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Iñigo Landaluze será una de las bazas de Euskaltel-Euskadi en el Giro. Foto: Zigor Alkorta |
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Rosa esperanza
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"Llegamos a Palermo con la necesidad de sumar", asegura Miguel Madariaga.
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Alain Laiseka
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Bilbao. Todo lo que no puede palparse, medirse y contarse es odioso. Teoría capital. ¿La actitud? Es un valor etéreo, social: ni se palpa ni se mide ni se cuenta. Miguel Madariaga, manager de Euskaltel-Euskadi, se esmera en construirle un cuerpo a esa sensación, a ese aroma que, dice, destila su equipo: espíritu de conjunto, de bloque, le llama. "Estamos contentos con lo que el equipo ha hecho hasta el momento", asegura. Cuando cuenta, sin embargo, le sobran dedos. Siete. Con el resto describe el capital tangible de Euskaltel-Euskadi en lo que va de año: tres victorias, tres chispazos. Dos de Koldo Fernández de Larrea y uno de Samuel Sánchez. "Siempre estamos necesitados de victorias. Pero es cierto que llegamos al Giro con la necesidad de sumar", se sincera el manager de Euskaltel-Euskadi a las puertas de que la corsa rosa arranque este sábado en Palermo, la capital siciliana adonde el equipo que dirige Jon Odriozola llegó ayer a las 14.30 horas tras partir por la mañana del aeropuerto de Loiu.
No es que Euskaltel-Euskadi desembarque ahogado en el Giro, que la necesidad estrangule su cuello y que la premura le atosigue. Aún tiene crédito, pero el bloque naranja mira con ojos de nunca a la carrera italiana tras un tibio inicio de temporada marcado por la lesión de Igor Antón en los tendones de Aquiles que le anuló en País Vasco, las clásicas de primavera y el Tour de Romandía. En esa trilogía fue Mikel Astarloza el que dio cuerpo a lo que Miguel Madariaga trata de explicar con palabras: el pasaitarra es el molde de la actitud. "Lo de Antón fue un traspié importante", reconoce el lemoiztarra, para quien la cuarta incursión de Euskaltel-Euskadi en el Giro "es, quizás, la más ilusionante de todas". Su vistazo al pasado choca con el infortunio. Euskaltel-Euskadi debutó en 2005 en el Giro, carrera en la que jamás le ha sonreído la suerte. Peor, le persigue la desdicha. Gafe. En tres participaciones, dos corredores han estampado su carrera contra la brea italiana: en el Giro se colocaron su último dorsal profesional Alberto López de Munain, en 2005, y Roberto Laiseka, en 2006. Más: David López también se bajó en su estreno en la carrera rosa hace tres temporadas tras una caída, lo mismo que Koldo Fernández de Larrea en 2006, el año en el que se mostró al mundo por primera vez, o Aitor Hernández hace ahora un año (se rompió la clavícula en una caída masiva nada más cruzar la meta) y Dioni Galparsoro. Parte de guerra. ¿Victorias? Ninguna, claro. "Vamos con la intención de romper esa racha y de conseguir un triunfo para que en nuestro palmarés luzcan victorias en las tres grandes. Llevamos un equipo para hacerlo bien dentro de nuestras posibilidades porque es evidente que no tenemos un corredor para luchar por la general", sostiene Madariaga, quien radiografía a sus soldados. Destaca, claro, a Koldo Fernández de Larrea, la esperanza naranja, el corredor que ilusiona, también, a Jon Odriozola. "Está preparado para dar el paso que le falta para ser un esprinter de los grandes. Este Koldo no tiene nada que ver con el que disputó el Giro el año pasado. ¿Qué ha cambiado? No llega fundido", explica y estira su explicación tras un breve silencio: "Es, además, más maduro". El resto de las piezas del tablero naranja se arremolinarán en torno al de Zuiano: Galdos, Galparsoro, Irizar, Velasco, Alan Pérez, Agirre y Aperribay. Todos menos Iñigo Landaluze, el francotirador de Algorta, el ciclista al que la suerte le niega una victoria de etapa en una grande. "Es un grandísimo corredor que llega con ganas a su primer Giro. Tendrá sus oportunidades y habrá que aprovecharlas", descifra el director oñatiarra, que fija su anhelo en un triunfo de etapa. "Tenemos mucho que ganar en este Giro", dice, y su discurso arenga la moral de Madariaga. Rosa esperanza. Así ve el Giro el lemoiztarra. "Llegamos con la necesidad de sumar, de seguir ascendiendo en la escalera de la temporada. Para eso, tenemos que salir airosos del Giro". |
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