturas de su pareja lesbiana a la que donó su esperma y que en Estados Unidos la madre no biológica de los niños carece de responsabilidad legal. Me hago cargo de que eso le importará al lector tanto como el futuro de Acebes, pero quizás le sorprenda saber que la noticia se adorna con la imagen de un apagafuegos bilbaíno, en concreto aquel que bajo la lluvia de junio acarrea una manguera. A eso se le llama expandirse sin permiso y enfermar de éxito, y de éxito han muerto aquellas madres de Serradilla del Arroyo que, animadas por la fama de nuestros héroes, decidieron emularlos y enseñar cacho para financiar la ludoteca de sus hijos. Al final han tenido que comerse los calendarios con guacamoles y hacer frente a una deuda de 9.000 euros. Por fortuna una empresa dedicada al porno casero se ha comprometido a solucionarles el problema. No me pregunten cómo. |